RSS

La Batalla de Hattin y el Reino de los Cielos

16 Dic

Para entender el alcance de la batalla de Hattin hay que retroceder a los años 80 del siglo XII. Es el rey franco de Jerusalén Balduino IV, hijo de Inés de Courtenay y Amalarico I de Jerusalén. Llamado el Leproso por padecer esta terrible enfermedad degenerativa desde niño, Balduino IV fue un monarca muy notable, justo, dedicado a su reino, hábil diplomático y astuto general, admirado incluso por su más poderoso enemigo, el sultán kurdo Salah al-Dinn.

La imagen de él que nos muestra el actor Edward Norton en la película a la que nos hemos referido es bastante ajustada a la realidad: era un hombre muy joven cuando murió en 1185 (tenía 24 años) y en verdad solía cubrir su rostro con una bella máscara metálica para no mostrar la espantosa deformación de sus facciones causada por la lepra. Tenía el rey Balduino una hermana, Sibila, a la que casó con el noble Guido de Lusignan, hermano del condestable Almalarico. Por su parte, al enviudar su madre Inés de Courtenay se casó con Balian de Ibelin, de modo que la familia Ibelin pasó a emparentar con la Casa Real de Jerusalén e inició sus contactos diplomáticos para conseguir el divorcio de Sibila y Guido de Lusignan y el matrimonio de aquélla con su hijo. Movidas matrimoniales, ya sabéis. Sin embargo, el rey Balduino estableció una alianza con Reinaldo de Châtillon, unos de los muchos caballeros franceses que habían llegado a Tierra Santa siguiendo el espíritu religioso y aventurero de las Cruzadas que había sido capturado por los sarracenos en 1160, liberado por Balduino y recibido las tenencias de los castillos de Kerak y Montreal, que controlaban las rutas caravaneras entre Egipto y Siria.

Pronto se hizo famoso Reinaldo por su crueldad, pues a menudo despeñaba a sus enemigos desde lo alto del castillo de Kerak para que se hicieran pedazos con las rocas que había al pie de la fortaleza. Sea como fuere, Balduino y Reinaldo de Châtillon lograron derrotar conjuntamente a Saladino en la batalla de Montgisard (1177), que supuso el triunfo de las tropas cristianas y su entrada triunfal en Jesrusalén. Sin embargo Balduino ya hemos dicho que no era tonto. Aprovechando su primacía, estableció un pacto con Salah al-Dinn durante el cual se mantuvo una duradera tregua entre los Estados Latinos de Oriente y el Reino de Saladino. Sin embargo Reinaldo de Châtillon se dedicó a asaltar las caravanas árabes que pasaban por las cercanías de Kerak. Aunque Saladino exigió al rey de Jerusalén que castigase a Reinaldo, Balduino IV se confesó impotente para controlar a su vasallo. El resultado fue el reinicio de las hostilidades entre cruzados y musulmanes, afirmando el de Châtillon que él era el señor de sus tierras y no había firmado ninguna tregua con los musulmanes. Saladino juró que acabaría con Reinaldo con sus propias manos. Muerto el rey Balduino y accediendo al trono su cuñado, Guido de Lusignan, Reinaldo de Châtillon continuó sus tropelías contra las caravanas y tropas sarracenas hasta que Salah al-Dinn invadió el Reino de Jerusalén y puso sitio a la ciudad de Tiberíades. Reinaldo aconsejó al rey que atacase a Salah al-Dinn sin más demora -contra la opinión del conde Raimundo III de Trípoli- y juntos atravesaron el desierto con un contingente de unos 48.000 soldados para encontrarse con las tropas del sultán kurdo, que tenía topdos sus movimientos perfectamente previsto.

La batalla de los Cuernos de Hattin tuvo lugar el 4 de julio del año 1187 al Oeste del Mar de Galilea, en el desfiladero conocido como Cuernos de Hattin (Qurun-hattun) entre el ejército cruzado, formado principalmente por contingentes Templarios y Hospitalarios a las órdenes de Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, y Reinaldo de Chatillon, contra a las tropas del sultán de Egipto, Saladino. Ambos ejércitos contaban con unos efectivos similares, en torno a los 17.000 hombres cada uno.

El 1 de mayo de 1187, Saladino había despedazado, en la Batalla de Seforia, a las tropas de Gerardo de Ridefort, Gran Maestre del Temple. Había seguido después su ruta para sitiar Tiberíades, a fin de atraer a las tropas cristianas y así afrontarlas en un terreno que le fuera favorable. Echive, la esposa de Raimundo de Trípoli, parapetada en la ciudadela, llamó en su socorro al rey de Jerusalén, Guy de Lusignan, y a su esposo, quien se encontraba en Seforia. El mensajero no tuvo ninguna dificultad en franquear las líneas enemigas, porque Saladino no deseaba más que una cosa: que los francos estuvieran al corriente de lo que se preparaba. Durante el consejo, reunido por orden del rey, Raimundo de Trípoli se inclinó por dejar caer Tiberíades, a pesar de que su mujer estuviera en la ciudadela. Había adivinado perfectamente el juego de Saladino.

El rey y los barones estuvieron de acuerdo con él. Esperarían que Saladino fuera hacia ellos. Pero Gerardo de Ridefort quería borrar el fracaso de Seforia y se aprovechó de la debilidad del rey para convencerlo de atacar. El 3, al alba, el rey hizo levantar el campamento y, a pesar de la intervención de los barones, el ejército se dirigió hacia Tiberíades. El calor era sofocante y la retaguardia se veía continuamente acosada por los arqueros montados de Saladino; los caballeros iban a pie, ya que sus caballos habían muerto. Guy de Lusignan se dio cuenta de su error y estuvo de acuerdo con Raimundo de Trípoli, para dar un rodeo por el pueblo de Hattín, donde se encontraba un pozo de agua. Pero Saladino no se dejó embaucar por la maniobra y mandó a sus tropas para que les cortaran el camino. El rey decidió entonces establecer un campamento para pasar la noche en esta meseta. Ya no tenían agua…

Los hombres intentaron dormir ataviados, por miedo a verse sorprendidos en su sueño por los enemigos. A algunos cientos de metros percibían las risas y los cantos de los musulmanes, a quienes no faltaba nada. A la mañana siguiente, el ejército reanudó su marcha: tenían que alcanzar el pozo de agua. Las tres columnas se desplegaron entre dos colinas volcánicas, los cuernos de Hattin. Los musulmanes los seguían acosando y los cuerpos de batalla se separaron.

El rey tomó entonces una posición estratégica, al pie de los cuernos de Hattin. Pero las tropas de Saladino prendieron fuego a las hierbas secas, asfixiando a los francos con el humo. Saladino se tomó su tiempo… Prosiguió sus ataques de acoso y no parecía tener prisa por lanzarse al asalto final. Para el rey latino, no había más que una salida para abrir la vía hacia Hattin. Había que atravesar la barrera enemiga. Ordenó a Raimundo de Trípoli cargar con sus caballeros. Taqi al-Din, sobrino de Saladino, al mando de esa barrera, dividió entonces sus tropas para abrir el paso… pero lo cerró inmediatamente después. Las tropas cristianas no habían podido seguir y Raimundo de Trípoli se encontró solo. Al verse incapaces de ir en ayuda de su camarada, los cristianos se dirigieron a Tiro. Los infantes habían escalado la colina norte de los cuernos, pero se encontraron entre un precipicio y las tropas musulmanas. Muchos de ellos murieron arrojados al vacío, y otros se rindieron. Mientras, la caballería de Saladino había cargado contra los cristianos, que se refugiaban en el cuerno sur. Saladino escogió ese momento para lanzar el asalto final.

Los caballeros consiguieron esporádicamente arrollar las líneas musulmanas, pero se vieron rechazados. Saladino lanzó el último asalto para apoderarse de la tienda roja del rey, donde se encontró la Vera Cruz, una sagrada reliquia. La noche del 4 de julio todo había acabado. Guy de Lusignan fue hecho prisionero, al igual que Reinaldo de Chatillon, el peor enemigo de Saladino. Como éste había prometido, le cortó la cabeza con sus propias manos. Nos lo cuenta el historiador árabe Imad al-Din por la pluma de Amin Maalouf en su espléndido libro Las cruzadas vistas por los árabes: Salah al-Din invitó al rey a sentarse a su lado y, cuando entró Arnat (NOTA: en las crónicas árabes Reinaldo es llamado Arnat), lo instaló cerca de su rey y le recordó sus Fechorías: “¡Cuántas veces has jurado y luego has violado tus juramentos, cuántas veces has firmado acuerdos que no has respetado!”. Arnat le mandó contestar al intérprete: “Todos los reyes se han comportado siempre así. No he hecho nada más de lo que hacen ellos.” Mientras tanto, Guido jadeaba de sed, cabeceaba como si estuviera borracho y su rostro traslucía un gran temor. Salah al-Din le dirigió palabras tranquilizadoras y mandó que le trajeran agua helada que le ofreció. El rey bebió y luego le tendió el resto a Arnat que apagó la sed a su vez. El sultán le dijo entonces a Guido: “No me has pedido permiso antes de darle de beber. No estoy obligado, por tanto, a concederle la gracia. Tras haber pronunciado estas palabras, el sultán salió, montó a caballo y luego se alejó, dejando a los cautivos presa del terror. Supervisó el regreso de las tropas y luego volvió a su tienda. Una vez allí, mandó traer a Arnat, avanzó hacia él con el sable en la mano y lo golpeó entre el cuello y el omóplato.

Cuando Arnat cayó al suelo, le cortaron la cabeza y luego arrastraron su cuerpo por los pies ante el rey, que se echó a temblar. Al verlo tan impresionado, el sultán le dijo con tono tranquilizador: “Este hombre sólo ha muerto por su maldad y su perfidia”. A continuación, Salah al-Din se dirigió con su ejército (más de 70.000 hombres, a asediar Jerusalén, defendida por Balian de Ibelin, hastaque llegando a un acuerdo con el barón, los cristianos pudieron abandonar la ciudad con la promesa de no ser atacados por las tropas sarracenas. La batalla de Hattin fue, así, el detonante de la pérdida de Jerusalén a manos sarracenas y, por este motivo, la causa de que al año siguiente se convocase en Occidente la Tercera Cruzada, que estará encabezada por el rey Ricardo Corazon de León de Inglaterra…

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en diciembre 16, 2011 en Divulgación

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: