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Archivos Mensuales: diciembre 2011

FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO

 
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Publicado por en diciembre 31, 2011 en Artículos

 

Costumbres a realizar en Fin de Año

Algunas costumbres y tradiciones para atraer la prosperidad y la fortuna en el nuevo año…

1. No se debe vestir con ropa negra.

2. Usar ropa interior amarillo para la prosperidad.

3. En la mesa debe colocarse: arroz, poroto, lenteja, todos los granos que tenga (por envase separado) para que no te falte la comida.

4. Comerse 12 uvas a las 12 en punto, sacas las pepitas y la cantidad de pepitas es el número de la suerte.

6. Trapiar la casa con canela, de adentro hacia afuera, igual cuando barres (de adentro hacia afuera) se calienta el agua normal como si fueras hacer un te.

7. A las 12 en punto agarrar 12 centavos y en la parte de afuera de la casa, lo tiras al revés para la calle.

8. Para tener un coche, hay que agarrar un carro a las 12 en punto, pero hay que hacerlo con mucha FE.

9. Antes de las 12 (11:57) te trepas en una silla, si quieres casarte.

10. En un papel normal, escribes los deseos que quieras, y lo pones encima de la mesa.

11. Cuando se te cumple el deseo, hay que quemar el papelito.

12. Poner pastillas en la mesa, representa prosperidad.

13. A las 12 en punto agarras en las dos manos plata, la que tengas, para que nunca te falte el dinero.

14. Si quieres viajar, agarra una maleta y le das la vuelta a la casa. Enviado desde mi BlackBerry® de Vodafone

 
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Publicado por en diciembre 31, 2011 en Artículos

 

Códice revelaría un tesoro maya

Un científico alemán asegura haber descifrado el llamado Código Maya de Dresde y descubierto en uno de sus capítulos indicaciones precisas que conducirían a un gran tesoro de oro de una cultura desaparecida en las aguas del lago de Izabal de Guatemala.

“El Código Maya de Dresde conduce a un gigantesco tesoro en Guatemala de ocho toneladas de oro puro”, afirma el matemático Joachim Rittsteig, desde hace 40 años estudioso del documento, en declaraciones que publica hoy el rotativo alemán Bild.

Añade que “en la página 52 se habla de la capital maya de Atlan, que resultó destruida por un terremoto el 30 de octubre del año 666 antes de nuestra era. En la ciudad se guardaban 2.156 tablas de oro en las que los mayas grabaron sus leyes”.

El tesoro se hundió junto a la ciudad en las aguas del lago de Izabal, situado al este de Guatemala, cuyos restos han sido localizados por el científico alemán gracias a imágenes de radar tomadas en la zona.

“En ellas pueden verse claramente los restos de la ciudad. En las ruinas de una fortaleza se aprecia el sarcófago de piedra en el que podrían encontrarse las 2.156 tablas de oro. Los datos de que dispongo muestran el lugar con un margen de error de 10 centímetros”, asegura Rittsteig.

El experto, que busca actualmente patrocinadores para una expedición a Guatemala, calcula que “solo el valor del oro de las tablas asciende actualmente a 211 millones de euros” (unos 290 millones de dólares).

VALIOSO. Las páginas del código de Dresde.
(LVD/La Vanguardia)

El Código Maya de Dresde, redactado sobre el año 1250 de nuestra era por sacerdotes mayas, es uno de los cuatro grandes documentos que se conservan de esa cultura y se encuentra en poder de la Biblioteca Estatal de Sajonia, al este de Alemania, desde hace 272 años.

El código fue descubierto en 1739 en poder de un hombre acaudalado de Viena -sin que se sepa como llegó a sus manos-, quien lo regaló a la biblioteca de Dresde, que lo conserva bajo un cristal blindado en su sala de tesoros documentales.

Joachim Rittsteig ha dedicado prácticamente toda su vida a descifrar el valioso documento, compuesto por 74 páginas con 3,56 metros de largo y un total de 74 jeroglifos distintos.

El Código Maya de Dresde contiene la práctica totalidad de los conocimientos de la cultura maya, entre ellos los astronómicos o médicos, y en su última hoja describe el apocalipsis o fin del mundo, que debería tener lugar el 21 de diciembre de 2012.

Escepticismo en Guatemala
Mónica Claudina Urquizú, directora del Instituto de Antropología e Historia, de la Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural, expresó que respetan la opinión y los datos de Rittsteig, pero él es matemático y no epigrafista.

Agregó que la evidencia arqueológica indica que los mayas prehispánicos nunca utilizaron el oro en grandes cantidades hasta el período Posclásico (900-1524 d. C.), y de eso existen muy pocos ejemplos.

La funcionaria expuso que si Rittsteig quiere llevar a cabo alguna investigación en el Lago, primero debe solicitar el permiso a la Dirección General del Patrimonio Cultural, y si llena los requisitos que la ley exige, entonces se firmaría un convenio con esa institución.

