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Archivos diarios: junio 28, 2012

La leyenda de la mujer marinero

Cuenta la leyenda que a mediados del siglo xvi vivía en la calle mesones de Talavera de la Reina, España, una hermosa mujer llamada Isabel. Su marido era un intrépido marinero que había llegado a navegar por los siete mares. Isabel, era una mujer amante de su casa y de su marido, aunque tenían un problema, que disgustaba grandemente a ambos…Isabel no se quedaba nunca embarazada.

Una primavera, las naves españolas iban a partir desde el puerto de Cadiz en una travesía que les iba a llevar durante varios meses a recorrer las costas de America Central. Durante este periplo, Isabel, quien era una mujer muy hermosa, cuidaba de la casa y de unas tierras que tenía en la localidad de Belvis de la Jara. Isabel ademas de bella, era una mujer muy limpia para su tiempo…no hay que olvidar que bañarse diariamente era considerado por los españoles de aquella época como un signo de judíos…de todas maneras Isabel llenaba una tinaja con agua del pozo del patio y luego se sumergía en ella durante horas, esto le relajaba mucho y le hacía olvidar la pena de tener a su esposo en tierras tan lejanas.

Isabel cometió el error una tarde de verano, de dejar la ventana, de su cuarto abierta para que entrara la fresca brisa del Tajo, olvidando que desde la ventana vecina alguien podría verla. Efectivamente, una anciana inmiscusora, cada tarde la veía bañarse en su tinaja. Esto le valió a Isabel una denuncia ante el tribunal de la santa inquisición, aunque como nada pudo ser probado, Isabel fue dejada en libertad.

Dos años mas tarde cuando su marido regresó de la Isla de La Española, le trajo a Isabel muchos regalos: la resina seca de un arbol que se masticaba sin tragar, varios avalorios de cuero y conchas compradas a los indígenas y una especie de hojas grandes, enrolladadas, cuya punta, los indios quemaban y por el otro extremo chupaban el humo con gran placer. Sin saberlo Isabel estaba probando uno de los primeros puros que llegaron a España.

Cuando su marido en primavera volvio a enrolarse en otro navio conquistador, Isabel, volvio a cometer el error de dejar la ventana abierta, esta vez, la anciana cotilla, avisó al cura de la parroquia cercana de Santiago y ambos espias ante su estupor, no solo vieron a Isabel bañarse en su tinaja, sino que esta soltaba bocanadas de humo por la boca mientras chupaba un extraño instrumento semejante a un falo.

Esta vez la denuncia tuvo una sentencia inculpatoria. Isabel fue condenada a muerte y quemada en la plaza de la Cruz Verde por bruja. Cuando su marido regresó a Talavera y entró en su casa, encontró la tinaja aún repleta de agua y sobre la superficie habían nacido nenúfares. El hombre quien tantas veces se había salvado de estragos en la mar, del acoso de los piratas ingleses y las racias de los indigenas corrió hacia el río y gritando el nobre de Isabel se tiró y nunca se supo más de él.

Aún hoy, dicen… si se cruza el puente romano justo a la hora en la que Isabel fue quemada (las dos de la madrugada) y uno se asoma al río, puede ver el rostro de la mujer y escuchar sus espeluznantes gritos cuando las llamas comenzaron a consumirla.

 
 

Las leyendas de la montaña «atlante dormido» o «la mujer muerta»

Según la mitología griega, Odiseo fue arrojado por la furia de Poseidón a una isla llamada «Ogigia» (posiblemente la actual Isla Perejil), donde vivía la ninfa Calipso, hija del titán Atlas y de Tetis, madre de las oceánides.

Odiseo fue retenido en esta isla por Calipso y estuvo junto a ella durante siete años. Pero un buen día, el héroe griego Odiseo, por la añoranza de su tierra Itaca, de Penélope, su mujer y su hijo Telémaco, partió en una balsa hacia la tierra de los feacios. Hay otra leyenda que narra la desolación de la ninfa Calipso a la partida de Odiseo, ya que estaba profundamente enamorada de él.

Por este motivo, pidio a los dioses que la convirtieran en piedra, y permanecería en este estado hasta el regreso de su amor. Cuando aquello ocurriera ella despertaría de su pétreo sueño, y se uniría con Odiseo para siempre.

Hay otra leyenda sobre esta imagen la cual cuentan que la denominada Mujer Muerta era uno de los atlantes que ayudaron a Heracles a separar Europa de África creando así el Estrecho de Gibraltar, y que del enorme sobreesfuerzo, el citado atlante se tumbó a descansar. Pero pasó el tiempo y no volvió a levantarse jamás, hasta que murió convirtiéndose en piedra.

 
 

La leyenda del gigante de Extremadura

Esta triste historia no por ser cierta, entra ya en las brumas de la leyenda, una historia que pocos conocen, de un gran esqueleto que muchos vemos en una vitrina de un viejo museo de Madrid, y que pocos se molestan en conocer el porqué esta aquí…esta es su historia…esta es su leyenda…

Se llamaba Agustín Luengo Capilla y nació en Puebla de Alcorcer el año 1826. Fue conocido con el sobrenombre de El Gigante Extremeño y probablemente fue el español mas alto de todos los tiempos. Su talla era de 2 metros y 35 cm.

Fue un niño enfermizo y durante su juventud trabajó en un circo como atracción, exhibiendo sus descomunales manos, capaces de ocultar un pan de 1 Kg y sostener una cuartilla de grano o aceitunas.

Al ser la casa de sus padres de reducidas dimensiones tuvieron que hacer agujeros en las paredes para poder sujetar las tablas de la cama donde descansaba.

Por aquella época el doctor D. Pedro González Velasco, médico de gran prestigio y de vida apasionante, se enteró de la existencia del gigante y le propuso comprarle su cuerpo. A cambio de esto, una vez fallecido, su cadáver quedaría expuesto en el Museo Antropológico de Madrid. Se sabe que pagaron por él 3.000 pesetas de las de entonces, de las cuales, 1.500 se hicieron efectivas en vida al propio interesado, a razón de 2,50 pesetas diarias, y las restantes fueron debidamente pagadas a sus herederos.

Agustín aceptó la propuesta. Se trasladó a Madrid y empezó a disfrutar la vida con la seguridad de tener dinero para vivir. Se cuenta que, sin preocupaciones económicas, el fabuloso Agustín llevó una vida de excesos. No había sido feliz y parece lógico que quisiera vivir todo lo que no pudo hasta entonces. Al Dr. Velasco no le hacía mucha gracia su estilo de vida y intentaba corregirle. Al parecer, a las reprimendas del doctor el gigante respondía jocosamente «que no se preocupase tanto, cuanto antes muriese, antes tendría su deseado cuerpo y menos gravoso sería para su bolsillo».

Poco tiempo después, al gigante le diagnosticaron una tuberculosis ósea en estado muy avanzado, muriendo muy joven, a la edad de 28 años y poniendo fin a una vida desgraciada.

El doctor Velasco embalsamó el cuerpo e hizo un molde de yeso de él, que es el que se exhibe en el museo actualmente. En el proceso, el cuerpo se contrajo y pasó a medir «solo» 2 metros y 25 cm.

Tambien se conserva en este museo su gran Esqueleto en una vitrina…lejos la Extremadura que le vió nacer…

 
 
 
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