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La leyenda de la gárgola fotógrafo de la catedral de Palencia

26 May

No poca extrañeza ha provocado el descubrimiento que alguna personas han hecho recorriendo los exteriores de la catedral de Palencia, «la bella desconocida», situada entre las primeras de España, cuya construcción comenzó en el año 1321, prolongándose hasta finales del siglo XV. Se trata, esta es la historia con leyenda, de la presencia, en piedra, de una gárgola que representa la figura de un fotógrafo vistiendo largo levitón y sujetando entre sus manos una cámara fotográfica de las llamadas de fuelle. La extraña figura, a todas luces extemporánea, ocupa su sitio entre otras gárgolas representando figuras de arpías, esqueletos y leones alados.

La figura en cuestión está situada en el exterior de una de las siete capillas absidales, frente al hospital de San Bernabé, y parece colocada allí para despistar expresamente a los estudiosos del arte ojival, a quienes resulta muy difícil comprender cómo es posible que la estatua de un fotógrafo adorne el contorno de una catedral construida hace más de cinco siglos. Es preciso añadir, además, que el estado de conservación de la estatua es muy similar al del resto de las figuras, también labradas en piedra, colocadas cuando se construyó el templo. Por otro lado, la escasísima -por no decir nula- documentación que existe sobre el tema contribuye de forma notable a la confusión.Sin embargo, era lógico pensar que la presencia de ese fotógrafo en piedra había de tener una explicación más o menos racional que la de aquellos que llegaron a pensar, a la vista de la figura, que lo constructores de la catedral de Palencia ya conocían, cuatrocientos años antes de que se inventara, la cámara fotográfica.

La explicación hay que buscarla en la restauración última que se hizo en el exterior del primer templo palentino, que corrió a cargo del arquitecto don Jerónimo Arroyo. La obra, que tuvo lugar entre los años 1908 y 19 10, tenía como objeto la restauración de una gárgola que se había desprendido varios años atrás, cuya colocación fue encomendada al ya citado arquitecto, padre, por cierto, del también arquitecto don Gaspar Arroyo, que pereció en el incendio del edificio de la Diputación palentina en el año 1966.

Don Jerónimo Arroyo, muy aficionado a la escultura, tuvo la feliz ocurrencia de dar un «toque original» a la restauración de la obra que le habían encomendado, y en lugar de construir una gárgola similar a la que originariamente estuvo colocada en el exterior de una de las capillas absidales, prefirió saltarse el rigor histórico de la obra y construir la figura de un fotógrafo que, casualmente, era íntimo amigo suyo, y del que únicamente hemos podido averiguar que se llamaba «señor Alonso». Ni corto ni perezoso, el arquitecto realizó la escultura dedicada a su amigo retratista, que una vez terminada pasó a ocupar un sitio de honor entre las otras figuras de mediados del siglo XIV.

Desde entonces, el señor Alonso comparte su espacio con las arpías, los leones alados, esqueletos y demás figuras frecuentemente utilizadas en gárgolas, pináculos y chapiteles.

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