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Archivos Mensuales: noviembre 2011

El prisionero que fue canjeado por 600.000 cigarrillos.

Estamos acostumbrados a que los protagonistas de las historias de guerra sean héroes que sacrificaron su vida, brillantes estrategas, miserables sin escrúpulos pero en esta historia los protagonistas lo fueron por su caballerosidad. Un de ellos, el coronel Hans von Luck, llegó a decir “hacíamos una guerra despiadada pero decente”.

Hans von Luck era coronel de un regimiento de panzer (Panzerwaffe) durante la II Guerra Mundial. Después de luchar en el frente europeo fue enviado Afrika Korps donde Rommel, con el que trabó una estrecha amistad, le puso al mando del 3 Batallón Panzer de Reconocimiento. Tras recibir el alta después de ser herido en la batalla de Galaza (Libia) se le encargó proteger el flanco sur del Afrika Korps, enfrentándose al Long Range Desert Group (LRDG), unidad del ejército de tierra británico especializado en reconocimiento motorizado.

Hans von Luck

El comandante al mando del LRDG debía ser también un caballero y partidario de una guerra civilizada. Llegaron a un acuerdo por el que a partir de las 17:00 horas cesarían las hostilidades e intercambiarían impresiones, cartas de los prisioneros Hubo algún que otro problemilla con el horario, como aquella ocasión en la que los alemanes capturaron un camión de provisiones británicos pasada la hora convenida y Hans von Luck preparó un plan para que los británicos capturasen su propio camión.

Pero el caso que nos ocupa se llevó la palma. Los alemanes se enteraron de que sus enemigos había recibido suministros de cigarrillos como para cubrir las necesidades de todo el regimiento durante más de un mes. Siendo el tabaco un artículo de lujo en estos lares, los alemanes ofrecieron intercambiar un oficial británico capturado a cambio de un millón de cigarrillos. Los británicos sopesaron la oferta y decidieron que un millón era mucho y que su contraoferta eran 600.000 cigarrillos.

Cuando el oficial británico se enteró casi echó por tierra el negocio por considerar que la oferta de sus paisanos era insuficiente, igual que Julio César cuando fue capturado por los piratas y se ofendió porque sólo había pedido como rescate 20 talentos. El caso es que, al final, se hizo el intercambio.

Y lo más curioso de todo, el oficial británico era el heredero de John Player & Sons, fabricante de cigarrillos de Nottingham (Reino Unido)

Fuente: Javier Sanz.

 
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Publicado por en noviembre 29, 2011 en Artículos

 

Maní­as y extravagancias con Historia

Del hombre de mantequilla a los yogures de Karpov…

DE ALGUNOS CIENTÍFICOS

Gaspar Balaus medico y poeta del siglo XVII tení­a una maní­a que, a la postre, le acabarí­a costando la vida: estaba convencido que estaba hecho de mantequilla. Esto le llevaba a evitar cualquier fuente de calor (una chimenea, una lámpara, etc) para no derretirse.

Un dí­a muy caluroso, con un sol inmisericorde, temió fundirse y se arrojó de cabeza a un pozo, donde murió ahogado.

Henry Cavendish fí­sico y quí­mico británico (1731-1810) es especialmente conocido por sus investigaciones en la quí­mica del agua y del aire y por realizar importantes investigaciones sobre la corriente eléctrica.De gran fortuna, sin esposa ni hijos, excéntrico, tí­mido e introvertido, no tuvo trato cercano con casi nadie,. Las sirvientas de su casa tení­an orden expresa de no cruzarse con él bajo amenaza de despido, de manera que se comunicaba con ellas mediante notas.

Pero hasta tal extremo llegaba su maní­a de no tratar con nadie que, no contando con los aparatos y utensilios necesarios para medir la potencia eléctrica, por no encargárselo a otros, decidió medir esa potencia eléctrica consigo mismo, calculando su fuerza por el dolor, más o menos fuerte, que le producí­an las descargas.

