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Archivos diarios: noviembre 13, 2011

La leyenda de la Torre de Doña Blanca

ALBARRACÍN – TERUEL – ARAGÓN

Cuenta la leyenda que la infanta Doña Blanca emprendió la huida de Aragón, temerosa de los celos y los miedos que le tenía su cuñada, la reina. De esta forma, llegó hasta Albarracín, donde la familia Azagra, dueña y señora de la población, la acogió con aparente hospitalidad. Sin embargo, nadie volvió a ver con vida a la infanta y se dice que fue encerrada en una torre de las murallas, la que aún hoy conserva su nombre, donde murió de tristeza. Existe la creencia de que su apenada alma todavía habita en la torre, de la que sale en las noches de luna llena para bajar a bañarse en las aguas del río Guadalaviar.

La infanta Doña Blanca era hermana menor de un príncipe heredero del trono de Aragón. Era una joven ingenua, casta y sencilla, por cuyas prendas no sólo sus padres, los monarcas, sino también toda la nobleza de estos reinos, la idolatraban. Pero la esposa del futuro rey, por la más vergonzosa envidia, la odiaba tenaz y sañudamente.

Y así ocurrió que, al morir el rey, los nobles aclamaron al príncipe heredero y aquella mujer, que tanto odiaba a Doña Blanca, quedó constituida reina de Aragón. La joven infanta se acogió al lado de su madre, la reina viuda, pero fueron los mismos nobles quienes la aconsejaron que huyera de estos reinos para salvar su vida, refugiándose en la corte de sus deudos los reyes de Castilla.

Y sucedió que un día, de paso para Castilla, llegó a Albarracín, acompañada de algunas dueñas y de pocos caballeros, la desgraciada infanta aragonesa. La acogida que a Doña Blanca de Aragón le dispensó Albarracín fue muy cordial, por cuanto que hasta aquí había llegado la fama de sus virtudes y la noticia de los odios de la reina. La ciudad entera presenció el paso de la vistosa comitiva con sus jinetes y sus escuderos por las calles tortuosas hasta llegar a los palacios de Azagra, Señor de Albarracín, donde se hospedó la joven infortunada. Consigo traía, en cofres forrados de cuero y guarnecidos de hierro, todos sus tesoros de joyas valiosas y preciadas telas. No era bien dejar todo esto en Aragón.

Pasó un día y otro día, y las gentes esperaban con impaciencia poder contemplar de nuevo el rostro de Doña Blanca y ver su lucida comitiva, al menos, cuando dejara la corte de los Azagra para continuar su viaje hacia Castilla. Mas el tiempo pasó y las dueñas y los caballeros que habían acompañado a la infanta aragonesa emprendieron un día su regreso hacia tierras de Aragón, pero a Doña Blanca ya nadie la vio jamás. El pueblo, lleno de sorpresa y admiración, empezó a pensar que la joven había muerto llena de tristeza por su doloroso destierro y que había sido sepultada secretamente en el famoso torreón que había de llevar su nombre en adelante. Mas nadie supo jamás lo sucedido, porque las gentes de la casa de Azagra y los nobles de la ciudad guardaron el secreto cuidadosamente.

Desde entonces, en todo plenilunio estival, cuando los próximos peñascos recogen el eco de la campana que suena la hora de la media noche, las gentes de Albarracín cuentan que se puede ver salir de la Torre de Doña Blanca una sombra clara, como de rayo de luna, a la manera de la figura de una mujer de blancas y holgada vestiduras que va descendiendo lentamente por los escarpes de la roca, como si fueran los peldaños de un palacio encantado, hasta llegar a los huertecillos y luego al río, en cuyos cristales se baña y desaparece para no ser vista hasta otra noche de plenilunio. Es La Sombra de Doña Blanca .

 
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Publicado por en noviembre 13, 2011 en Artículos

 

Muertos por un plato de sopa y en el último minuto.

El armisticio de la Primera Guerra Mundial, entre Francia y Alemania, se firmó en Rethondes (Francia) el 11 de noviembre de 1918 a las 5:00 pero no entró en vigor hasta las 11:00. Esas seis horas fueron fatales para el francés Augustin Trébuchon y para el americano Henry Gunther.

Augustin Trébuchon era un humilde pastor que, en sus ratos libres, tocaba el acordeón en las fiestas de los pueblos. El 4 de agosto de 1914 se enroló en el ejército y fue destinado al 415º Regimiento de Infantería como mensajero. La mañana del 11 de noviembre, sobre las 10.45, llevaba un mensaje para la 163ª División de Infantería situada en Vrigne-sur-Meuse, en las Ardenas, cuando fue abatido por los disparos de los alemanes. El mensaje decía:

Sopa caliente a las 11:30 (recordemos que el armisticio entraba en vigor a las 11.00)

Henry Gunther era un empleado de un banco en Baltimore. En 1917 se alistó en el ejército y fue destinado en el 313 Regimiento de Infantería, 79 División de las Fuerzas Expedicionarias de América. A primera hora del 11 de noviembre de 1918, el 313 recibió la orden de avanzar hacia Metz a pesar de que el Armisticio entraría en vigor a las 11:00. En el camino se encontraron dos escuadrones de alemanes que dispararon al aire, como advertencia. El regimiento americano se puso a cubierto y cuando todo estaba en calma, Gunther salió corriendo y gritando hacia las lineas enemigas. Los alemanes, sorprendidos, aguantaron hasta que ya se echaba sobre ellos y dispararon.

Henry Gunther moría a las 10:59.

 
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Publicado por en noviembre 13, 2011 en Artículos

 

La victoria más humillante para los marines.

Sé que puede parecer un error el título de este post victoria y humillante pero

Kiska es una isla de las Rat Islands que forman parte del archipiélago de las Aleutianas. En 1867 los Estados Unidos adquirieron el territorio continental de Alaska y sus archipiélagos occidentales al Imperio ruso, incluyendo la isla de Kiska.

En 1942 el almirante Yamamoto ordenó un ataque sorpresa sobre las islas Midway para establecer un perímetro defensivo frente al poderío americano. Dentro de esta operación, y como maniobra de distracción, también estaba previsto tomar las islas Kiska y Attu. Dejaremos a un lado la batalla de Midway y nos centraremos en la pequeña isla de Kiska. El 6 de junio de 1942 las fuerzas navales japonesas tomaron Kiska custodiada por una pequeña guarnición de nueve soldados, un teniente y su perro. Sólo era una pequeña isla volcánica cubierta de nieve pero era una espinita clavada en el orgullo americano y, además, muy cerca de suelo continental americano.

Tropas embarcan hacia Kiska

Durante varios meses se bombardearon las islas, Kiska y Attu, y el 15 de agosto de 1943 se inició la operación terrestre para tomar la isla. Un ejército compuesto por:

34.426 soldados aliados (unos 5.000 canadienses y el resto marines americanos)
95 barcos (incluyendo 3 acorazados, 2 cruceros y 19 destructores)

Frente a este poderío militar NADIE. Los japoneses aprovechando el mal tiempo de los últimos días, que impidió volar a los aviones de reconocimiento americanos, y la densa niebla habían abandonado la isla.

Pero lo peor de todo estaba por llegar, el ejército aliado tuvo 200 bajas y más de 300 heridos (fuego amigo, trampas, el destructor USS Abner Read explotó al golpear una mina en el puerto)

*Fuente: Javier Sanz

 
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Publicado por en noviembre 13, 2011 en Artículos

 
 
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