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Archivos diarios: junio 16, 2012

Ca´dario: la casa asesina de Venecia

Es muy difícil igualar el encanto arquitectónico que regalan los palacetes del Gran Canal Veneciano. Innumerables inmuebles con varios siglos de antigüedad, que permanecen estáticos aguantando el paso del tiempo. Un lujo paisajístico que muchos turistas aprecian cuando viajan a la gran laguna.

Pero además, Venecia cuenta con un gran número de leyendas e historias que resaltan aún más su misterio innato. Leyendas como por ejemplo la de Ca´Dario. Una casa maldita que según cuentan, ha ido matando uno a uno a todos los que han osado invadir sus estancias.

Entre todo ese ramillete de casas sobre el canal, uno se encuentra frente a frente con la desafiante Ca´Dario. Un hermoso palacete con una inquietante torre ligeramente inclinada y una fachada plagada de mármol blanco.

Todos allí saben de su historia, su tétrica historia. Y es que según cuentan, los propietarios de la casa (desde el primero en 1487 hasta el último en 1993) murieron de forma violenta tras adquirir la propiedad. Muy pocos han logrado salvar la vida, muriendo finalmente de forma natural a lo largo de los 5 siglos de existencia del palacete.

El nombre de Ca’ Dario le viene dado por el senador y comerciante veneciano Giovanni Dario. En 1487, encargó el proyecto al arquitecto Pietro Lombardo en un antiguo cementerio de Templarios. Los más supersticiosos achacan a este hecho el largo historial de desgracias del bellísimo edificio veneciano.

Años más tarde del fallecimiento del cabeza de familia, senador y comerciante, Giovanni Dario, su hija, Marieta Dario, ocupó la casa junto a su esposo Vicenzo Barbaro. A partir de este punto, todo fue un auténtico río de desgracias: los Dario se arruinaron y Marieta y el resto de la familia se acabaron suicidando. Los Barbaro se quedaron con el palacio los siguientes años, y en el siglo XVII, uno de los sucesores, murió asesinado en extrañas circunstancias.

Otro de los propietarios, Arbit Abb Doll, rico comerciante de diamantes armenio, terminaría quitándose la vida entre sus muros tras perder su fortuna.

Randon Brown, propietario allá por el S.XIX, estudioso escritor inglés y, supuestamente, homosexual, se acabó suicidando también junto a su compañero. No fue el único homosexual que habitó el palacete, Charles Briggs, siguiente dueño, huyó de Italia por las acusaciones de homosexualidad y acabó muerto al poco tiempo en México.

En 1970, el propietario Giordano delle Lanze, fue asesinado en esta misma casa por su amante Raúl, un joven marinero serbio de 18 años, abriéndole la cabeza con una estatua de bronce. Tras cometer el crimen, huyó a Londres donde fue asesinado.

Todo esto no evitó que Christopher Lambert, el mánager del grupo The Who, comprara el palacete en 1981. Al día siguiente, voló a Londres debido a una llamada de urgencia de su madre y no llegó a estrenar el palacio, pues falleció al caerse por las escaleras en casa de su madre.

El siguiente propietario fue el hombre de negocios italiano Fabricio Ferrari quien, tras comprar la casa, murió endeudado en un accidente de coche. También su hermana Nicoletta, que vivía en esa mansión, apareció muerta desnuda en un descampado.

La casa entonces, pasó a manos de un rico empresario químico que se quitó la vida por haber sido inculpado de recibir sobornos y de corrupción.

La misma suerte corre el tenor Mario del Mónaco ya que, cuando va a comprar Ca´Dario, tiene un accidente de coche y pasa 8 meses en el hospital, alguien le explica entonces la maldición del palacio y decide no comprarlo.

La casa pasa así a manos del financiero Raul Giardini, quien se quitó la vida en 1993, justo un día antes de que el grupo empresarial que dirigía se declarara en bancarrota.

Actualmente la casa ha sido adquirida, tras estar años en venta, por un millonario americano. ¿Volverá Ca’ Dario a imponer su maldición?

 
 

El esqueleto del señor Marqués en Murcia

Cuenta la leyenda que Don Pedro Fajardo vio peligrar sus intereses en el negocio de la lana cuando el obispo de Almería, Diego de Villalán, intentó controlarlo. Las diferencias también se extendieron al reparto de los diezmos y a la discusión sobre quién mantenía y construía iglesias. De las palabras pasaron a las acusaciones -Fajardo llegó a denunciar que el obispo robaba dinero dedicado a obras de caridad para gastárselo en rameras-, y hasta llegaron a las manos. Así que el señor marqués, con sus dos metros de altura, le propinó tal golpiza al prelado que, cuando se recuperó, lo hizo excomulgar.

A Fajardo, en cambio, poco le preocupaba el infierno y hasta confesó que prefería la condenación eterna antes que encontrarse con el obispo en el cielo. Sin embargo, hubo un detalle que lo desquició: la excomunión le impedía ser enterrado en sagrado. Así que el marqués ordenó colocar en su espléndida capilla un esqueleto risueño, como si estuviera predicando. A finales del siglo pasado la pieza fue retirada. Hay quien asegura que lo ordenó el Cabildo de la Catedral al considerarla una burla impropia de tan santo lugar. Otras fuentes advierten de que fue una medida política. Pero el halo de misterio y de vergüenza se mantiene sobre el asunto.

Luisa Isabel Álvarez de Toledo, duquesa de Medina Sidonia y marquesa de los Vélez, durante una visita que realizó en 2007 a Murcia comprobó que la curiosa pieza ya no existía. «Esqueleto predicador -escribió más tarde la ya fallecida Duquesa Roja-, esculpido en sillares de obra y alto relieve, que ocupaba el púlpito, hoy estúpidamente vacío, broma de un marqués, que estando a la greña con el obispo de Almería, genovés y monopolista de la exportación de la lana, quiso gastarle la broma post mortem de ocupar su lugar, predicando eternamente a los fieles».

 
 
 
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