Fuente: (LVD/La Vanguardia)

 
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Publicado por en diciembre 31, 2011 en Artículos

 

“Andalucía es un buen lugar para el turismo de misterio”

JOSÉ MANUEL GARCÍA BAUTISTA. INVESTIGADOR DE LO SOBRENATURAL Y DIRECTOR EDITORIAL.José Manuel García Bautista, uno de los principales investigadores de misterios andaluces, acaba de publicar la guía ’50 lugares para pasar miedo’ de Lorenzo Fernández Bueno, un libro para hacer turismo de forma diferente.

Pedro Ingelmo | Actualizado 30.12.2011 – 10:21

-Hablar de miedo, con el miedo que da la crisis…

-La situación por la que atraviesa el mundo hoy día causa auténticos escalofríos. Los otros miedos distraen la mente. Hemos publicado 50 lugares para pasar miedo para eso: para que el lector se pierda por cualquiera de esos lugares descritos. No pasará tanto miedo como con la crisis, pero se olvidará de ella.

-A usted esto le tiene que venir de chico. ¿Tenía miedos nocturnos?

-Temía a la oscuridad, aunque jamás dormí con una luz encendida. Me daba mucho miedo Drácula, el de Christopher Lee.

-¿Cómo es eso de hacerse investigador de lo sobrenatural?

-Curiosidad. No me explicaba que hubiera cosas inexplicables.

-Trabajó con Jiménez del Oso, una leyenda de lo sobrenatural para unas cuantas generaciones.

-Sí, fue la persona que nos traía el misterio a la televisión e iba acompañado de un aura inquietante, pero luego era muy cordial, se podía hablar con él de cualquier tema. Fue el pionero en España del misterio, sin duda.

-Y hubo otros que daban mucho miedo. Antonio José Alés, Germán de Argumosa…

-A mí me marcó Antonio José Alés con aquel programa, Medianoche. Convertía cada noche en algo mágico. Y Juan Antonio Cebrián, que era un sabio, una persona entrañable. Tiene un hueco en el corazón de muchos investigadores y divulgadores del misterio.

-¿Las caras de Belmez son manchas de humedad?

-Mire, se llegó incluso a picar una de las caras, la que llaman La Pava, y volvió a salir. El fenómeno de la teleplastia es complicado pero real. ¿Qué son? No lo sabemos. Se creía que al morir la dueña de la casa desaparecerían, pero allí siguen desafiando al tiempo. Se hicieron análisis, pero no se pudo demostrar  ningún fraude… Últimamente han aparecido otras caras, pero ésas son más que dudosas.

-¿Aguanta a diario muchos escépticos?

-A mí mismo el primero…. Siempre aplico una máxima de Thomas Jefferson: “Toda opinión es tolerada allá donde la razón es libre de combatirla”.

-Ha escrito varios libros de misterios andaluces y ahora edita una especie de guía de turismo del miedo, escrita por Lorenzo Fernández Bueno.

-Si uno está cansado de hacer turismo convencional lo mejor que puede hacer es coger este libro y visitar alguno de los lugares que se recomiendan, por ejemplo Bélmez en Jaén, o  la Casa del Obispo en Cádiz, y mientras que está allí, que lea lo que ocurre en su interior, verá cómo un cosquilleo le entra por el estómago y siente ese miedo del que hablamos. Es otra forma de hacer turismo y aprender de las raíces culturales de Andalucía. Andalucía es un buen lugar para el turismo del misterio.

-¿Qué nos atrae del miedo?

-La sensación, el disparo de adrenalina, una tensión sostenida e inevitable. El miedo es incontrolable,  un choque de sensaciones, de impresiones, de efectos. Lo que nos atrae del miedo es vivir situaciones límites inexplicadas, pero bajo un entorno seguro.

-Bueno, cuénteme su sitio favorito para pasar miedo.

-El edificio de Tiro de Pichón en Huelva, en Jabugo, un lugar donde ocurren todo tipo de fenómenos extraños y manifestaciones imposibles…

-Bah, exagera.

-De acuerdo, usted verá, pero si se acerca por allí  le recomiendo que, al menos, vaya acompañado.

-Todos hemos jugado a las psicofonías de pequeños. Dígame la más escalofriante que haya escuchado en una de ellas.

-“Os voy a matar”. Se grabó en la Facultad de Derecho de Córdoba, cuyo edifico tiene un pasado espeluznante. Es como si esa voz de ese presunto más allá te estuviera condenando a muerte con su voz carente de sentimientos, es extraordinario y terrible.

-Dígame cuánto hay de mentira en todo esto. Está muy bien, pero ¿de verdad se creen todo esto?

-En las investigaciones que se hacen hay poco de mentira. Los investigadores son los cronistas del misterio.  Muchas veces llegamos tarde y sólo podemos entrevistar a testigos y recabar el entorno en el que se produjeron los hechos. En otras ocasiones contamos lo que vemos, lo que sentimos, con toda su carga  de subjetividad. También te topas con personas dispuestas a hacer caja y se inventan la historia más inverosímil. Si el investigador lo cree, está en el fraude, pero las investigaciones de verdad no son flor de un día. La constancia evita ese porcentaje de mentira que siempre existe.

