RSS

Joyas malditas

15 May

Algunas joyas esconden extrañas y misteriosas historias que han afectado a sus propietarios, lo que ha provocado que hayan pasado de ser codiciadas piezas a convertirse en poderosas “armas” cuyo supuesto poder de destrucción es capaz de acabar con generaciones enteras.

Fuente inagotable de anécdotas, envidias y admiración, las joyas siguen fascinándonos por su belleza, pero también por su historia, ya que son testigos mudos del paso del tiempo y seguirán existiendo mucho después de que los cuerpos que un dí­a adornaron no sean más que un recuerdo.

Las piedras preciosas han fascinado al ser humano desde tiempos inmemoriales. El hechizo que cautivó al hombre primitivo desde que las vio brillar a la luz de las hogueras en alguna de las cuevas donde buscó cobijo siguió estando presente a través de los siglos. Y los reyes, los príncipes y los poderosos de la Tierra las exhibieron engarzadas en sus coronas o sortijas como símbolos de poder y riqueza. Pero no solo eran apreciadas por su rareza y su belleza o por ser prácticamente indestructibles, sino por los efectos mágicos que tradicionalmente se afirmaba que surtían sobre quienes las portaban. Es más, se ha sostenido que esta clase de piedras se usaron como amuletos mucho antes que con fines de ornamentación al ser consideradas receptáculos de poderosas fuerzas sobrenaturales, como recogieron en sus lapidarios (del latín lapis, piedra) hombres tan ilustres como Teofrasto, san Alberto Magno. Paracelso. Roger Bacon, Alfonso X el Sabio, san Isidoro de Sevilla, Raimundo Lulio. Marbodio de Rennes y Gaspar de Morales, entre otros.

El Diamante Hope

Una joya de belleza incalculable pero maldita según la tradición. Parece ser que adornó la frente de un í­dolo hindú pero fue robado por un sacerdote que más tarde serí­a torturado y condenado por este sacrilegio. Llegó a Europa en 1642 de manos del contrabandista francés Jean Baptiste Tefernier , quien consiguió grandes beneficios con su venta, pero sufrió también de la mí­tica maldición, mientras estaba de viaje por la India fue atacado por una manada de perros rabiosos que acabaron con su vida.

La gema pasó a pertenecer al rey francés Luis XIV, quien redujo su tamaño de 112,5 a 67,5 quilates, pero esto no sirvió para acabar con la mala fama de la pieza, Nicholas Fouquet, que lo tomó prestado para un baile fue acusado de malversación de fondos y condenado a cadena perpetua, la princesa Lambrelle que lo lucí­a a menudo, fue apaleada por el pueblo, mientras que el propio rey murió arruinado y despreciado.En 1980 el famoso diamante fue comprado por el banquero Henry Thomas Hope por 150.000 dólares, pero no fue una buena inversión ya que tiempo después la familia terminarí­a arruinada, sus siguientes dueño no corrieron mejor suerte, todos los que poseí­an el diamante parecí­an sufrir muertes trágicas o infortunios inesperados. El magnate americano Ned McLean lo compró a precio de ganga, uno de sus hijos murió al poco tiempo en un accidente de automóvil mientras que su otra hija lo hizo por una sobredosis y el propio McLean terminó en un manicomio. La joya quedó como parte de la herencia para sus nietos, su última dueña Evalyn McLean apareció muerta en su apartamento sin causa aparente, sólo tení­a 25 años. Harry Winston fue su último comprador y quizá para curarse en salud optó por donarlo a una institución, a la que todaví­a hoy pertenece.

Ópalo maldito en el seno de la monarquía española

La mala fama del ópalo se acrecentó al ser relacionado con una serie de misteriosas muertes acaecidas en el seno de la monarquía española. La leyenda dice que el rey Alfonso XII se enamoró perdidamente de la bellísima aristócrata italiana Virginia Doini, condesa de Castiglione, y que su amor fue correspondido, aunque en el último momento decidió casarse con su prima, María Mercedes de Orleans. La despechada condesa envió a la pareja un regalo de bodas consistente en un magnífico ópalo engarzado en un enorme anillo del oro más puro. La novia se mostró fascinada con la joya y logró convencer al incauto soberano para que se la pusiera en su dedo. Murió a causa de un misterioso mal el 26 de junio de 1878, tan solo cinco meses después de la boda. Tras el funeral, Alfonso le regaló el anillo a su abuela, la reina María Cristina de Borbón-Nápoles, que murió poco después, el 22 de agosto. A continuación el anillo pasó a la hermana de Alfonso, la infanta María del Pilar, que falleció el 5 de agosto del año siguiente, aparentemente víctima de la misteriosa enfermedad que se había cobrado la vida de las otras dos mujeres. Lo mismo le ocurrió a la cuñada del rey, María Cristina, que se encaprichó del ópalo maldito y que, al parecer, no era nada supersticiosa. Sintiéndose culpable y, tal vez, buscando en su sacrificio la manera de redimirse, el rey decidió lucir él mismo el anillo. Murió a la temprana edad de 28 años, después de lo cual su viuda, la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, hizo bendecirlo, engarzarlo en una cadena de oro y que se adornara con él el cuello de la imagen de la patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena, lo que puso fin a la secuencia de muertes.

La maldición del tesoro de Tutankhamón

¿El tesoro encontrado en la tumba de Tutankhamón trajo una fuerte maldición a sus descubridores?nSegún la versión de ellos, el noble inglés George Edward Stanhope Molyneux Herbert, quinto conde de Carnravon, su hija Evelyn Herbert, el egiptólogo Howard Carter y el arqueólogo Arthur Callender, el día que lograron finalmente entrar a la antecámara de la tumba, Carter perforó un agujero en la pared sellada y con gran ansiedad echó un vistazo al interior. Su rostro palideció y murmuró algo ininteligible. Carnravon, impaciente por conocer qué veía su compañero, le inquirió: “¡Carter! ¿Ve usted algo?” Fue entonces cuando el arqueólogo, cegado por los destellos de oro que se abrían paso ante su mirada, solamente pudo decir la célebre frase “Sí. Cosas maravillosas. ¡Cosas maravillosas!” Luego, todos se fueron a descansar hasta el día siguiente en que acompañados por los inspectores del Servicio de Antigüedades, accedieron al interior de la primera cámara de la tumba.Más, cincuenta años después, el egiptólogo Thomas Hoving del “Metropolitan de Nueva York”, estudiando las cartas que componían la correspondencia entre Carter y Carnarvon y los miembros de la excavación que pertenecían al museo americano, descubrió lo que él describe como “uno de los secretos mejor guardados en la historia de la egiptología”. Que ellos mintieron en su versión y que en verdad volvieron a hurtadillas a la tumba. Entraron en ella y alcanzaron incluso la cámara funeraria en donde descansaban los restos de Tutankhamón.Hoving siguió las pistas que le ofrecían las cartas y llegó a una conclusión sorprendente. En su libro Tutankhamun. The Untold Story , (New York 1978) el egiptólogo americano habla de un claro “reparto secreto” de algunas de las piezas procedentes de la tumba, muchas de las cuales, seguramente, procedían de la entrada en aquella noche de noviembre.Esta situación quedó con el tiempo absolutamente clarificada, al encontrarse numerosas piezas del tesoro de Tutankamón en diferentes museos europeos y americanos donde fueron vendidos tanto por Carnarvon y Carter.

La mayor parte de las piezas se encuentra en el propio Metropolitan Museum de Nueva York. Son en total 27 objetos de procedencia variada, principalmente de las colecciones privadas de Carter y Carnarvon vendidas tras la muerte de éstos.Otros museos de Estados Unidos también poseen piezas procedentes de la KV 62. El Museo de Arte de Cleveland, al noreste de Ohio, compró a mediados de los años 70 una pieza interesante. Se trataba de un amuleto de un gato hecho en hematita oscura procedente de la KV 62. La William Rockhill Nelson Art Gallery, en Kansas City, conserva varios fragmentos de oro de un collar procedente de la tumba de Tutankhamón.
Finalmente el Cincinnati Art Museum acoge una de las piezas más insólitas. Se trata de un pantera de bronce con ojos de cristal en actitud acechante, con la cola levantada y la cabeza vuelta hacia un lado. Al igual que otros objetos, provenía de la colección de Carter y muy posiblemente se hallara en la cámara funeraria de la tumba.