Y por lo visto estuvo bastante acertado

El investigador holandés Martinus Willem Beijerinckh (1851-1931) afirmaba que “un hombre de ciencia debe permanecer soltero”. Así­, llegó a despedir de su laboratorio a un colaborador ¡que se habí­a casado!

DE ALGUNOS JUGADORES DE AJEDREZ

El encuentro por el Campeonato del Mundo de ajedrez, celebrado en Filipinas, en 1978, entre Karpov y Korchnói fue el más extraño de los que se han desarrollado.

El equipo de Karpov incluí­a al Dr. Zujarun, un conocido hipnotizador y parapsicólogo que se sentaba en primera fila. Supuestas malas artes que Korchnói trataba de inutilizar usando gafas con espejos.

El equipo de Karpov le enviaba yogures durante la partida, y el equipo de Korchnói protestaba alegando que con ellos le pasaban mensajes “codificados”.

Rayos X para las sillas un tablón separador debajo de la mesa porque los contendientes se daban patadas y otras historias parecidas en fin, extravagancias y maní­as que dieron lugar a más controversia fuera del tablero que en él Finalmente Karpov ganó la partida.

Fuentes: “Supersticiones y maní­as”: Monográfico Zona Cero (La Rosa de los Vientos) y “El libro de los hechos insólitos” de Gregorio Doval.
DE RICARDO ZAMORA AL “CAí`í”N MATA-PULGAS”

DE ALGUNOS FUTBOLISTAS

Desde sus inicios, el mundo del fútbol ha estado lleno de maní­as y de supersticiones. He aquí­ unas cuantas:

El gran portero Ricardo Zamora dejaba siempre un muñeco junto al poste de la porterí­a y utilizaba una gorra de maquinista.

Algo parecido le sucede a Santiago Cañizares, que siempre coloca detrás de la porterí­a en la que juega, una toalla roja.

Siguiendo con los porteros, Iker Casillas, arquero madridista, se cortaba él mismo las mangas de las camisetas por encima del codo.

A la hora de salir al campo muchos se santiguan; casi todos pisan el césped con la pierna derecha; otros se tocan el interior de las media (como hací­a Mijatovic); otros salen en último lugar (Simeone)

Fernando Hierro tení­a la maní­a de aparecer en la foto siempre en el mismo lugar.

Entre los técnicos, lo más común para aliviar tensiones es comer pipas, tomar chupa-chups o mascar chicle en el banquillo como “Jabo” Irureta.

DE ALGUNOS REYES Y REINAS

La zarina rusa Isabel I Petrovna (1709-1762) no soportaba que la vieran vista vestida con el mismo vestido. A su muerte se comprobó que su guardarropa contení­a nada menos que 15.000 vestidos. Dicen que solí­a cambiarse hasta tres veces en una misma noche.
El rey Francisco I de Francia (1494-1547) adquirió en 1517 el cuadro de “La Gioconda”, y lo utilizó para decorar su cuarto de baño.
Otro rey francés, Luis XIV (1638-1715), el llamado Rey Sol, sólo se bañó dos veces en su vida, y en ambos casos bajo prescripción facultativa. Otra de sus extravagancias era la de conceder audiencias sentado en el “retrete real”.

La reina Cristina de Suecia (1628-1689) odiaba tanto a las pulgas que ordenó construir un cañón en miniatura de 15 centí­metros de diámetro, desde el que disparaba diminutas balas a toda pulga que se cruzaba por su camino. Semejante disparate de cañón todaví­a se guarda en el arsenal de Estocolmo. y funciona.

Fuente: Javier Sanz

 
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Publicado por en noviembre 28, 2011 en Artículos

 

Penicilina brujeril

Las brujas en Inglaterra también conocían un mágico remedio para curar las heridas “milagrosamente”. Colocaban sobre la llaga un trozo de queso enmohecido. Que cantidad de risas y burlas debieron soportar hasta que el señor Fleming (que creo no era brujo) descubrió que cierto tipo de mohos contenían algo que ha salvado la vida a muchas personas, la penicilina.

