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Maní­as y extravagancias con Historia

28 Nov

Del hombre de mantequilla a los yogures de Karpov…

DE ALGUNOS CIENTÍFICOS

Gaspar Balaus medico y poeta del siglo XVII tení­a una maní­a que, a la postre, le acabarí­a costando la vida: estaba convencido que estaba hecho de mantequilla. Esto le llevaba a evitar cualquier fuente de calor (una chimenea, una lámpara, etc) para no derretirse.

Un dí­a muy caluroso, con un sol inmisericorde, temió fundirse y se arrojó de cabeza a un pozo, donde murió ahogado.

Henry Cavendish fí­sico y quí­mico británico (1731-1810) es especialmente conocido por sus investigaciones en la quí­mica del agua y del aire y por realizar importantes investigaciones sobre la corriente eléctrica.De gran fortuna, sin esposa ni hijos, excéntrico, tí­mido e introvertido, no tuvo trato cercano con casi nadie,. Las sirvientas de su casa tení­an orden expresa de no cruzarse con él bajo amenaza de despido, de manera que se comunicaba con ellas mediante notas.

Pero hasta tal extremo llegaba su maní­a de no tratar con nadie que, no contando con los aparatos y utensilios necesarios para medir la potencia eléctrica, por no encargárselo a otros, decidió medir esa potencia eléctrica consigo mismo, calculando su fuerza por el dolor, más o menos fuerte, que le producí­an las descargas.

Y por lo visto estuvo bastante acertado

El investigador holandés Martinus Willem Beijerinckh (1851-1931) afirmaba que “un hombre de ciencia debe permanecer soltero”. Así­, llegó a despedir de su laboratorio a un colaborador ¡que se habí­a casado!

DE ALGUNOS JUGADORES DE AJEDREZ

El encuentro por el Campeonato del Mundo de ajedrez, celebrado en Filipinas, en 1978, entre Karpov y Korchnói fue el más extraño de los que se han desarrollado.

El equipo de Karpov incluí­a al Dr. Zujarun, un conocido hipnotizador y parapsicólogo que se sentaba en primera fila. Supuestas malas artes que Korchnói trataba de inutilizar usando gafas con espejos.

El equipo de Karpov le enviaba yogures durante la partida, y el equipo de Korchnói protestaba alegando que con ellos le pasaban mensajes “codificados”.

Rayos X para las sillas un tablón separador debajo de la mesa porque los contendientes se daban patadas y otras historias parecidas en fin, extravagancias y maní­as que dieron lugar a más controversia fuera del tablero que en él Finalmente Karpov ganó la partida.

Fuentes: “Supersticiones y maní­as”: Monográfico Zona Cero (La Rosa de los Vientos) y “El libro de los hechos insólitos” de Gregorio Doval.
DE RICARDO ZAMORA AL “CAí`í”N MATA-PULGAS”

DE ALGUNOS FUTBOLISTAS

Desde sus inicios, el mundo del fútbol ha estado lleno de maní­as y de supersticiones. He aquí­ unas cuantas:

El gran portero Ricardo Zamora dejaba siempre un muñeco junto al poste de la porterí­a y utilizaba una gorra de maquinista.

Algo parecido le sucede a Santiago Cañizares, que siempre coloca detrás de la porterí­a en la que juega, una toalla roja.

Siguiendo con los porteros, Iker Casillas, arquero madridista, se cortaba él mismo las mangas de las camisetas por encima del codo.

A la hora de salir al campo muchos se santiguan; casi todos pisan el césped con la pierna derecha; otros se tocan el interior de las media (como hací­a Mijatovic); otros salen en último lugar (Simeone)

Fernando Hierro tení­a la maní­a de aparecer en la foto siempre en el mismo lugar.

Entre los técnicos, lo más común para aliviar tensiones es comer pipas, tomar chupa-chups o mascar chicle en el banquillo como “Jabo” Irureta.

DE ALGUNOS REYES Y REINAS

La zarina rusa Isabel I Petrovna (1709-1762) no soportaba que la vieran vista vestida con el mismo vestido. A su muerte se comprobó que su guardarropa contení­a nada menos que 15.000 vestidos. Dicen que solí­a cambiarse hasta tres veces en una misma noche.
El rey Francisco I de Francia (1494-1547) adquirió en 1517 el cuadro de “La Gioconda”, y lo utilizó para decorar su cuarto de baño.
Otro rey francés, Luis XIV (1638-1715), el llamado Rey Sol, sólo se bañó dos veces en su vida, y en ambos casos bajo prescripción facultativa. Otra de sus extravagancias era la de conceder audiencias sentado en el “retrete real”.

La reina Cristina de Suecia (1628-1689) odiaba tanto a las pulgas que ordenó construir un cañón en miniatura de 15 centí­metros de diámetro, desde el que disparaba diminutas balas a toda pulga que se cruzaba por su camino. Semejante disparate de cañón todaví­a se guarda en el arsenal de Estocolmo. y funciona.

Fuente: Javier Sanz

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Publicado por en noviembre 28, 2011 en Artículos

 

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