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El día en que Tesla confundió a Marconi con los extraterrestres

17 Jul

“Estoy cada vez más convencido de que he sido el primero en escuchar los saludos de unos planetas a otros”. Esta intrigante afirmación la realizó Nikola Tesla hacia el año 1900, justo después de culminar sus trabajaos en el famoso laboratorio de Colorado Springs, donde experimentó con sus enormes bobinas e investigó sobre la manera en que las ondas se trasladaban por la atmósfera a lo largo del globo. Durante una de aquellas jornadas, Tesla detectó un sonido repetitivo que no pudo asociar a tormentas ni a fenómenos naturales, por lo que llegó al convencimiento de que estaba escuchando a los “extraterrestres”.

“[Marc ]Seifer, el mejor biógrafo de Tesla, especula con una idea que suena muy factible y sería especialmente terrible”, asegura Miguel Ángel Delgado, experto en Tesla y autor del prólogo al libro “Yo y la Energía”. “En 1899, cuando Tesla se recluye en Colorado para hacer sus grandes experimentos de transmisión de energía, y consigue encender bombillas a millas de distancia y envía energía a través de la corteza terrestre, una noche detecta con sus aparatos una señal rítmica ()y está convencido de que captado una señal extraterrestre. Seifer da el dato de que, por lo que se conserva de los experimentos de Marconi, el italiano está experimentando en esos días con señales de barcos”. “Teniendo en cuenta que no había interferencias de ningún tipo, no suena descabellado pensar que lo que Tesla tomó como señales extraterrestres era en realidad la señal de Marconi”.

La gracia de la historia era en que, como posteriormente decretaría un tribunal de EEUU, Marconi estaba usando 17 patents de Tesla para “descubrir” la radio y poco después se haría mundialmente famoso por un invento que en parte pertenecía al croata. Sin saberlo, Tesla estaba escuchando a quien sería uno de sus rivales en el futuro. El propio Delgado lo describe con más detalle así en su libro:

“Con respecto a la señal captada por Tesla, su biógrafo Marc J. Seifer apunta una explicación que, de ser cierta, añadiría un elemento especialmente patético a la historia. El sistema le permitía, según sus propias palabras, “sentir el pulso del globo […], detectando cualquier cambio que sucediera dentro de un radio de 11.000 millas [17.700 kilómetros]. Según el razonamiento de Tesla, no había en ese momento actividad humana alguna que pudiera lanzar señales como aquellas, con un patrón rítmico que solo podía ser creado por una mente inteligente. No cabía, pues, otra explicación que la extraterrestre.

O eso creía él porque, como afirma Seifer, justo en el momento en el que Tesla decía haber recibido la señal, Marconi estaba realizando, al otro lado del océano, pruebas de transmisión a distancias de varios kilómetros, e incluso de barcos a tierra, como paso previo a su inminente transmisión transoceánica. Si la instalación de Tesla tenía tan gran alcance y sensibilidad, no resulta descabellado suponer que, en realidad, la señal rítmica que captó en Colorado era la que su gran rival utilizaba para testar sus propios instrumentos en Gran Bretaña. Si esta historia fuese verdadera, lo que Tesla creía que iba a marcar un antes y un después en la historia de la humanidad fue, en realidad, el prolegómeno del gran desastre que estaba a punto de volcarse sobre él”.

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