Así que visto lo visto, es muy fácil reirse de lo que otros hacen, pero antes sería aconsejable investigar y comprobar si hay algo de realidad o de fundamento científico en estas cosas que nos pueden hacer tanta gracia.

 
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Publicado por en noviembre 28, 2011 en Artículos

 

La aspirina, la gran baza del espionaje alemán.

Durante los primeros años de la Primera Guerra Mundial, EEUU se mantuvo neutral. Y aunque siempre simpatizó con la causa aliada, aquella no era su guerra y, además, no veía peligrar sus intereses. La opinión pública se encontraba dividida hasta que en mayo de 1915 un submarino alemán hundió, cerca de Irlanda, el trasatlántico inglés RMS Lusitania con más de 100 americanos a bordo. Cierto es que la embajada alemana en Washington había emitido un comunicado de aviso:

AVISO ! LOS VIAJEROS que tengan la intención de embarcarse en el viaje por el Atlántico: se les recuerda la declaración de guerra entre Alemania y sus aliados y Gran Bretaña y los suyos, y que la zona de guerra incluye las aguas adyacentes a las Islas Británicas, que, de conformidad con los pertinentes avisos dados por el Gobierno Imperial alemán, los buques que enarbolen la bandera de Gran Bretaña, o cualquiera de sus aliados, podrán ser destruidos en esas aguas y que los viajeros que navegan en la zona de guerra en los barcos de Gran Bretaña o de sus aliados lo hacen bajo su propio riesgo. IMPERIAL EMBAJADA DE ALEMANIA en Washington, DC 22 de abril 1915.

Alemania reaccionó rápidamente y puso en alerta a su embajador, Johann Heinrich von Bernstorff, para que mantuviese a la opinión publica dividida y sabotease los envíos de fenol (utilizado para la fabricación de explosivos) a los británicos. Aun siendo Gran Bretaña el primer productor de fenol, importaba la escasa producción de la industria americana. Hasta que apareció Thomas Edison. Tras la invención del fonógrafo, Edison había lanzado su sello discográfico Diamond Disc y los discos en los que se hacían las grabaciones estaban hechos de una sustancia plástica llamada baquelita que, casualmente, resulta de la condensación del fenol con el formaldehído. Así que, dada la escasa producción americana de fenol decidió crear su propia fábrica capaz de fabricar doce toneladas al día.

Edison

Los alemanes debían impedir que el exceso de producción de Edison cayese en manos británicas. Johann Heinrich von Bernstorff lo puso en manos de Hugo Schweitzer, uno de sus agentes que, además, era químico. Schweitzer, como buen químico, recordó que el fenol también se utilizaba en la fabricación del ácido acetilsalicílico (aspirina) y que desde el comienzo de la guerra, tras dejar de exportar Gran Bretaña el fenol, la firma Bayer tuvo que reducir la producción de aspirinas. Apelando a la conciencia de Edison, Schweitzer lo convenció para firmar un acuerdo comercial con Alemania y destinar el exceso de fenol a fines farmacéuticos antes que militares. Una jugada maestra

Bayer

Lamentablemente, para los alemanes, la trama se destapó. El servicio secreto americano tenía vigilado al enlace de Schweitzer con el embajador y consiguió el maletín en el que se detallaba todo el plan. Tampoco podían detener al químico porque EEUU todavía no había entrado en guerra, lo haría en 1917, y tampoco eran ilícitos los acuerdos comerciales con Alemania. El que sí se sintió engañado fue Edison que, rápidamente, rompió el acuerdo y vendió todo su excedente al ejército americano y éste al británico.

Fuente: Javier Sanz

 
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Publicado por en noviembre 25, 2011 en Artículos

 

La silla eléctrica en España funcionaba con sexo.

Todos hemos visto alguna película o, peor aún, alguna foto real de ejecuciones mediante el método de la silla eléctrica. Se utilizó principalmente en Estados Unidos desde el 6 de agosto de 1890 cuando se realizó la primera ejecución con este método (William Kemmler en la Prisión Auburn en Nueva York). Con la prohibición de su uso en el Estado de Nebraska el 8 de febrero de 2008, ha dejado de ser el método primario de ejecución en ese país si bien algunos estados prevén su utilización como opción sujeta a la elección del reo.

En España, en los años 40, se utilizó también la silla eléctrica. ¡ Tranquilos funcionaba con sexo !

Como ya hemos comentado en otros post, eran tiempos de necesidad en los que muchas mujeres, para sobrevivir, se vieron obligadas a ejercer la prostitución. Las calles eran muy peligrosas para ejercer el oficio más antiguo. Así que, muchas de ellas se ofrecían en prostíbulos de lo más cutre que por no tener no tenían ni camas.

El panorama era algo así: un antro donde la higiene y la limpieza brillaban por su ausencia, un pobre diablo que quería desvirgarse acompañado de un habitual de dichos garitos, una madame vieja y entrada en carnes que daba repelús, una joven recién llegada del pueblo, una viuda de la guerra, la mujer de un preso La madame le “asignaba” chica, si era la primera vez una “experta”, y pasaban al habitáculo del amor. Una sala con las paredes con moho por la humedad y una vieja silla de anea en el centro del lugar.

La prácticas sexuales se realizaban sobre la silla, denominada silla eléctrica. La diferencia con el modelo “americano” era que había que pagar y que los espasmos se debían al placer. Además, el constante uso y el fuerte traqueteo obligaba a repararlas cada cierto tiempo.

Fuente: Javier Sanz

 
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Publicado por en noviembre 24, 2011 en Artículos

 

Manual de comportamiento del año 1530

El Renacimiento (siglos XV y XVI) marco un punto de inflexión en las artes, en las ciencias y en la cultura en general. Fue una época de luz frente a la oscura Edad Media. Uno de los miembros destacados de esta época fue el filósofo y humanista Erasmo Rotterdam (1467-1536). Luchó por una sociedad más humanizada y donde el ser humano pudiese desarrollarse al máximo. Uno de sus trabajos, publicado en 1530 y editado hasta el siglo XVIII, fue “De civilitate morum puerilium” (Sobre la urbanidad en la infancia), un manual de comportamiento para los niños.

Éstas son algunas perlas:

1.-Si no se puede tragar un pedazo de comida, vuélvete discretamente y échalo en alguna parte.
2.-Refrena las ventosidades comprimiendo el vientre.
3.-No temas vomitar si debes hacerlo, pues lo repugnante no es vomitar en sí, sino conservar el vómito en la garganta.
4.-Vuélvete cuando escupas, para que tu saliva no moje a nadie. Si cae algo purulento en el suelo debe ser pisado una y otra vez, para que no produzca náuseas a nadie.
5.-No debes ofrecer tu pañuelo a nadie a no ser que esté recién lavado. Tampoco es correcto, después de limpiarse la nariz, extender el pañuelo y contemplarlo, como si de tu nariz se hubieran desprendido perlas y rubíes.
6.-Es inadecuado chuparse los dedos llenos de grasa o limpiárselos en la chaqueta. Se aconseja utilizar el mantel o la servilleta.
7.-Ciertas personas meten las manos en los platos apenas se han sentado. Eso es propio de lobos.

Estas perlas nos dan una idea de lo que se hacía habitualmente. Así que, ya sabéis

Fuente: Javier Sanz / Las cosas nuestras de cada día Charles Panati.

 
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Publicado por en noviembre 22, 2011 en Divulgación

 

Costumbres de Roma: comer y dormir fuera de casa.

Parece algo indisoluble a nuestra cultura mediterránea. Como tantas otras cosas, les debemos nuestra irrefrenable afición a la vida social con una copa en la mano a nuestros ancestros greco-romanos. Fueron ellos quienes trajeron a Hispania su costumbre de tomarse un trago de vino con algo sólido para acompañarlo antes o después de hacer sus trabajos, ocios o negocios. Artífices del desarrollo urbano en la vieja Iberia, transformaron nuestras viejas ciudades encaramadas en cerros, incómodas y estrechas, por unas nuevas más amplias, diseñadas siguiendo una cuadrícula lógica, en las que se podía localizar con cierta facilidad los edificios públicos y establecimientos privados más demandados.

