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El poltergeist de la familia Bayón

24 Jul

En la actualidad, únicamente cuatro vecinos viven en Rayán, pero en la época que nos ocupa eran más de cincuenta, todos ellos vinculados de una u otra manera a las explotaciones mineras de la zona. El trabajo en la minería lo compaginaban con las duras labores del campo, pues todos los recursos eran pocos para salir adelante en unos tiempos tan difíciles.

Casa de la familia Bayón

En este contexto comenzaron un buen día los extraños fenómenos en la casa de la familia Bayón, en lo que puede calificarse como uno de los más violentos y espectaculares poltergeist jamás acontecido en España. Aún hoy, a pesar del tiempo transcurrido, todos los descendientes de esta familia recuerdan con meridiana claridad aquellos hechos que marcaron para siempre a sus ancestros. En el pueblo los fenómenos son conocidos todavía hoy por el descriptivo nombre de “el miedo de Rayán”.

Los Bayón eran originarios de León y, como como otras familias de la localidad, se habían instalado allí por las oportunidades laborales que ofrecían las minas cercanas. Eusebio Bayón y Concepción González eran una pareja bien avenida que sólo pensaba en trabajar para sacar adelante a su prole.

Los fenómenos registrados en la casa de la familia Bayón, comenzaron en 1915 a raíz del nacimiento de Juan, decimotercer hijo de Concepción. Los fenómenos siempre ocurrían al anochecer y solían durar desde la una hasta las cuatro de la madrugada casi a diario. Se escuchaban grandes golpes en las paredes y puertas de la casa sin motivo aparente seguidos de lamentaciones y quejidos. Las luces se encendían y se apagaban solas y en el desván se sentía el arrastrar de cadenas.

Los fenómenos cada día iban a más y en ocasiones eran tan fuertes que muchos de los objetos que había almacenados en el desván, aparecían en el segundo piso de la vivienda. La aparición de piedras en la casa que caían sin que hubiese ningún cristal roto también provocaban auténtico terror a esta familia. Pero sin duda uno de los fenómenos que más miedo les dio a Concepción y su hija Soledad, fue el movimiento de un crucifijo, que empezó a moverse solo y salió disparado.

Felicita Bayón

Felicita Bayón, nieta de Concepción, de noventa años de edad y con una memoria y salud excelentes, rememora una escena que vivió en primera persona cuando era una niña de corta edad: “Tres hombres muy fuertes intentaban frenar el movimiento de la cuna y no eran capaces; esa fuerza de otro mundo los lanzaba unos contra otros, contra las paredes…”. También recuerda cómo algunas mañanas descubrían en torno al cuerpo del bebé rosarios y escapularios que se guardaban en un armario de la habitación, a puerta cerrada. Éstos aparecían dispuestos en forma de cruz y, en ocasiones, colgados de sus orejas.

La cuna siempre estaba en continuo movimiento mecida por manos invisibles, en una ocasión un amigo de la familia acudió para intentar sujetar la cuna, pero los movimientos eran de tal violencia que desplazó ésta varios metros y acabó tirando al pobre hombre al suelo. Cada noche acudía algún vecino a ayudarlos y éstos siempre eran testigos de lo que sucedía dentro. En otra ocasión, la cuna del pequeño Juan quedó boca abajo y los presentes comprobaron aterrorizados que el niño, el cual dormía plácidamente desafiaba la ley de la gravedad.

La casa fue conocida entonces por todos como “La casa del miedo”.

Las Fuerzas de Seguridad tomaron cartas en el asunto, alarmadas por los comentarios delos vecinos de Rayán y pueblos limítrofes. En cuanto sus ocupaciones selo permitían, agentes de la Guardia Civil del cuartelillo más cercano, en Moreda, se acercaban a la casa para tratar, al menos, de consolar a la aterrorizada familia. Infinidad de noches hicieron guardia dentro y fuera de la vivienda, convirtiéndose así en privilegiados testigos de los sucesos paranormales. En más de una ocasión, los vecinos del pueblo que los acompañaban en las labores de vigilancia, huyeron despavoridos cuando comenzaron los terroríficos golpes y el movimiento de puertas y ventanas.

El caso llegó a la prensa y muchos grupos espiritistas de entonces se desplazaron a la casa del miedo y la gente del pueblo veía como todos los días durante meses se acercaba a la casa un cura de largas y pesadas sotanas a realizar exorcismos, pero nada se pudo hacer.

Familia Bayón

Una noche, Concepción se encontraba descansando junto a su marido en una de las habitaciones del primer piso, cuando escuchó que una voz de procedencia desconocida la llamaba por su nombre. Eusebio, muerto de terror, encendió un candil y vio como su esposa se levantaba de la cama. Concepción, decidida, le dijo que debía acudir a la llamada ella sola, pues se trataba de una oportunidad única para saber de una vez por todas el porqué de la pesadilla que estaban viviendo. Poco se sabe de lo que vivió la mujer. Únicamente contó a algunos de sus familiares que se topó con una figura traslúcida y luminosa de aspecto humano de la que surgió una imponente voz que le ordenó arrodillarse. Al parecer, la “entidad” y la mujer mantuvieron una larga conversación, de la que ésta nunca reveló su contenido. Quizá la aparición le confió cuál era su identidad y la razón por la que provocaba tan inusuales fenómenos. Sus familiares sí saben, por boca de Concepción, que en el momento que terminó el intercambio de palabras, la mujer perdió el conocimiento. Eusebio, ante la tardanza de su esposa, tomó la decisión de entrar en la estancia de donde procedían las voces. Allí se encontró a Concepción en el suelo. Tras reanimarla, ella lo único que le dijo es que debía acudir a Camplongo (León), para encargar unas misas y poner unas velas. Añadió que nunca podría revelar los detalles de la conversación con la extraña entidad, pues de lo contrario los fenómenos retornarían a la casa, incluso con más violencia. A partir de que Concepción cumpliera con lo que la “entidad” le había pedido, cesó todo tipo de actividad paranormal.

Concepción se llevó el secreto a la tumba a los 103 años de edad, pero hubo quien achacó el origen de los fenómenos a unas misas que su hermana Catalina pidió en su última voluntad y que no se cumplieron.

En cuanto a su hijo Juan, se puede decir que su presencia hacía desencadenar con asiduidad fenómenos paranormales. Felicita Bayón, nieta de Concepción, recordaba que Juan sufría constantes tirones del pelo y que a su alrededor se movían las cosas solas, entre otros hechos anómalos. Este estigma lo persiguió durante toda su existencia.

Fuente: Unifa

 
 

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