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Archivos Mensuales: febrero 2012

FÁBULA: Una historia de Tontos.

Quiero compartir una pequeña y maravillosa fábula que mi buen amigo Javier compartió conmigo por email. Trata sobre los tontos:

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas.

Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso.

Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:

– Lo sé señor, no soy tan tonto, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.
De esta bella fábula y una vez identificado los verdaderos tontos se pueden sacar las siguientes moralejas:

La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.

La segunda: Quien se cree listo puede hacer el tonto.

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.

La cuarta: Nos reímos mucho más de las estupideces de un “listo” que de los errores de un tonto.

La quinta: Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

Os sugiero volver a leerla pasados unos días e incluso, memorizarla para que nunca se nos olvide.

 
 

70 libros de metal hallados en Jordania podrían cambiar la historia bíblica.

Un descubrimiento que puede ser el más grande desde el hallazgo de los Rollos del Mar Muerto, ha puesto en alerta a los estudiosos de la historia bíblica. Una antigua colección de 70 libros diminutos, encuadernados con alambres, podrían develar algunos de los secretos de los primeros días del Cristianismo.

Estas tablillas podrían cambiar nuestro entendimiento sobre la Biblia.
Los especialistas están divididos en opiniones en cuanto a su autenticidad, pero comentan que de verificarse como auténticos pasarían a ser uno de los descubrimientos más importantes que rivalizaría en importancia con el de los Rollos del Mar Muerto en 1947.

En páginas no más grandes que una tarjeta de crédito, se encuentran imágenes, símbolos y palabras que parecen hacer referencia al Mesías y, posiblemente, a la crucifixión y resurrección. Además, algunos de los libros se encuentran sellados, despertando la duda en los académicos sobre si podrían ser en realidad la colección perdida de códices mencionada en el Libro de las Revelaciones de la Biblia.

Los libros fueron hallados hace 5 años en una cueva sita en una remota parte de Jordania donde se sabe que los refugiados cristianos huyeron luego de la caída de Jerusalén en el 70 d.C. Documentos importantes del mismo periodo han sido previamente descubiertos en la zona.

Las pruebas metalúrgicas iniciales indican que algunos de los libros se remontarían a alguna fecha cercana al primer siglo Después de Cristo. Esta estimación se basa en la forma de corrosión que se presenta, la cual los expertos dicen que es imposible lograr artificialmente. Si esta fecha se verifica, los libros serían de los primeros de la Era Cristiana, anteriores a los escritos de San Pablo.

El prospecto que podría contener historias contemporarias de los días finales de la vida de Jesús, ha entusiasmado a los estudiosos aunque siguen tomando el tema con pinzas debido al hecho que previamente hubo casos de falsificaciones bastantes sofisticadas.

David Elkington, un británico erudito en historia antigua de las religiones y arqueología, y uno de los pocos en examinar los libros, declaró que bien podrían ser “el descubrimiento más grande en la historia del Cristianismo”.

“Es emocionante pensar que tenemos en las manos objetos que pudieron haber sido sostenidos por los primeros santos de la Iglesia”, agregó.

Los expertos especulan con que estos pequeños libros podrían ser la colección perdida de códices referida en el Libro de las Revelaciones.
Pero los misterios que se encuentran en sus ancestrales páginas, no son el único acertijo a resolver. Hoy en día, sus orígenes también son un enigma. Luego de su descubrimiento por parte de un beduino jordano, el tesoro fue adquirido por un israelí, quien dijo haberlos contrabandeado fuera de la frontera hacia Israel, donde aún permanecen.

De todas formas, el gobierno jordano se encuentra en tratativas desde los más altos niveles para repatriar y salvaguardar la colección. Philip Davies, profesor emérito de estudios bíblicos en la Universidad de Sheffield, declaró que había evidencia sólida que los libros tenían un origen cristiano debido a placas que muestran un mapa de la ciudad santa de Jerusalén. “Cuando vi eso me quedé estupefacto”, dijo. “Es claro que se trata de una imagen cristiana. Hay una cruz en primer plano, y detrás de ella lo que sería una tumba [de Jesús], un pequeño edificio con una apertura, y tras ello los muros de la ciudad. En otras partes de los libros también se describen murallas y es casi seguro que se refiere a las de Jerusalén. Es una crucifixión que se lleva a cabo fuera de los muros de la ciudad”, explicó el profesor.

El equipo británico actual encargado del descubrimiento teme que su presente “guardián” israelí pueda pensar en vender algunos de los libros en el mercado negro, o peor destruirlos. Pero el hombre que tiene los libros lo niega y afirma que han estado en su familia por 100 años.

La Dra. Margaret Barker, ex presidente de la Sociedad para el Estudio del Antiguo Testamento, dijo: “El Libro de las Revelaciones habla sobre libros sellados que solo eran abiertos por el Mesías. Otros textos del mismo periodo cuentan historias sobre libros sellados conteniendo gran sabiduría y una tradición secreta pasada por Jesús a sus discípulos más cercanos. Ese es el contexto de este descubrimiento”.

Fuente: Arkantos

 
 

Hallan en una tumba de Jerusalén la evidencia arqueológica más antigua del cristianismo.

Un examen arqueológico en una tumba intacta del siglo primero en Jerusalén ha revelado una serie de osarios de piedra caliza que están grabados con una inscripción en griego y una única imagen iconográfica, unos signos que, según los estudios llevados a cabos por los expertos, se identifican como “claramente” cristiano. De este modo, se ha hallado la evidencia arqueológica del cristianismo más antigua.

Imagen de Jonás en las Catacumba de San Sebastian, Roma.

Así, los científicos han indicado que la inscripción griega de cuatro líneas en el osario hace referencia a que Dios “asciende” a alguien, mientras que la imagen tallada muestra lo que parece ser un pez grande con un hombre en su boca. En este sentido, el equipo de la excavación señala que esta figura evoca a la historia bíblica de Jonás.

En los primeros libros del Evangelio Jonás y su historia se han relacionado con la resurrección. Así, las imágenes de Jonás son habituales en los inicios del llamado arte cristiano y, por ejemplo, se ha hallado en catacumbas romanas. Según han destacado los arqueólogos, los motivos relacionados con esta historia son los más comunes en las tumbas cristianas como símbolo de la esperanza de la resurrección.

La tumba hallada ahora es anterior al 70 d.C, cuando el osario en Jerusalén se dejó de usar tras la destrucción romana de la ciudad. En consecuencia, si estos símbolos significan los que los expertos creen, éstos supondrían el primer registro arqueológico de los cristianos que se han encontrado.

En cuanto a los detalles de la excavación, los científicos han indicado que los grabados fueron, muy probablemente, hechos por algunos de los primeros seguidores de Jesús, pocas décadas después de su muerte. Además, han apuntado que, en conjunto, la inscripción y la imagen de Jonás son testimonio de la fuerte fe en la resurrección que existe entre los cristianos de esa época. Ésto lleva a pensar que la tumba es anterior a la redacción de los evangelios, ha explicado los arqueólogos.

Inscripción en griego.
El autor principal de este estudio, publicado en http://www.bibleinterp.com, James D. Tabor, ha explicado que la mayoría de los eruditos cristianos se muestran escépticos ante cualquier resto arqueológico en un período tan temprano, tal y como ha ocurrido con el descubrimiento de una tumba en 1980 que contenía osarios con inscripciones relacionadas con Jesús y su familia, incluyendo una que dice: “Jesús, hijo de José”.

Al respecto, Tabor ha indicado que “el contexto lo es todo en la arqueología” y ha apuntado que “estas dos tumbas, a pocos metros de distancia, siguen las costumbres de la época y probablemente están relacionadas con una familia rica”. “Se ha elegido para investigar esta tumba debido a la proximidad a la llamada `tumba de Jesús’ para saber si daría resultados inusual”, ha señalado.

Así, han determinado que la tumba que contiene los nuevos descubrimientos es de modesto tamaño y está cuidadosamente tallada en roca en una de las cuevas en las que era habitual enterrar a seres queridos en Jerusalén entre el año 20 d.C y el 70 d.C.

Detalle de imagen de Jonás en la fachada del osario.

Fuente: Los 32 Rumbos

 
 

El Vaticano expone sus archivos secretos.

Por primera vez, el Archivo Secreto Vaticano, creado en el 1612 por Pablo V Borghese, expone sus tesoros nunca vistos. Objeto durante siglos de fantasías, al estilo Dan Brown y sus «Ángeles y demonios», el archivo de los Papas ha estado considerado siempre en el imaginario colectivo como el más secreto e inaccesible de los archivos. Ahora, pergaminos, manuscritos, códigos y cartas, en total 100 documentos legendarios, seleccionados entre millones que el Vaticano ha guardado celosamente durante siglos, serán mostrados en los Museos Capitolinos de Roma, desde hoy hasta el 9 de septiembre.

Titulada «Lux in Arcana», la exposición quiere subrayar la luz que se filtra en los recovecos del archivo. El objetivo es contar en qué consiste y cómo funciona el Archivo Vaticano, a los 400 años de su fundación. La elección de los Museos Capitolinos, fundados en 1471 cuando el Papa Sixto IV regaló al pueblo romano estatuas de bronce de gran valor simbólico, se ha hecho para recordar la relación entre Roma y el Papado, desde la época medieval.

Entre los documentos que más emocionan está el texto de la abjuración que se le hizo firmar a Galileo el 22 de junio de 1663. El más espectacular es el llamado Pergamino de Chinon, de 60 metros, de 1308, sobre las confesiones de los Templarios. En realidad, todos despiertan interés y curiosidad, porque se ha hecho una selección que pueda seducir a un vasto público.

El Archivo Secreto del Vaticano (secretum en latín significa «privado», propiedad del Papa) recoge todos los documentos de la Iglesia desde el siglo VIII hasta la actualidad. Con sus 85 kilómetros de estanterías, es uno de los centros de investigación histórica más importante del mundo. En 1810, cuando Napoleón dominaba en Roma, ordenó confiscar esos documentos y los transportó a París, llenando 3.239 estantes de cartas y pergaminos. Volvieron a Roma en 1815, pero diezmados, porque para reducir los costes del transporte acabó en la basura casi toda la documentación judicial considerada de menor interés o dañina para los herederos de los imputados. De todas formas, se destruyeron documentos importantes, como las actas del proceso a Giordano Bruno, del que solo hay un resumen en el Santo Oficio.

El Archivo Secreto Vaticano abrió sus puertas a los investigadores en 1881. Para estudiar sus cartas y algunos de sus documentos nacieron en Roma institutos culturales extranjeros. Desde entonces, el Papa concede acceso a los documentos con límites de tiempo, establecidos no por años, sino por pontificado. Los investigadores pueden hoy consultar documentos hasta la muerte de Pío XI (1939). El pontificado de Pío XII se mantiene todavía en secreto, bajo llave en un búnker subterráneo para garantizar una mejor conservación.

Unas 1.200 personas, de todas las nacionalidades y religiones, consultan cada año este archivo, el más grande del mundo y extenso cronológicamente. Los amantes de documentos sugestivos, verdaderos tesoros nunca vistos en público, tienen una cita con la historia en los Museos Capitolinos.

Los Secretos
Bula Inter Caetera

También llamada bula de partición, porque el Papa Alejandro VI determinó el futuro del Nuevo Mundo en ese documento, firmado el 4 de mayo de 1493. El Papa concedió a los Reyes Católicos la posesión de todas las tierras «halladas y por hallar» al oeste de una línea imaginaria situada entre el Polo Norte y el Polo Sur. El Papa pidió a los monarcas de ambos países que enviaran misioneros para convertir a los indígenas al cristianismo.

Abjuración de los templarios

En 1307, el Rey Felipe IV de Francia hizo arrestar a todos los templarios del reino, con acusaciones de herejía, idolatría, sodomía Los caballeros legendarios admitieron, bajo tortura, culpas tremendas. Ante ello, el Papa Clemente V ordenó su detención. Los testimonios de templarios que sobrevivieron a las torturas fueron recogidos en un precioso documento en latín, de 1308, llamado el Pergamino de Chinon.

Proceso a Galileo

Un grueso volumen recoge el proceso, que duró de 1616 a 1633, contra Galileo, que terminó por renegar del descubrimiento copernicano de que la tierra gira alrededor del sol. Las palabras del documento se conocían: «Yo Galileo Galilei he renegado» Sobrecoge ver esas letras, que parecen alargarse en las hojas amarillentas. La firma con la mano temblorosa de Galileo hace revivir el sufrimiento del astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano, al final de los interrogatorios de la Inquisición.

El divorcio rechazado de Enrique VIII

Entre los tesoros más singulares de esta exposición se muestra un gran pergamino, acompañado de 81 sellos, firmado en 1530 por 83 lores y dignatarios ingleses con la petición al Papa Clemente VII para que anulase el matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón. El Pontífice rechazó ese divorcio de la primera de las seis mujeres del Rey; como consecuencia, Enrique VIII decidió entonces separarse de la Iglesia de Roma.

Sumario del proceso a Giordano Bruno

El documento de la exposición es excepcionalmente relevante porque las actas del proceso al dominico filósofo se perdieron junto a otros procesos del Santo Oficio. Fueron enviados a la basura en París, adonde Napoléon había trasladado el Archivo Vaticano. Gior- dano Bruno (Nola, 1548) fue quemado por hereje y apóstata el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, donde se le recuerda con una estatua, despertando interés entre estudiosos y hombres de Iglesia.

Excomunión de Lutero

Es otro de los documentos más emotivos de la exposición. El 15 de junio de 1520 León X publicó la bula de excomunión de Lutero, titulada «Exsurge Domine». Cuando Lutero la recibió se dirigió al basurero de la ciudad y, junto con el Derecho Canónico, la arrojó a las llamas. La ruptura estaba consumada. Un fraile había osado levantarse él solo ante todo un sistema religioso de más de mil años de antigüedad, con el solo apoyo de la Palabra de Dios.

La supremacía de los Papas

Son 27 las propuestas dictadas por el Papa, de su viva voz, incluidas en el registro oficial para afirmar la supremacía pontificia sobre cualquier otro poder, comprendido el del emperador. El «Dictatus Papae de Gregorio VII» precisa que el Papa puede reformar cualquier sentencia dictada por otros, que a él solo los Príncipes le deben besar los pies y que ninguno lo puede juzgar. La afirmación más fuerte es la XII: «Le sea lícito deponer a los emperadores».

La Inmaculada Concepción

El documento papal es una carta solemne («Bolla Inefffabilis Deus») proclamando el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854. El 1 de junio 1848 Pío IX instituyó una comisión especial de 20 teólogos encargados de dar su parecer sobre la oportunidad de definir el dogma de la Inmaculada Concepción. El 2 de febrero de 1849 Pío IX publicaba tal documento («Ubi primum») pidiendo el parecer de los obispos. Llegaron 603 respuestas: 546 a favor del dogma.

María Antonieta, desde la cárcel

En esta nota sin fecha (debió escribirla a finales de 1792 o primeros de 1793), con poco más de diez líneas, fue escrita en la cárcel. En ella, la reina destronada expresa su amargura: «Los sentimientos de quienes participan en mi dolor, querido cuñado, son el único consuelo que yo puedo recibir en esta triste circunstancia». A su llegada a Versalles, cuando tenía 15 años, la princesa austriaca no podía imaginar su trágico final.

Carta de Elena de Cina a Inocencio X

Convertida al cristianismo, gracias a la predicación de algunos misioneros jesuitas, la emperatriz Wang, que había cambiado su nombre por el de Elena, informa al Papa de haber abrazado, con su hijo Yongli, rebautizado Costantino, la nueva religión. La carta está escrita en seda, adornada con bordados, decorada con el dragón, símbolo del Imperio, conservada en el interior de un preciado tubo de bambú.

 
 

La leyenda del Cristo del Perdón

Se trata un perfecto ejemplo de Cristo románico, del siglo XII, que se halla en la Iglesia de San Esteban de Sos y hay una bonita leyenda que explica porqué se llama Cristo del Perdón.

En la edad media un caballero de Sos asesinó a uno de sus vecinos por celos, ya que la mujer que amaba no le correspondía y en cambio entregaba su corazón al asesinado. La justicia nunca pudo encontrar pruebas incriminatorias contra el caballero, pero pronto el remordimiento se hizo presa de él, viendo todas las noches la imagen de el asesinado en sueños. Por eso el caballero frecuentó cada vez más la iglesia de San Esteban, creciendo una fama de hombre piadoso.

Un día, mientras oraba ante la imagen de Cristo crucificado, llegó la madre del muchacho asesinado para rogarle que intercediera ante el señor para su hijo obtuviese el descanso eterno, y ella consuelo para su alma por la pérdida del hijo amado.

Entonces, el caballero se derrumbó y lloró amargamente, lo que hizo comprender a la madre que se encontraba frente el asesino de su hijo. Él le pidió que le perdonase, pues pensaba entregarse a la justicia, y antes de ser condenado a muerte, quería el perdón de la madre de quien había asesinado. En el corazón de la madre lucharon el deseo de venganza y la necesidad de conceder el perdón.

En ese momento, el Cristo cobró vida, irguió la cabeza que tenía inclinada sobre uno de sus brazos. La madre, al ver este prodigio, cobró fuerzas y otorgó el perdón al asesino de su hijo.

Desde entonces la talla muestra la cabeza erguida con expresión de paz y serenidad, y recibe el nombre del Cristo del Perdón.

 
 

El túnel de los gritos: cuando para sentir una presencia solo es necesario encender una cerilla.

Cerca de las célebres cataratas del Niágara, se encuentra un pequeño túnel al que la población local llama “screaming túnel”, o túnel de los gritos. ¿La razón?, si dentro del túnel encendemos una cerilla notaremos una presencia y escucharemos un grito desgarrador. Ánimo, sacad el fósforo.

Este peculiar lugar se encuentra en Warner Road, y es el paso peatonal bajo la línea de tren que enlaza Toronto y Nueva York muy cerca de las famosas cataratas del Niagara, y según la leyenda local, si uno enciende una cerilla en medio del túnel, se escucha de pronto un grito aterrador y estridente y casi inmediatamente, de la nada, una brisa, como si alguien soplara para intentar apagar el fuego, aparece de repente. El origen de tan peculiar leyenda afirmada por los nativos tiene su origen más de un siglo atrás, cuando una granja colindante al túnel se incendió, y una niña envuelta en llamas corrió tratando de apagar las llamas, pero cayó muerta justo en medio del túnel. Esta es la leyenda original, pero existen dos variantes, la primera, que la niña fue quemada por su propio padre cuando se enteró que su mujer pretendía quitarle la custodia legal de esta. Y la segunda, es que esa niña fue violada en el interior del tunerl y luego quemaron su cuerpo para evitar dejar rastro. Sea como fuere el origen de estas leyendas, el hecho es que con el paso de las generaciones se ha ido desvirtuando, aunque lo que parece cierto es que alguien murió quemado en el interior de tan tenebroso túnel.

El túnel en si es espeluznante, e incluso en un día claro y de buen tiempo, es frecuente encontrar niebla y frías corrientes de aire en su oscuro interior. La gente que entra, incluso la más escéptica en temas paranormales, afirma que en su interior hay algo negativo que puede sentirse, y eso junto con los casos de personas que dicen haber escuchado ese grito al hacer la prueba de encender un fósforo en su interior, hace que sea uno de los lugares más visitados aprovechando la visita a las cataratas. El túnel se utilizó como escenario natural de la la película de 1983, “La zona muerta”, basada en un relato de Stephen King, con Christopher Walken y sigue atrayendo a visitantes, muchos de ellos acaban dando testimonio de la veracidad de la leyenda.

¿Os atrevéis a encender una cerilla conmigo?

 
 

El peso exacto del alma

Desde hace miles de años la creencia en la existencia física de eso llamado “alma” respira y se agita acaloradamente, pese a que, como todo el mundo sabe, no puede ser vista, tocada, oída o siquiera degustada. Platón, que prefería siempre las cosas que venían en paquetes tripartitos, rezongaba diciendo que el alma era la idea eterna que estaba formada por tres partes (una mental, una emocional y otra espiritual) y que, al morir, cada una tomaba su camino y el alma espiritual regresaba a la “dimensión luminosa” de donde a su entender procedían todas las almas.

Aristóteles extendió la noción y se despachó diciendo que todos los seres vivos tienen en sí un principio vital o alma mortal que regula todas sus funciones vitales, y que muere junto a él (las plantas tienen un alma vegetativa; los animales, un alma sensitiva; y los seres humanos, un alma racional).

Y las firmas siguen: Hesíodo dice: “es un aliento que mantiene la vida del cuerpo inanimado y que lo abandona cuando el ser humano muere o está moribundo o desmayado); Hegel :”la manifestación sensorial inferior del espíritu en su nexo con la materia”).

De carne somos

Pero todo siempre fue mero discurso y ahí se quedaba. Nada de experimentación, medición ni observación. Hasta que recién en 1907 el médico estadounidense Duncan Mac Dougall (de Haverhill, Massachusetts) osó hacer lo que ni a Platón ni a Aristóteles se les había ocurrido: pesar literalmente un alma. Decididamente, lo primero que hizo fue comprar una “cama-balanza” que según lo engatusó el vendedor era sensible al peso de un pelo. Así, la armó y la arrinconó cerca de la ventana de su oficina. Lo que le faltaba entonces eran candidatos que dejaran pesar su yo interior más íntimo. Nadie sabe cómo, pero para febrero de ese año había reclutado a seis moribundos (cuatro de tuberculosis, uno de diabetes y el sexto de causas no especificadas). Y así fue: los observó antes, durante y después del proceso de muerte y midió puntillosamente cada cambio de peso. El resultado parecía coincidir en cada caso: exactamente, 21,262142347500003 gramos era la diferencia entre el peso del cuerpo viviente y del cadáver. O dicho en otras palabras, que el alma no sólo existía, tenía masa, sobre ella también actuaba la gravedad y pesaba lo mismo que una moneda de cinco centavos, una barrita de chocolate, una feta de jamón o un colibrí.

Mac Dougall estaba tan entusiasmado con todo el asunto de jugar a la balanza que repitió el experimento con 15 perros que, luego de muertos, no registraron la sustracción de los famosos 21 gramos (para el médico todo cuadraba: sin dudas, ésta era la prueba por excelencia de que los únicos que gozaban de alma eran los seres humanos).

Como un reguero de pólvora, la noticia se filtró y apareció el 11 de marzo de 1907 en la página 5 del New York Times (bajo el título, “Soul Has Weight, Physician Thinks”) antes de que la revista American Medicine aceptara publicar el estudio de Mac Dougall en su número de abril de ese año (el trabajo se llamó “Hypothesis concerning soul substance together with experimental evidence of the existence of such substance”).

Lo curioso es que la “evidencia experimental” consistió en sólo 6 pacientes (una muestra demasiado pequeña), sin hablar del hecho de que Mac Dougall que murió sin pena ni gloria en 1920 nunca precisó a qué se refería con “muerte” (si muerte cerebral, muerte celular, muerte legal, etc.) o si los famosos 21 gramos no se relacionaban, en verdad, con el sudor, el cese de la respiración, la coagulación de la sangre, el vaciamiento de los pulmones o, lisa y llanamente, que la cama-balanza andaba mal.

Después en el año 52 el científico Francis Crick y James Watson descubrieron que al fallecer ciertas estructuras cerebrales desaparecían al morir y el peso de estas oscilan entre los 21 g, se supone que esta zona que se pierde se le denominó conciencia -alma ya que esta zona del cerebro es la que domina esas acciones de la conducta humana.

 
 
 
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