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Dioses Solares… Escrito en las Estrellas.

04 Ene

A propósito del solsticio de invierno que se inicia precisamente en el mes de diciembre, por el que los días comienzan a ser más largos y en el que las tinieblas ceden terreno ante la luz, a continuación hablaremos de los “dioses solares”, de esos mensajeros de la divinidad en la Tierra.

Júpiter
Saturno o Cronos, rey del tiempo, devoraba a sus hijos tras su nacimiento, temeroso de que alguno de ellos le quitara su reino. Su mujer, ante el ominoso acto, optó por darle una piedra envuelta en un pañal, al nacimiento de su hijo Júpiter. Saturno que no parecía tener buen paladar, cayó en el engaño; el niño fue salvado y dejado bajo el cuidado de las Coribantes. Fue amamantado por la cabra Amaltea, de la cual manó un chorro de leche que surco el cielo con el nombre de Vía Láctea. Júpiter crecería y derrocaría más tarde a su padre, instalándose como Supremo Rey Olímpico, más allá del tiempo.

Krishna
Cuando Devaki iba a casarse con Vasudeva, Kansa, su hermano y poderoso Rey, la llevaba en su carro nupcial cuando una voz surgiendo del espacio le anunció que el octavo de sus hijos le daría muerte acabando con su inicuo poder. Kansa estaba dispuesto a matar a Devaki en ese mismo momento, pero Vasudeva, el futuro padre, prometió al maligno Kansa que le entregaría todos sus hijos. Desde aquel día se sucedieron las vicisitudes. Perdieron los hijos que tenían, pero el octavo, nacido en la cárcel donde se hallaban Devaki y Vasudeva, se salvo milagrosamente. Tras hacer dormir “mágicamente” a todos los guardianes del palacio, salieron de sus mazmorras con el recién nacido en brazos con el fin de dar un cambio y hacerle pasar por el hijo de Rohini, quien habría de cuidarle como madre. ¿Su nombre? Krishna, quién vencería con inigualable filosofía a sus enemigos.

Representación del Dios hindú Krishna en su actividad creadora de todos los mundos materiales y espirituales, mientras que Maha-Visnú duerme en el océano exhalando una infinidad de Universos.

Osiris y Horus
He aquí a otro Padre-Sol y su hijo, lógicamente también Sol. Los egipcios, al comprobar que un día es un año en pequeño, no dejaban cada día de rendir culto al Sol y su mito. De este modo, el Sol en su salida, es el pequeño Sol-niño naciente.

Cuando llega a su zenit, representa al Padre Inmanifiesto, ya que desde la latitud 23,27, al mediodía, en el solsticio de verano, no proyecta sombra alguna. Sin embargo, al alcanzar las “las puertas de Occidente”, comenzaba a ser devorado por el abominable poder de las tinieblas. Igual que en el mito anual. El Sol se introducía entonces bajo la línea del horizonte, visitando el mundo de los muertos, “La Duat”, dando la luz del Espíritu a quienes se hallaban en ese “Hades Egipcio”.

Si el Sol era vencido diariamente por Seth, príncipe de las tinieblas, también cada día era vengado por el Sol naciente Horus, su hijo.

La esposa de Osiris es Isis, la Divina Luna, también llamada Divina Madre o “Devi Prakriti”; ella no es solamente quien recibe su luz pasivamente, es el soporte activo del espíritu manifiesto.

Osiris tiene un hermano llamado Seth o Tifón. Realmente cuando la luz aparece, automáticamente surge una sombra hermana. El Sol inmanifiesto es el UNO, mas al proyectarse surge el DOS o DUALIDAD (Isis). Seth, como antromorfización de la sombra, domina y triunfa sobre Osiris (la Luz) en el solsticio de invierno.

Seth preparó una cena donde dio muerte a Osiris (su Última Cena), colocándole en un cofre a su medida y arrojándole al Nilo. Isis, tras múltiples peripecias, halló en Biblos el cadáver de su esposo. Después tuvo que recomponerlo, pues se hallaba fraccionado en 14 pedazos (los días que componen medio ciclo Lunar) faltándole el Falo. (El poder generador del Sol, negado en solsticio de Invierno.)

Finalmente Horus, el Sol-naciente, vengará a su Padre, dando muerte a su tío Seth.

A pesar de la variedad argumental, el mito solar siempre gira en torno al nacimiento de la Luz, su triunfo, su persecución, su muerte y su posterior resurrección, tal como la metáfora viviente del Sol a su paso cada año por el zodíaco.

Muerte y resurrección
Osiris murió despedazado, Orfeo también, Krishna murió a consecuencia de un flechazo Jesucristo muere crucificado. Todos ellos mueren sacrificados en el signo de Aries (el cordero), para resucitar luego de descender tres días a los infiernos.

En la Luna llena inmediata al equinoccio de primavera se celebra la muerte de Mithra, de Osiris, de Adonis, de Athis ¿Alguien duda todavía de la coherencia Solar, cuando miles de años después, celebramos igualmente, la muerte de Cristo en esa misma fecha.

Jesucristo tenía 12 apóstoles, uno por cada signo del zodíaco. Formaban un núcleo de 13. Trece son también las lunaciones que se producen a lo largo del año, más una incompleta o más débil que traiciona al conjunto. Judas simboliza ese traidor y el signo de Escorpio, la entrega de la Luz del Sol a la “Hermandad de las Tinieblas”. Será pues “robado” por dos signos, Sagitario y Capricornio. Jesús es crucificado entre dos ladrones, más uno de ellos (Capricornio) se arrepentirá. (Ya hemos visto como siendo el solsticio de invierno la noche más larga, la luz comienza no obstante a crecer; es decir, simbólicamente Capricornio se arrepiente de su “robo”.)

Podemos pensar que al hablar de mitos Solares, nos hallamos frente a una traslación cultural que corre desde el Indostán a Oriente Medio, pasando por Grecia. Pero ¿Qué pensarían los españoles que al llegar a América se encontraron con los viejos mitos Solares absolutamente paralelos a su cultura? Por ejemplo Quetzalcoatl. Este hombre dios llegó, según la leyenda indígena, de Oriente. Fue engendrado por el Sol (Tomnacatecutli) en el seno de una virgen llamada Chimalma. Su oponente tenebroso fue Tezcatlipoca. Pero lo más sorprendente es que se le ha llamado, según ciertos documentos, estrella de la mañana, exactamente igual que el Horus egipcio.

En el Codice Vaticano se le representa con los brazos extendidos sobre una cruz, y existen otros documentos donde se encuentra crucificado entre dos ladrones(?)

A: se corresponde con el mediodía, el solsticio de verano y la luna llena.

B: se corresponde con el crepúsculo, el equinoccio otoñal y cuarto menguante.

C: se corresponde con la medianoche, solsticio de invierno y luna nueva.

D: se corresponde con el amanecer, equinoccio de primavera y cuarto creciente.

La línea de D a B se corresponde con el horizonte, y la de C a A, al Zenit y Nadir. Forman la cruz del espacio-tiempo, pues marcan el inicio de las estaciones y los cuatro puntos cardinales. Son también las aspas del Molino Cósmico o Molino de las Edades, triturando bajo su muela la conciencia egocéntrica de los humanos hasta metamorfosearla en polvo de estrellas.

 

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