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Más lágrimas del Tiempo…

06 Dic

Corría el año 1917, y el mundo entero vivía pendiente de los aconcecimientos bélicos que se desencadenaban en el continente europeo. Sin embargo, una catástrofe de dimensiones inimaginables a punto estuvo de hacer desaparecer un pueblo entero del mapa.

Eran las 8.45 de la mañana de un día como hoy, 6 de diciembre, pero de 1917. En la ciudad de Halifax (Nueva Escocia, Canadá), a orillas del Atlántico Norte, un carguero francés, el SS Mont Blanc, comenzaba realizar las maniobras para entrar en la pequeña bahía del pueblo, donde se esperaba que se uniría a un convoy de barcos que transportarían municiones desde América hasta Europa, a fin de socorrer a los Aliados. El SS Mont Blanc era un barco de dimensiones reducidas, y aunque no era especialmente viejo (había sido construido 18 años antes), se le consideraba una nave bastante lenta, incluso para su época. Este factor lo convertía en un barco bastante aparatoso y difícil de manejar incluso en zonas marítimas de limitadas dimensiones. Por ello el 6 de diciembre, cuando entraba en la bahía de Halifax, su tripulación no pudo evitar que chocase con otra embarcación, el SS Imo, de bandera noruega.

La colisión no fue mortal de necesidad para ninguna de las dos naves, pero la maniobra del Imo para poder separarse de la quilla del Mont Blanc hizo saltar varias chispas que alcanzaron el ácido pícrico y el benzeno que almacenaba el Mont Blanc. Pronto el fuego se extendió por el resto del barco con extrema rapidez. En pocos minutos, las llamas alcanzaban la zona de cargo donde toneladas de explosivos aguardaban ser transportados a Europa. Aquello se convirtió en una peligrosa bomba de relojería. La tripulación del Mont Blanc, consciente del peligro, abandonaron el barco en llamas haciendo uso de dos botes salvavidas. En diez minutos lograron alcanzar el muelle del puerto, donde intentaron prevenir del peligro a las autoridades locales.

Desgraciadamente, la mayoría de los allí presentes eran anglófonos, y la tripulación del Mont Blanc sólo hablaba francés, por lo que sus avisos fueron inútiles. La autoridad portuaria dio entonces la orden de remolcar el Mont Blanc hacia el muelle para apagar el incendio, pero sus esfuerzos sólo consiguieron prender fuego a otros barcos y aparejos de pesca colindantes. La tragedia estaba servida. Cientos de viandantes y vecinos se desplazaron al puerto para ver el incendio, inconscientes de que en breves momentos tendría lugar una explosión cinco veces menor a la de la bomba atómica que caería sobre Hiroshima en 1945.

La explosión tuvo lugar sólo 19 minutos después de la colisión del Mont Blanc y del Imo. El resultado fue la destrucción total: una gran nube de humo con forma de hongo podía divisarse desde varios kilómetros a la redonda, y miles de trozos de metal y madera ardiendo cayeron como copos de nieve sobre Halifax y las localidades vecinas. La detonación fue tan fuerte que destruyó el Mont Blanc por completo, y los edificios más cercanos quedaron totalmente destrozados. De hecho, la fuerza de la explosión provocó un enorme tsunami de 18 metros que recorrió toda la costa de la zona; algunos barcos (entre ellos el Imo) fueron arrastrados por la ola hasta quedar encalaldo sobre tierra; cientos de personas perecieron en la explosión inicial, pero algunos supervivientes fueron arrastrados mar adentro por la ola gigantesca.

Gran parte de la tripulación del Imo que había estado supervisando las maniobras de rescate del Mont Blanc murieron instantáneamente debido a la ola. Por otro lado, la onda expansiva provocada por la explosión recorrió Halifax de un extremo a otro, y decenas de personas fallecieron en sus hogares al ser golpeados por muebles, cristales y objetos varios lanzados por la onda. Para más inri, como el hecho tuvo lugar en invierno, la explosión hizo que lámparas de gas, estufas y velas prendiesen fuego a muebles y telas al caer, causando así numerosos incendios por toda la ciudad.

Más de un kilómetro cuadrado de Halifax quedó reducido a escombros. La explosión había sido tan fuerte que se notó en poblaciones tan lejanas como Truro (a 100 kilómetros de Halifax), Cape Breton (a 360 kilómetros) y Sackville (a 16 kilómetros), donde también hubo importantes daños materiales. Curiosamente, varios restos del Mont Blanc fueron localizados en puntos distintos de la localidad. Su ancla, de más de 500 kilos de peso, aterrizó en un punto a más de 3 kilómetros de distancia; la boquilla de una pistola se encontró a 5 kilómetros, y un trozo de la quilla se incrustó en el muro de una iglesia local, donde permanece hoy en día como recuerdo de lo sucedido. Se cree que unas 1.950 personas fallecieron en la catástrofe, la mayoría de ellas tras la explosión, y las demás tras el tsunami o en días posteriores al desastre. Más de 1.630 casas fueron totalmente destruidas, y unas 12.000 quedaron inservibles.

Trágicamente, hubo más víctimas civiles en Nueva Escocia por la explosión que por la guerra en sí. Caprichos de la Historia.

 
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Publicado por en diciembre 6, 2011 en Artículos

 

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