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La leyenda del “Paudelume” y el gigante en Galicia

03 Jun

En tiempos de mouros, o sea en aquellos tiempos del pasado en que reinaba la magia, había en estas tierras un gigante llamado Nemoto Brego famoso y temido por su gran fuerza y valor. Se decí­a de él que mataba jabalíes con la sola fuerza de sus puños.

En una ocasión en que él y sus gentes estaban siendo atacadas por sus enemigos, se refugiaron tras los solidos muros de una fortaleza que habí­a en el lugar hoy llamado O Castro en el pueblo de Coba. Una noche de luna llena, los enemigos comenzaron el asalto final atacando las murallas y lanzando fuego incendiando casas y pajares. El fuego también prendió en el extremo de un enorme tronco hueco de castaño que alguien había traído al poblado. Estaba lleno de paja ya que estaba siendo usado como albergue para animales pequeños.

El enemigo en aquella noche dantesca, consiguió abrir una brecha en el muro y estaban preparándose para el asalto final. Nemoto Brego cogió el tronco en llamas y el solo, con su descomunal fuerza lo llevó hasta la brecha de la muralla, cuando los enemigos se lanzaron al asalto, aullando como una manada de lobos, Nemoto Brego comenzó a soplar con todas sus fuerzas por el interior del tronco en llamas, y por el otro extremo salió una gigantesca llamarada que sorprendió a los atacantes. Sus ropas, barbas y cabelleras comenzaron a arder, Nemoto Brego llenaba una y otra vez sus inmensos pulmones de aire y lanzaba por el tronco llamaradas tan grandes como las que lanzan hacia el cielo los castaños viejos atacados por un incendio en una noche de verano.

Los enemigos, muchos de ellos envueltos en llamas huí­an despavoridos, Nemoto Brego cogió el tronco y con el a hombros se dirigió al centro del campamento enemigo, soplando, lanzaba llamaradas que prendieron en todo lo que encontraba en su camino.

Después de esta sorprendente victoria, todos los habitantes del poblado comenzaron a golpear con sus armas el tronco hueco todavía en llamas, produciendo un ruido ensordecedor que acompañaban con los arrullos de combate. La celebración continuó hasta el amanecer.

Como recuerdo de este hecho se celebraba la fiesta del “Paudelume”, o palo de fuego. Se celebraba en una noche de luna llena tras prender fuego a un tronco de castaño seco relleno de paja y mientras unos lo golpeaban rítmicamente con armas o con palos, otros arrulaban y cantaban a su alrededor.

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