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Archivos diarios: diciembre 19, 2011

Ejércitos fantasmales

Existen numerosas historias sobre campos de batallas donde al pasar los años los supuestos espíritus de los combatientes caídos continuan luchando… una de ellas es lo ocurrido en Gran Bretaña:

Existen numerosas historias sobre campos de batallas donde al pasar los años los supuestos espíritus de los combatientes caídos continuan luchando.
Ledgehill, Warwickshire: Allí se libró una terrible batalla durante el 23 de octubre de 1642. Intervinieron más de 40.000 hombres. El choque se produjo entre las tropas del rey, conducidas por el príncipe Rupert, y los parlamentaristas, conocidos como Cabezas Peladas, que capitaneaba Oliver Cromwell.

Al terminar el día, el campo estaba cubierto de cadáveres, heridos y moribundos. Ambos bandos se retiraron para continuar con la guerra en otras regiones. Fue entonces cuando llegaron a Londres informes de aldeanos que indicaban que la batalla se había vuelto a producir en varias ocasiones desde entonces, siendo los contendientes nada menos que los fantasmas de los soldados fallecidos en aquel duro día. En efecto, se cuenta que los habitantes de la zona pudieron contemplar por vez primera, y con todo lujo de detalles, una reproducción exacta del choque apenas dos meses después de que la batalla real hubiera tenido lugar.

Desconcertado por estos relatos, el rey Carlos I envió a cuatro oficiales de su confianza a fin de que investigaran el caso. Los militares informaron del cuento narrado por los supuestos testigos: varios pastores que recorrían la zona con su ganado. Al parecer, estos estaban cuidando de sus rebaños durante el día de Nochebuena aquel año de 1642 cayó en domingo-, cuando de pronto oyeron el inesperado sonido de tambores que se aproximaban, y vieron cómo en un instante los dos ejércitos aparecieron en el cielo, con sus banderas y pendones desplegados, disparando mosquetes y cañones. Los dos bandos lucharon encarnizadamente durante varias horas hasta que, finalmente, desaparecieron sin dejar rastro en la madrugada del día de Navidad.

A la noche siguiente los pastores montaron guardia en el campo, pero esta vez acompañados por ciudadanos ilustres y respetados de su parroquia, así como de las poblaciones vecinas. Y todos los testigos quedaron asombrados cuando los dos ejércitos fantasmales aparecieron de nuevo «con el mismo tumulto guerrero, luchando con la misma fiereza y furia que antes». Esta no fue la última aparición. Durante el domingo siguiente los soldados espectrales retornaron al campo de batalla y lucharon «con un tumulto todavía mayor» durante cuatro horas. Al día siguiente, las tropas volvieron a enzarzarse. Y el fenómeno se repetiría en tres ocasiones más durante los días sucesivos, de suerte que los oficiales enviados por el rey pudieron contemplar por sí mismos la batalla, e incluso reconocieron a alguno de los combatientes que habían intervenido y encontrado la muerte- en la lucha original.

 
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Publicado por en diciembre 19, 2011 en Artículos

 

La jubilación, un invento de los romanos.

El gran éxito militar de Roma se debió, entre otras cosas, a las legiones. Esctructuras militares organizadas, disciplinadas, con gran movilidad (podí­an recorrer 50 Km/jornada) y maniobrabilidad. Estaban compuestas por ciudadanos romanos que se alistaban voluntariamente a los 25 años y debí­an permanecer en «activo» durante 20 años. En épocas de guerra era obligatorio y en casos extremos se bajaba la edad de reclutamiento.

Cuando estos «veteranos» llegaban a los 45 años se «jubilaban» y recibí­an una pequeña porción de tierra y un modesto capital. En muchas ocasiones se fundaron ciudades para asentar a los veteranos jubilados: Emérita Augusta (fundada por Octavio Augusto al licenciar a las legiones V y X), Itálica (fundada por Escipión para los soldados heridos en la batalla de Ilipa)

Así­ que, cuando los sindicatos se autoproclamen como los ideólogos/inventores de la jubilación

Fuente: Javier Sanz

 
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Publicado por en diciembre 19, 2011 en Artículos

 

El octogenario que derrotó a un batallón de nazis.

Matvey Kuzmin, al que todos llamaban «Biriuk» (lobo solitario), era un anciano de 83 años que vivía en una cabaña de madera en los bosques que rodeaban su pueblo natal, Kurakino (Rusia). En 1942, alejado del mundanal ruido y en plena ofensiva nazi sobre Rusia, sus únicas preocupaciones eran cazar, pescar, recoger leña Hasta que un día se topó con un batallón de la 1ª División de Montaña del ejército alemán.

Matvey Kuzmin

El comandante alemán le ofreció comida, queroseno y un rifle de caza nuevo a cambio de guiarlos por el bosque y poder sorprender al ejército rojo por la retaguardia. Kuzmin aceptó el trato o eso hizo creer a los nazis. Aunque Kuzmin no simpatizaba con el régimen stalinista, tampoco era un traidor. Mientras los alemanes planificaban la estrategia de ataque, Kuzmin consiguió avisar a Vasilij (hay versiones que dicen que era su hijo y otras que su nieto) de su plan: atravesarían el bosque, por la ruta más difícil para agotarlos, hasta las cercanías de Malkino donde había un lugar idóneo para que el ejército rojo, avisado por Vasilij, los emboscase.

Tras varias horas de marcha, con la nieve hasta las rodillas, agotados y temblando de frío llegaron al punto elegido para la emboscada. Si Vasilij no había llegado a tiempo o no había podido avisar a los rusos estaba perdido. De repente, los rusos salieron de su escondite y comenzaron a disparar sus ametralladoras los alemanes habían caído en la trampa. En medio de la refriega, y antes de caer abatido, el oficial alemán mató a Kuzmin. Sólo unos pocos alemanes pudieron huir de aquella encerrona.

La historia de Kuzmin pasó sin pena ni gloria hasta que el periodista de Pravda, Boris Polevoy, escribió el artículo «El último día de Matvey Kuzmin» que luego se convertiría en un cuento infantil.

En 1965 fue nombrado, a título póstumo, Héroe de la Unión Soviética, convirtiéndose en la persona de más edad que recibe esta condecoración.

Fuentes: Vida y muerte de Kuzmin, Javier Sanz

 
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Publicado por en diciembre 19, 2011 en Artículos

 
 
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