-Algún investigador estará en esto por el dinero, digo yo.

-Es cierto que no todos son iguales, pero la mayoría no hace esto por dinero ni por fama, sino por convicciones. Pero sí, hay de todo, como en botica.

-¿A cuántos impostores ha conocido?

-Tengo una carpeta en casa que pone una F grande, F de fraude, y tiene desde sanadores psíquicos que le han costado la vida a más de un infeliz , hasta los que tienen contacto con seres de Raticulín o señoras que tienen un circo montado de proporciones catedralicias con una virgen que se pasea por el campo con una sábana por la cabeza y un candil… Pero eso son personajes que si mañana surgiera otra temática de la que sacar tajada, se apuntarían a ella.

-Una película de miedo muy realista.

El experimento St. Francisville recoge una investigación en una casa abandonada en Nueva Orleans. La tensión, los nervios, la sugestión… Retrata bastante bien algunas investigaciones que he vivido.

-Una pregunta sencillita: ¿qué es la muerte?.

-Uf. Es triste pensar que  morir es un sueño eterno, el sueño del olvido. La muerte  tendría que ser un nexo de unión entre esta vida y la siguiente. Al menos, es un deseo.

 
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Publicado por en diciembre 30, 2011 en Divulgación

 

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Sancho de Castilla murió probablemente de neumonía

Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) junto con el Servicio de Anatomía Patológica y Urología del Hospital Clínico de Barcelona y la Universidad de Barcelona revelan que Sancho de Castilla, vástago ilegítimo del rey Pedro I de Castilla (1350-1369), no murió envenenado sino por una neumonía.
Recientemente se presentó al público la restauración de las bóvedas del monasterio de Santo Domingo el Real de Toledo. Este convento alberga los restos mortales de don Sancho de Castilla y Sandoval (1363 1371).

De entre la larga prole de vástagos ilegítimos del rey Pedro I de Castilla, la figura de don Sancho ha despertado desde hace años un destacado interés en los investigadores de las más diversas áreas científicas. Su biografía, envuelta en las trágicas circunstancias del complejo momento político que le tocó vivir, ha sido recientemente reconstruida por Francisco de Paula Cañas Gálvez, profesor del Departamento de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid.

La labor de investigación realizada por Cañas a través de la consulta de documentación de archivo, en su mayor parte inédita, le llevó a replantearse las verdaderas causas de la muerte de don Sancho. Todos los indicios proporcionados por dicha documentación apuntaban a que la muerte del joven Sancho podría haberse producido por causas naturales y no por la administración de algún tipo de veneno como tradicionalmente se había pensado.

Para confirmar esta hipótesis era necesario realizar un análisis paleopatológico de los restos de don Sancho, conservados en un excelente estado de momificación en el monasterio de Santo Domingo el Real de Toledo.

El primer paso dado por el equipo médico del Hospital Clínico de Barcelona y la Universidad de Barcelona, integrado por Agustín Franco y Jordi Esteban y dirigido por Pedro Luis Fernández, consistió en realizar una inspección externa del cuerpo sin desvestirlo de los dos hábitos dominicos que se le pusieron -el primero, tras su fallecimiento y, el segundo, posteriormente, en 1913-, con el fin de evitar cualquier daño en dichos restos. Las partes visibles eran la cabeza y los huesos desarticulados de piernas y brazos.

Para el estudio endoscópico se usó un uretrocistoscopio flexible y unas pinzas de biopsia con las que se pudieron extraer muestras de ambos pulmones, pleura, nervio óptico, hueso del tarso, cabellos y piel.

Aspecto general de la momia de Sancho de Castilla, con hábito de lino y cíngulo de cuero. La hemicara izquierda se conserva muy bien, reconociéndose incluso el párpado y las pestañas. También conserva gran parte del cuero cabelludo. Foto: UCM.

Los resultados científicos del análisis coinciden con los datos biográficos conocidos de don Sancho y confirman las causas naturales de su prematuro fallecimiento. En este sentido es llamativo el volumen de los dos pulmones, en especial el derecho, muy superiores a lo que se podría esperar de un cadáver momificado hace siglos.

Los restos de pigmento antracótico en ambos pulmones podría deberse a una exposición prolongada del sujeto al humo, seguramente de una chimenea, en alguna de las estancias del palacio real de Toro donde pasó sus últimos días. Ello induce a pensar que don Sancho debió de morir durante los meses otoñales o invernales de 1371, recién cumplidos los ocho años, una edad que también confirma este estudio.

Además, la presencia de fibrina, hematíes y macrófagos alveolares con hemosiderina y la ausencia de restos tóxicos metálicos como arsénico, plomo o mercurio, los más frecuentes en los venenos de la época, confirman que la muerte del joven se debió muy probablemente a una neumonía.

Fuente: UCM

 
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Publicado por en diciembre 29, 2011 en Artículos

 

La historia del fantasma de Greenbrier

La historia del fantasma de Greenbrier es una de las historias más singulares en los anales fantasmológicos. Esta extraña historia de la zona rural de Virginia Occidental (Estados Unidos), no es sólo una parte de la historia sobrenatural, sino de la historia del sistema judicial de Estados Unidos también: es un evento único en su clase, ¡pues es el único caso en que la palabra de un fantasma ayudado a resolver un crimen y condenar a un asesino!

Elva Zona Heaster nació en el Condado de Greenbrier, Virginia Occidental alrededor de 1873. Poco se sabe sobre sus primeros años en el condado Richlands, y algunos datos dicen que ella dio a luz a un hijo ilegítimo en 1895. Un año después, en octubre de 1896, conoció a un hombre llamado Erasmus (también llamado Edward) Stribbling Trout Shue.

Era un vagabundo que se trasladó a Greenbrier a trabajar como herrero y empezar una nueva vida. Se fue a trabajar en el taller de James Crookshanks, que estaba situado justo al lado del antiguo camino de Midland. Todas las carreteras estaban sin asfaltar en esos días y el condado estaba rodeado de colinas: era el lugar perfecto para criar caballos y ganado. Un herrero podía encontrar un montón de trabajo en el Condado de Greenbrier Shue y Trout hizo precisamente eso.

Zona conoció a Shue poco tiempo después de llegar a la ciudad: los dos se sintieron atraídos el uno al otro y pronto se casaron, a pesar de la animosidad sentía hacia Shue la madre de Zona, Mary Jane Robinson Heaster. Ella siempre sentía que había algo que el hombre amable ese le escondía.

Los dos vivieron juntos como marido y mujer para los próximos meses. Luego, el 23 de enero de 1897, el cuerpo de Elva Zona fue descubierto dentro de su casa por un chico joven que Shue había enviado a la casa por un mandado artificial. Él le había pedido que correr de la herrería a la casa y ver si había algo que necesitaba Zona de la tienda. El niño, Andy Jones, se encontró a Elva tendida en el suelo, con los pies juntos, con una mano sobre su abdomen y la otra extendida a su lado. Su cabeza estaba ligeramente hacia un lado. Tenía los ojos abiertos y fijos. Andy, como es lógico, corrió a su casa a decirle a su madre. El médico local y médico forense, el Dr. George W. Knapp, fue convocado a la casa, aunque no lo hizo de inmediato: Llegó cerca de una hora más tarde.
Para ese entonces, Shue había llevado de su mujer, arriba y lo había puesto en la cama. Contrariamente a la costumbre local, vistió el cadáver él mismo. Normalmente, era lo adecuado que las señoras de la comunidad lavaran y vistieran un cuerpo en preparación para su entierro. Sin embargo, Shue se encargó de vestir Zona con su mejor ropa. Un vestido de cuello alto, tieso y que cubría el cuello, y un velo se había colocado sobre su cara. Mientras que el Dr. Knapp la examinó y trató de determinar la causa de la muerte, Shue se quedó por su esposa, a un lado, tomándose la cabeza y sollozando. La pena de él parecía obvia, y Knapp hizo un examen muy superficial, aunque notó un poco el hematoma en el cuello.

Cuando trató de mirar más de cerca, Shue reaccionó tan violentamente que el médico terminó el examen y se fue. Inicialmente, enumeró la causa de su muerte como “causado por debilidad por el parto”, pero se desconoce si Elva Zona estaba embarazada o no, pero durante dos semanas antes de su muerte, Knapp la había tratado de “problemas femeninos”.

El Dr. Knapp envió a alguien para notificar a los padres de Zona, pero la noticia de la muerte de la joven ya se había extendido rápidamente a través de la comunidad. Al caer la tarde, dos jóvenes que eran amigos de la Zona, se ofrecieron voluntarios para ir a la Pradera Bluff y decirle a la familia Heaster es lo que había sucedido. La granja se encontraba a unos veinticinco kilómetros al oeste de la Richlands, en una zona cercana a Molino Livesay y la ciudad de Rainelle. Vivían en una zona aislada de casa dispersas y granjas en el lado montaña Little Sewell.

Cuando se enteró de la noticia de la muerte de su hija, María Heaster cara se ensombreció: “ese diablo la ha matado!”, dijo. El sábado, 24 de enero el cuerpo de Elva fue preparado para el transporte hasta la casa de sus padres en un ataúd. Un puñado de vecinos presidió el movimiento y acompañaron a Trout Shue a la granja en la montaña. Él mostró extraordinaria devoción hacia el cuerpo, manteniendo una vigilia en la cabeza del ataúd abierto durante el traslado. El cuerpo fue luego velado en la casa de los Heaster. Este evento duró todo el día domingo, durante toda la noche y hasta el momento para el entierro, el lunes. Dio así a vecinos y amigos la oportunidad de rendir sus últimos respetos y dar consuelo a los afligidos.

Los que vinieron a presentar sus respetos durante el velatorio señalaron algunos comportamientos bastante extraños por parte de Shue: pasaba de y tristeza abrumadora a una “actitud maníaca”; no permitió que nadie de acercarse al ataúd, sobre todo cuando estaba colocando una almohada a un lado de la cabeza y con un paño enrollado en la otra. Explicó que quería ayudar a Elva “a estar más tranquila”. Además, le ató un pañuelo grande alrededor de su cuello y con lágrimas en los ojos, explicó que “había sido” de los favoritos de Elva. Cuando llegó el momento de llevar el cadáver hasta el cementerio, sin embargo, varias personas notaron que parecía haber una extraña soltura en la cabeza de Elva Zona.

La gente empezó a hablar. Quien más sospechaba, era Mary Jane Heaster. Odiaba Shue desde el principio y nunca había querido que su hija se casara con ese desconocido. Ella se opuso aún más contra el matrimonio cuando su hija le reveló ¡que Shue se había casado dos veces antes! Algo no andaba bien en todo esto, lo sabía, pero no parecía haber ninguna manera de demostrarlo.

Durante el velorio, Mary Jane tomó la hoja de papel del interior del féretro. Se dio cuenta de que tenía un olor peculiar, por lo que no la botó. Cuando ella dejó caer la hoja en un cuenco, el agua dentro se puso rojo. Curiosamente, la hoja se volvió de color rosa y el color en el agua desapareció. Mary Jane luego hirvió la hoja la colgó fuera durante varios días, pero la mancha no se pudo quitar. Le dió la interpretación a la misteriosa “mancha de sangre” como una señal de que habían asesinado a Elva. Fue entonces cuando ella comenzó a orar.

Cada noche, durante las próximas cuatro semanas, Mary Jane rezó con fervor para que su hija volviera donde ella y le revelara la verdad sobre cómo había muerto. Según la leyenda, una semana más tarde, sus oraciones fueron contestadas:

A lo largo de cuatro noches, el espíritu de Elva Zona apareció junto a la cama de su madre. Ella vió como una luz brillante al principio y luego la aparición tomarían forma, enfriando el aire en toda la sala. Ella despertaba a su madre de su sueño y le explicó una y otra vez cómo su marido la había asesinado: Trout Shue había sido abusivo y cruel, le dijo, y le había atacado en un ataque de rabia porque pensaba que ella no había cocinado la carne para la cena: le había roto salvajemente el cuello y para demostrar esto, el fantasma volvió la cabeza completamente alrededor hasta que la puso al revés,

Mary Jane había tenido razón. Shue había matado a su hija, ¡y la palabra de su espíritu resultó siendo aceptada!

Poco tiempo después, Mary Jane fue donde el juez local, John Alfred Preston, para convencerlo de que vuelva a abrir la investigación sobre la muerte de Elva. Ofreció las visitas y revelaciones del espíritu de su hija como prueba de que un error de la justicia estaba teniendo lugar. Preston fue a la vez amable y simpático con la señora Heaster.

Tuvieron una conversación de “varias horas” y al final de la reunión, Preston acordó enviar alguaciles a hablar con el Dr. Knapp y algunos otros involucrados en el caso. Si bien parece poco probable que él estaba dispuesto a echar otro vistazo a la causa por la declaración de un fantasma, la investigación consiguió volver a abrirse.

Los periódicos locales informaron que la señora Heaster no fue la única en la comunidad que sospechaba de la muerte de Zona. También había “algunos ciudadanos” que había comenzado a hacer preguntas, así como los crecientes “rumores en la comunidad”.

Preston fue a Richlands a ver al Dr. Knapp, quien admitió que su examen de la muerta había sido incompleto. Los dos estuvieron de acuerdo en que la autopsia aclararía las cosas y confirmar o negar que las sospechas persistentes. También les daría una mejor idea de cómo murió Elva Zona Shue y levantar las sospechas sobre Trout Shue, si es que era inocente.

Días después, se ordenó la exhumación del cadáver y un jurado investigador fue montado. La autopsia se realizó en la Casa Nickell School, a corta distancia del cementerio de la Iglesia Metodista Soule. Los escolares fueron despedidos el día 22 de febrero de 1897, cuando el cuerpo de Zona fue exhumado. Se informó en el periódico local que la Trout Shue “se quejó enérgicamente” acerca de la exhumación, pero se dejó en claro que se vería obligado a asistir a la investigación si no se mostraba dispuesto. En réplica, respondió él que “sabía que sería detenido, pero no serán capaces de probar que lo hizo”. Esta declaración descuidada indicó que al menos tenía conocimiento de que su esposa había sido asesinada.

La autopsia se prolongó durante tres horas con los médicos que trabajan bajo la luz incierta de las lámparas de queroseno. El cuerpo de la mujer muerta estaba “en un estado casi perfecto de conservación”, gracias a las bajas temperaturas del mes de febrero, por lo que su trabajo resultó más fácil. Un jurado de cinco hombres se había reunido para ver el procedimiento y se acurrucaron en el edificio con los oficiales de la corte, Trout Shue, Andy Jones (el muchacho que había encontrado el cuerpo) y otros testigos y espectadores.

La autopsia fue llevada a cabo por los métodos estándar, lo que significa que el examen de los órganos vitales que ocurriera primero. Después de eso, los médicos efectuaron una incisión a lo largo de la parte posterior del cráneo para que el cerebro podría ser eliminado. Este paso no fue tomada en el caso de la Zona, sin embargo, mientras el doctor encontró rápidamente lo que estaba buscando. “Hemos encontrado el cuello de su esposa que se ha roto”, dijo uno de los médicos a Trout Shue. Entonces él dejó caer la cabeza y una expresión de la desesperación cruzó su rostro.

“No pueden probar que lo hice”, susurró.

Puede parecer extraño que la fractura en el cuello no se encontró en el acto o que no era más evidente en la superficie de la piel, pero los médicos le dirán que se trata de una de las lesiones más difíciles de detectar. Hace que sea más difícil darse cuenta en un cadáver, porque la cabeza humana es naturalmente pesada en comparación con el cuerpo. Cuando los músculos de la persona muerta se relajan, la cabeza tiende a aflojarse. Además, la primera vértebra se encuentra en el interior del cuello, justo debajo del cráneo. Esto hace que sea difícil de encontrar y que habría sido mucho más difícil para los médicos rurales en la década de 1800.

Los resultados de la autopsia eran absolutamente condenatorias contra Shue. En un informe el 9 de marzo, dijo que “el descubrimiento fue hecho de que el cuello se rompió y aplastaron la tráquea. En la garganta fueron las marcas de los dedos indicando que había sido asfixiada y el cuello sufrió una luxación entre la primera y segunda vértebras. Los ligamentos estaban destrozadas y rotas. La tráquea había sido aplastado en un punto anterior del cuello. ”

Los resultados se hicieron públicos a la vez, indignando a la comunidad. Shue fue arrestado y acusado de asesinato. Lo encerraron en la cárcel de Lewisburg. A pesar de que, al margen de las comunicaciones espíritu, las pruebas contra Shue eran circunstanciales en el mejor de los casos, fue acusado formalmente ante un gran jurado de asesinato. De inmediato se declaró “inocente”.

Mientras esperaba el juicio, la información sobre el pasado desagradable de Shue empezó aparecer, llevando a muchos a creer que Mary Jane Heaster tenía razón sobre él todo el tiempo. Elva Zona había sido su tercera esposa. Su primer matrimonio, con Allie Estelline Cutlip, había producido un niño, pero había terminado en divorcio en 1889, mientras que Shue estaba en la cárcel por robar caballos. Ella alegó en la sentencia de divorcio que su marido la había golpeado con frecuencia. En 1894, Shue se había vuelto a casar, esta vez a Lucy Ann Tritt. Extrañamente, Lucy murió apenas ocho meses más tarde en circunstancias que fueron descritos como “misteriosas”. Shue alegó que Lucy se había caído y había golpeado la cabeza contra una roca, pero pocos le creyeron. Con buen tino, abandonó la zona y en el otoño de 1896, se trasladó a Greenbrier.

En la cárcel, Shue mantuvo un ánimo alegre, e informó que su duelo por Elva Zona había terminado. De hecho, él anunció que tenía el objetivo permanente de llegar a tener siete esposas. Como Elva sólo había sido la tercera, y él era todavía un hombre joven, tenía una buena oportunidad de hacer realidad esa ambición, En repetidas ocasiones le dijo a los periodistas que su culpabilidad era un asunto que no se podía probar.

El juicio comenzó el 22 de junio de 1897 y numerosas personas de la comunidad testificaron en contra de Shue. El punto culminante del juicio, por supuesto, llegó con la aparición de Mary Jane Heaster. Preston la puso en el banquillo tanto como la madre de la muerta y también como la primera persona en darse cuenta de las circunstancias inusuales de su muerte. Quería asegurarse de mostrarse como una persona sana mentalmente y confiable. Por esta razón, bordeó el tema de la historia de fantasmas, ya la obligada a hacerla parecer irracional y también porque era una prueba inadmisible. El narrador de la historia, en este caso Zona Shue, obviamente, no podía ser interrogado por la defensa y por lo que su testimonio sería a”oídas por la ley”.

Por desgracia para Shue, su abogado decidió pedirle a la señora Heaster declarar sobre su avistamiento fantasmal. Parecía evidente que lo estaba haciendo para tratar de hacer quedar a Mary Jane en ridículo ante el jurado. Calificó sus “visiones” como delirios de una madre y trabajó duro para admitir que podría haber sido confundido acerca de lo que supuestamente vieron. Continuó así bastante tiempo, pero Mary Jane nunca vaciló de lo que había visto. Cuando el abogado defensor se dio cuenta de que el testimonio no iba la manera en que él quiso, la despidió.

Para entonces, sin embargo, el daño estaba hecho: debido a que la defensa y la fiscalía no había presentado el testimonio sobre el fantasma, el juez tenía dificultad para decirle al jurado que lo excluyesen. Era evidente que la mayoría de la gente de la comunidad creía que Mary Jane había visto al fantasma de su hija. A pesar del testimonio elocuente de Shue en su propia defensa, el jurado lo declaró culpable rápidamente. Diez de ellos incluso votaron para que fuese ahorcado, lo cual decía mucho sobre la credibilidad como testigo de la señora Heaster. Sin embargo, sin un veredicto unánime de la muerte, Shue fue condenado a cadena perpetua.

La sentencia no satisfizo a todos en el Condado de Greenbrier. El 11 de julio de 1897, un grupo de ciudadanos de entre quince y treinta hombres se presentaron a ocho millas al oeste de Lewisburg para formar una linchamiento: habían comprado un cable nuevo y estaban bien armados con Winchester y revólveres cuando comenzaron a ir a la cárcel. Si no fuera por un hombre llamado George M. Harrah, que se puso en contacto con el sheriff, Shue habría sido sin duda linchado.

Harrah contacto sheriff Dwyer en la cárcel. Se decía que cuando Shue fue informado de esta amenaza contra su vida, se aterró y fue incapaz hasta de atarse los zapatos. Dwyer se lo llevó a un lugar de refugio en el bosque, a una milla más o menos de la ciudad y luego fue capaz de disolver a la multitud y devolverlos a sus hogares.

Shue fue trasladado a la Penitenciaría del Estado de West Virginia en Moundsville el 14 de julio, donde vivió durante los próximos tres años. Murió el 13 de marzo 1900 de una de las epidemias de sarampión, paperas o neumonía que se extendió por la prisión de esa primavera. Hoy, en la prisión, se supone que sus restos se hallan enterrados entre los entierros de presos no reclamados, en el cercano cementerio de Tom, en los que no se llevan registros antes la década de 1930.

Mary Jane Robinson Heaster vivió para contar su historia a todos los que le escuchaban. Murió en septiembre de 1916 sin tener que retractarse de su historia sobre el fantasma de su hija.

Y en cuanto Elva Zona, de su fantasma nunca más se supo, pero ella ha dejado una inolvidable y una marca histórica en el Condado de Greenbrier. Es una cuestión que todavía se están sintiendo hoy. De hecho, un marcador en carretera a lo largo de la ruta 60 todavía se conmemora en la actualidad. Dice así:

“Enterrada en el cementerio cercano está Zona Heaster Shue. Su muerte en 1897 fue dado como por causas naturales, hasta que su espíritu se le apareció la madre para describir cómo fue asesinada por su esposo Edward. La autopsia en el cuerpo exhumado verificó lo que dijo la aparición. Edward, declarado culpable de asesinato, fue condenado a la prisión estatal. Sólo se conoce el caso en que el testimonio de fantasma ayudó a condenar a un asesino”.

 
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Publicado por en diciembre 27, 2011 en Artículos

 

Teresa Prieto, la vampira de Xove

De brujas, vampiros y sacamantecas

Teresa Prieto, vecina de la aldea de Jove (Xove) -hoy uno de los barrios más conocidos de Gijón-, fue acusada de «bruxa» ante el Santo Oficio. En 1480, fecha en que da comienzo esta crónica, algunos de los mitos que ya proclamaron autores como Rogelio Jove y Bravo en su obra «Mitos y supersticiones asturianas» -publicado en 1897- o los que divulgó Constantino Cabal en su trabajo «La mitología asturiana» -en 1972- se hacían realidad.

Se desconocen las causas reales que motivaron las denuncias sobre Teresa Prieto. Lo único cierto es que en Asturias, tierra de cristianos limpios de sangre, ella era una de esas mujeres versadas en los remedios más arcaicos, traspasados de generación en generación o por el camino de la iniciación, y de cultos a la diosa madre Naturaleza que hoy parecen olvidados y que se pierden en la noche de los tiempos. Mujeres herejes, heterodoxas, que sabían leer el destino en las aguas de los ríos, entendían el mensaje oculto de los bosques, interpretaban los designios observando el color de las tierras, cielos y nubes, vaticinaban el devenir en las vísceras de las bestias de los montes o el ganado de los establos.

Conocimientos ancestrales que las hacían poseedoras e increíblemente diestras sobre todo tipo de secretos para la preparación de sustancias compuestas por elementos naturales de diferente origen y en las que en determinadas ocasiones era necesario el preciado líquido rojizo que da y quita la vida: la sangre humana.

El pueblo vio en aquellas mujeres a las culpables del gran índice de mortalidad infantil. Ellas eran las responsables de que sus víctimas -hombres, mujeres y niños- padeciesen pequeñas heridas punzantes y falta de sangre en sus cuerpos, unos cuerpos que posteriormente se utilizaban para la elaboración de ungüentos mágicos.