La Tabla Esmeralda (un gran misterio)

La tabla esmeralda un gran misterio. Se dice que el poder de la piedra como de sus inscripciones es tremendamente poderoso y puede llevar a una persona, depende como la utilice, a lo mejor y a lo peor…a los polos energéticos del bien y del mal. Esto fue encontrado grabado en una esmeralda encontrada en la tumba de Hermes Trimegisto que vivió en el antiguo Egipto se dice:

Verdadero, sin falsedad, cierto y muy verdadero,
lo que está de abajo es como lo que está arriba,
y lo que está arriba es como lo que está abajo,
para realizar el milagro de la Cosa Unica.
Y así como todas las cosas provinieron del Uno, por mediación del Uno,
así todas las cosas nacieron de esta Unica Cosa, por adaptación.
Su padre es el Sol, su madre la Luna,
el Viento lo llevó en su vientre,
la Tierra fue su nodriza.
El Padre de toda la Perfección de todo el Mundo está aquí.
Su fuerza permanecerá íntegra aunque fuera vertida en la tierra.
Separarás la Tierra del Fuego,
lo sutil de lo grosero,
suavemente,
con mucho ingenio.
Asciende de la Tierra al Cielo,
y de nuevo desciende a la Tierra,
y recibe la fuerza de las cosas superiores y de las inferiores.
Así lograrás la gloria del Mundo entero.
Entonces toda oscuridad huirá de ti.
Aquí está la fuerza fuerte de toda fortaleza,
porque vencerá a todo lo sutil
y en todo lo sólido penetrará.
Así fue creado el Mundo.
Habrán aquí admirables adaptaciones,
cuyo modo es el que se ha dicho.
Por esto fui llamado Hermes Tres veces Grandísimo,poseedor de las tres partes de la filosofía de todo el Mundo.Se completa así lo que tenía que decir de la obra del Sol.

El collar de Maria Antonieta

La reina francesa se ganó una merecida fama de frí­vola entre la corte de su paí­s, pero en el episodio del collar, usado en su contra para precipitar su caí­da, fue una ví­ctima inocente, que nada tuvo que ver con el asunto.El joyero de la corte creó un fabuloso collar de 648 diamantes, que Luis XV habí­a encargado para su favorita. Pero éste murió antes de que la joya estuviera acabada por lo que su amante nunca lo recibió. El obispo de Rohan lo adquiere, pero no lo paga, indicando al joyero (el famoso Boehmer), que se lo cobre a Marí­a Antonieta. El obispo se lo entrega a la falsa condesa de Valois, amante del obispo, que lo traslada a Londres, donde es desarmado y vendido por piezas. Cuando el joyero se lo va a cobrar a la Reina, ésta no sabe de qué le habla. Cuando se descubre el engaño la falsa condesa es enviada a la hoguera, sin embargo el pueblo se solidariza con ella y el asunto del collar queda como un ejemplo más de la frivolidad de la reina, capaz de dilapidar una fortuna en algo tan superficial como un collar, en tiempos de crisis.

Los anillos en el Antiguo Egipto

En las tumbas del Antiguo Egipto se han encontrado numerosas joyas, entre ellas, especialmente anillos. Algunos de los más hermosos ejemplares datan del periodo comprendido entre las dinastías XVIII y XX (mas de 12 siglos antes del inicio de la era cristiana).
Eran anillos de oro puro, de formas simples, pero macizas. Considerados por este pueblo como signo de dominio, o como amuletos a talismanes, se destinaban a proteger a quien los llevara contra fuerzas hostiles y misteriosas. Esto explica los símbolos recurrentes: víboras, escorpiones y otros animales detestables que alejan a los malos espíritus. Escarabajos, conchillas de moluscos y halcones se usaban como protección contra diversos males y adversarios. Otro tema lo representan los símbolos geométricos que tienen cada uno su función como talismán: el ojo de Wedjet (contra el mal de ojo), los símbolos de Djed, Sa Ankl y Tyer (salud, prosperidad, larga vida y otros beneficios personales).

Los anillos talismánicos se fabricaban también para los muertos; según sus tradiciones, ofreciéndoles protección para la “vida” después de la muerte. En los tiempos prehistóricos es posible que tuviesen además, un significado sentimental. Los motivos utilizados se encontraban en estrecha relación con las creencias religiosas de aquella época. Incluso sus colores y materiales tenían significados religiosos. Por ejemplo, el verde, el color de la vegetación o el negro, del suelo fértil; frente al rojo del desierto (ambos símbolos de regeneración). Según los antiguos textos religiosos y literarios, los dioses, que podían tener aspecto humano estaban encarnados entres sustancias: sus huesos en plata (metal más raro y valioso que el oro, para ellos), su carne en oro y sus cabellos y barbas en lapislázuli.

Las tumbas suministraban sortijas de plata, bronce, hierro, arcilla esmaltada o cuarzo. Habían sido llevadas igualmente por hombres como mujeres, ya sea en forma de adorno, como signo de autoridad o como sello.Las que pertenecían a los pobres eran simples anillos de cobre, bronce, cristal o alfarería, mientras que las de los ricos eran verdaderas joyas en oro y plata, cinceladas, con adornos en relieve.Llevaban a menudo grabado en jeroglíficos el nombre y los títulos de sus propietarios. Se han encontrado hechos en otros materiales como marfil, ámbar y piedras duras, tales como cornalina.Era común en la antigüedad que los anillos sirvieran como sellos. Sabemos que los egipcios (tal vez precursores) adoptaron los cilindros empleados en estas tareas por los mesopotámicos y poco después le dieron formato de anillos: Firmaban sus documentos oprimiendo levemente el sello de arcilla, yeso o tierra sigilar para que su impronta hiciera fe en los casos judiciales. El chatón más frecuente en estos casos, es la imagen del escarabajo (símbolo de la deidad solar) esculpida en piedra (cornalina, diorita u otras), arcilla o esmalte, en cuya base se lee una inscripción y jeroglífico grabado en hueco. Otras veces consisten en una placa de oro, piedra o arcilla, e igual que las anteriores, están montadas en pivotes que le permiten girar. Las leyendas que estos anillos, denominados “signatarios” portaban en sus sellos eran de carácter religioso, o en cambio, se trataba de una salutación, lema o nombre propio.Los anillos se usaban además como emblema: el esposo egipcio lo colocaba en el dedo de su mujer en señal de que le confiaba la custodia del hogar y de sus posesiones. De allí nació la costumbre de las “sortijas matrimoniales”.

Los primeros anillos con piedras engarzadas, se estima que aparecieron en Babilonia, y de allí pasaron a Egipto. En cuanto a su confección, la lista de materiales resulta larga y variada. Nubia aportaba la riqueza de sus yacimientos auríferos; las sierras del desierto proporcionaban minerales como pizarras, obsidiana y una serpentina de maravilloso color verde. El lapislázuli, en su tono cálido azul turquesa, era típico de las joyas más modestas.

Los joyeros egipcios disponían además de distintas especies de piedras preciosas y semipreciosas, como diamantes, amatistas, turquesas, rubíes, jaspes, cornalinas, etc. Se mostraban muy hábiles en el arte del lapidador, o sea, en la talla de estas piedras finas, empleando el esmeril para atacar las más duras.