Por esa necesidad pragmática de aprovechar el tiempo entre gestión y gestión, aunada a la austeridad general de la ciudadanía en temas gastronómicos (muy lejos de la glotonería con que demonizó la Iglesia a la alta sociedad romana), se crearon en los nuevos municipios y colonias establecimientos de comida y bebida rápida que aplacaban el apetito de camino a realizar un sacrificio en el Foro, un baño en las termas o una reunión de negocios la Basílica. La compleja hostelería de una antigua ciudad romana tenía diversas ofertas:

La Caupona era una tienda de bebida rápida y comidas frías ya preparadas generalmente vino, chacinas, quesos o encurtidos que podías tomar o llevar. No había bancos ni mesas, sino una barra al exterior en la que los clientes por un as podían templarse con una copa de vino y algo que roer.

Caupona

Un poco más grande era el Thermopolium. Además de una amplia barra de mármol interior en forma de ele con varios dolia (recipientes hondos de barro) incrustados en ella para mantener ciertos guisos, bebidas o “tapas” a la temperatura óptima, tenía taburetes y mesas dentro o fuera del local y esclavos para atenderlas. En estos negocios podías comer algo de caliente y beberte una buena jarra de vino templado por menos de un sestercio. Aunque generalmente modestos, los hubo bastante grandes, decorados con frescos y con capacidad para más de cincuenta comensales. La plebe comía sentada a la mesa, como nosotros. Sólo los ciudadanos pertenecientes a las clases pudientes comían recostados en los banquetes de las diversas festividades que jalonaban el calendario.

Como ambos tipos de “restaurantes” estaban integrados dentro del tejido comercial urbano de las antiguas ciudades, tenían la misma denominación que el resto de tiendas, tabernae; Es el único negocio cuyo nombre ha perdurado más de dos mil años Con el tiempo, este tipo de pequeños negocios de comida rápida, también conocidos genéricamente como popinae, ampliaron sus servicios permitiendo que, por un módico precio, los clientes pudiesen dormir en pequeños cubículos e incluso satisfacer otros apetitos con los esclavos del local, entrando en plena competencia con los lupanares (que ya veremos en detalle en una nueva entrega de esta serie).

Domustaberna

Por último, un viajero que acudía a la ciudad desde lejos para realizar sus negocios, ritos o gestiones podía comer y dormir en otros establecimientos más grandes y más cómodos. Stabula se llamaba el establo con cubículos en el piso superior y un gran comedor, siendo el Hospitia una especie de hostal sin cuadras con varios dormitorios. Las grandes vías de comunicación, como la Vía Augusta, contaban con una red de Mansio (probablemente procede de la forma verbal latina manere, “Lugar donde pasar la noche durante un viaje”), un auténtico hotel de hoy en día para soldados y comerciantes de paso. Las prestaciones que brindaba al viajero eran equivalentes a una estación de servicio actual (mutatio) Estaban dotadas de cuadras, repuestos para los carros y veterinario, un espacio termal, habitaciones y un gran salón comedor. En su inicio, estos establecimientos estaban controlados por el ejército, siendo regidos por un oficial denominado mansionarius. Había una cada jornada natural de treinta mille passuum (unos cuarenta y cinco kilómetros)

No hemos cambiado mucho estos últimos dos mil años; Seguimos disfrutando quedando con algún amigo antes o después de alguna gestión en el centro y tomarnos unos tacos de sepia plancha untados con aceite, ajo y perejil picado, unas lonchas de jamón turboleta o unas aceitunas partidas en ajedrea remojadas con un buen trago de vino de Lauro eso sí, en buena compañía, si los dioses nos lo permiten.

Fuente: Javier Sanz con la colaboración de Gabriel Castelló.

 
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Publicado por en noviembre 20, 2011 en Artículos

 
 
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