Las «estrigias», derivado del latín «strix(-igis)», formaban parte del micromundo de leyenda para las gentes de las montañas asturianas. Definían a seres monstruosos, femeninos, con alas de enorme cabeza, pico y garras de ave rapaz que chupaban la sangre y devoraban las entrañas de los niños recién nacidos, capaces de colarse por las cerraduras de las casas para así atacar a sus víctimas y conseguir la cantidad del preciado líquido necesario para sus brebajes y remedios.

Una práctica que a lo largo y ancho de la geografía española continuó durante los siglos XVIII, XIX y XX bajo el truculento sobrenombre de sacamantecas, sacaúntos o probe l’untu. Francisco Leona y el crimen de Gádor, Enriqueta Martí, «la vampira de Barcelona», «el Tío Mantequero», en Málaga, o el «Estripador» de Avilés, fueron algunos de los nombres de esta particular lista del horror que sembró de terror diferentes ciudades españolas.

Bebedores de sangre, o chupasangres, como se les llamaba a principios del siglo XX, que acudían a los mataderos en su busca, creyendo que la sangre les devolvería la vida, en los llamados «carruajes de la muerte» o «carros negros» -berlingas negras tiradas por caballos-, causando espanto y recelo en pueblos y aldeas, como así lo contaban los ciegos en sus coplas.

«La Vampira de Xove»

Teresa Prieto, sin saberlo, es de forma oficial la primera sacamantecas asturiana y su historia es un expediente repleto de interrogantes que con el paso del tiempo permanecen sin respuesta -rodeados por un halo de misterio- para historiadores, antropólogos y periodistas del misterio.

La eficaz denuncia a las autoridades religiosas hizo que fuera designado como procurador del caso el fiscal Juan de Acebal, quien -tras las pertinentes pesquisas- consiguió que el sumario tomase peso y llegara hasta el teniente corregidor del Principado, el bachiller Brecianos, quien de forma pública acusó a la mujer -como consta en los legajos que recogió Caro Baroja del archivo de la Real Chancillería de Valladolid- de que «con arte y propósito diabólico, había usado el oficio de bruja o estría andando de noche por las casas ajenas, para entrar en ellas haciendo mucho daño a los fieles cristianos, chupándoles la sangre, mayormente a las criaturas, y otras cosas muy feas contra la Santa Madre Iglesia, lo cual cometiera en la aldea de Xove y otros muchos lugares del concejo y fuera de él, incurriendo en grandes penas, por lo que el teniente corregidor pidió la mandasen condenar, siendo presa por su mandato (). El teniente dictó sentencia contra Teresa Prieto, a la que pusieron en tormento y en él no confesó ni dijo cosa alguna de dichos delitos».

La rea soportó la pena que le fue impuesta. Durante más de una hora fue sometida a una «ferrada» de agua, según apuntó Juan Cueto Alas, que le producía la asfixia en cada ingesta, siempre boca abajo sujetada por tobillos y muñecas. Todavía no habían llegado a nuestra piel de toro los libros básicos de la tortura religiosa, como «El martillo de las brujas» (1486) ni la «Demonomanía de las brujas» (1580).

Aquellos toscos castigos fueron los primitivos tormentos que aplicaban los inquisidores en las frías y húmedas criptas, métodos bastos en su ejecución, pero efectivos, que no pudieron sacar confesión alguna en Teresa Prieto.

Inusual desenlace

Pero si ya es poco corriente que nuestra protagonista superase los suplicios más sorprendentes, resulta que llegó a escapar -tras ser martirizada- mientras se realizaban las pertinentes diligencias para dictar sentencia.

El procurador fiscal, Juan de Acebal, y el juez, teniente corregidor del Principado, bachiller Brecianos, rubricaron: «Condenó a pena de muerte natural, la cual le debería de ser dada de esta manera: que en cualquier ciudad o villa o lugar donde fuese hallada la llevasen a la cárcel y así caballera en asno, atados los pies y manos con una soga de esparto a la garganta, fuese llevada con pregón público por los lugares acostumbrados de la tal ciudad, villa o lugar, hasta el rollo o forca, y allí había de estar colgada hasta que se le saliese el espíritu vital y se le apartase el ánima de las carnes; luego porque ella con arte de encantamiento pudiese volver a su cuerpo en figura del diablo, mandó que la quitasen de dicha forca o rollo y la quemasen las carnes hasta que se tornasen cenizas, condenándola además a la pérdida de todos sus bienes, los cuales aplicó a la Cámara y fisco».

Tras el dictado final del veredicto, la popular «Vampira de Xove» reapareció y se entregó a las autoridades eclesiásticas para defenderse de las acusaciones que sobre ella recaían. Inexplicablemente, según constatan expertos como Uría Ríu o Cueto Alas, fue absuelta el 21 de noviembre de 1500 bajo la sentencia rubricada en Valladolid. Sus bienes y haciendas le fueron devueltos y su caso -uno de los cinco expedientes del Santo Oficio existentes en Asturias- es para los expertos un episodio excepcional en la historia inquisitorial española.

 
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Publicado por en diciembre 27, 2011 en Artículos

 
 
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