Diamante Kohinoor

Diamante Kohinoor: pesa 108,93 quilates y es un diamante de talla oval. Anteriormente pertenecía a príncipes indios, poseía forma redondeada y pesaba en bruto 186 quilates. Fue adquirido en 1739 por el Sha de Persia, que lo llamó “Montaña de la Luz” (Koh-i-noor). Tras su adquisición por la East Indian Company, fue regalado a la Reina Victoria en 1850. Tras su tallado, pasa a formar parte de la corona de la Reina Maria (esposa de Jorge IV), para terminar en la corona de la Reina Isabel.Una curiosa leyenda acerca del Kohinoor afirma que pertenecía al dios del sol, que a su vez lo cedió a su discípulo Satrajit; fue robado más tarde por un pariente de Satrajit, y después un león mató al ladrón y entregó la piedra al dios Krishna, que devolvió a Satrajit… solo para que este se la devolviera a su vez a Krishna cuando este se casó con su hija como parte de su dote. Krishna, finalmente, la entregó de nuevo al dios del sol.El sarcófago de diorita (un tesoro misterioso).El astrónomo escocés Duncan Lunan comenta en su libro Interstellar Contact (Bantam,1974), que cuando los obreros del califa egipcio Al-Mamún consiguieron irrumpir en la Gran Pirámide de Keops en el año 800 de nuestra era, se sorprendieron al descubrir que el gran sarcófago en la Cámara del Rey no tenía tapa, aunque había sido diseñada para portar una. Los profanadores de tumbas se quedaron atónitos al descubrir “un pozo” no muy lejos del punto en que lograron forzar la entrada al pasadizo ascendente que conduce a la Cámara del Rey.”La parte superior del pozo”, escribe Lunan, “había sido sellada originalmente, pero en algún momento, se le abrió desde abajo con suficiente fuerza como para dañar el muro adyacente, como si se hubiera hecho uso de explosivos”. El autor sugiere la posibilidad de que si la pirámide de Keops efectivamente fue profanada por desconocidos que hicieron uso de dicha ruta, resulta factible que se hayan llevado la tapa del sarcófago de diorita, que portaba “un archivo computarizado que conservaba la pirámide”. Lunan agrega que estos desconocidos sabían exactamente a dónde dirigirse, y que sellaron la pirámide después de salir, “como si jamás hubiera sido profanada”.Algunos podrán creer que el destacado astrónomo pudo haberse dejado llevar por sus propias especulaciones en este caso, pero tanto estudiosos como arqueólogos y esotéricos se han preguntado sobre el propósito del enigmático sarcófago de diorita que ocupa el centro de la Cámara del Rey. Todas las partes -tanto conservadores como librepensadores- concuerdan en que jamás se le utilizó como la sepultura de un faraón olvidado, ya fuese Keops o algún otro. ¿Qué objeto pudo haberse colocado, con devoción y reverencia, dentro del sarcófago de diorita? ¿Qué objeto sin nombre merecía ser consagrado de tal modo en los albores de la civilización humana?En su obra maestra, La octava torre, John Keel sugiere la posibilidad de que la Gran Pirámide y la enigmática cámara con el sarcófago de diorita pudieron haber sido utilizadas para albergar un artefacto de origen sobrenatural, tal vez el Arca de la Alianza o hasta el misterioso fragmento de piedra meteorítica conservado en la Kaaba en La Meca. De ser así, bien pudiera ser que estuviésemos de cara al más importante de los artefactos misteriosos: un dispositivo multimilenario colocado por una civilización extrahumana o parahumana para vigilar el progreso de la recién nacida humanidad, o influenciar el desarrollo de nuestra especie en formas insospechadas.La perspectiva de Keel sobre el asunto no es tan benigna. La “octava torre” que sirve de título a su obra es “una especie de cápsula de tiempo electrónica, que sigue funcionando sin sentido ni propósito después de millones de años”, plagándonos con fenómenos parafísicos como los OVNI y seres extraños, y tal vez rigiendo las oleadas de locura que afectan a la humanidad siglo tras siglo.¿Resulta posible combinar las teorías de Lunan con las de Keel? Si alguien profanó la Gran Pirámide en algún momento de la antigüedad, con pleno conocimiento de lo que se albergaba adentro, y lo extrajo, ¿dónde está ahora? Si el mayor de todos los “objetos fuera de sitio” resulta ser el superordenador paranormal plasmado en los escritos de Keel, ¿cuál sería su paradero actual?El sendero de la especulación nos invita a proseguir: existe la posibilidad de que la misteriosa piedra negra conocida como la Kaaba, venerada en Arabia Saudita hasta el día de hoy por mil millones de musulmanes, sea el objeto en cuestión. También podría ser el enigmático cubo de Gurlt, que desapareció de manera oportuna durante la confusión de un bombardeo aéreo. El objeto puede estar oculto en cualquier parte del mundo, custodiado por una “hermandad” dedicada a protegerla contra los profanos. El mismo Duncan Lunan ofrece la posibilidad de que los seres extraños descritos por el profeta Ezequiel alrededor del 600 a.C. formaban parte de una misión de rescate espacial encargada de recuperar el objeto. La verdad del asunto casi seguramente será más extraña que la ficción.

El platino un antiguo tesoro perdido

La historia del platino, el llamado “metal nuevo” es mucho más antigua de lo que se cree. Los meteoritos contienen platino y el primer meteorito que se conoce se estrelló contra la tierra hace 2 billones de años. Puesto que tan raro y seductor tesoro ha aparecido de modo esporádico a lo largo de la historia, también ha desaparecido de improviso y misteriosamente durante siglos, embrujando y encantando a quienes se cruzaron con él. Los antiguos egipcios, las civilizaciones Preincaicas y los Conquistadores españoles dieron, todos ellos, con el platino. Volvió a aparecer en el s. XVIII para fascinar tanto a reyes como a alquimistas. El platino ganó popularidad en los s. XIX y XX y hoy es el metal precioso que eligen las estrellas del cine y las celebridades del mundo literario y artístico.

Anuncios
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: