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La leyenda de la mora encantada en Toledo

30 Jul

Cuenta la leyenda que vivía en Torrijos una joven llamada Zaida, hija de un poderoso musulmán. Un cristiano torrijeño llamado Fortún se enamoró de la mora, pero no podía declararla su amor por ser de diferente religión y por la enorme diferencia de riquezas. Cierto día, Zaida salió a pasear en un hermoso corcel y acertó a detenerse a descansar en el cerro. Se sentó bajo la sombra de un árbol, cuando de repente escuchó el llanto de una persona. Se adelantó para ver quien era el que manifestaba tan gran dolor. Entonces se encontró con que era el joven que veía a diario y por el que sentía una especial atracción. Escuchó sus lamentos y en cierto momento escuchó que pronunciaba su nombre. Presto atención y pudo darse cuenta del gran amor que el joven sentía por ella. Al regresar a su casa pensó en Fortún.

En otra ocasión salió a caballo y regresó al cerro, encontrando nuevamente al cristiano en situación lastimosa. Se atrevió a preguntarle la causa de semejante desconsuelo, respondiendo Fortún que era por el amor que sentía hacía ella. Zaida escuchó sus palabras y le manifestó que ella sentía lo mismo por él, que le veía a diario pasar, pero no podía hablarle por tenerlo prohibido. Le informó de los planes que tenía su padre para casarla con un rico propietario de Toledo, pero aunque ella no quería debía aceptarlo.

Cuando regresó a casa ya era tarde, su padre se enfadó con ella y al verla con la tristeza que traía, preguntó la causa. Cuando le dijo el amor que sentía por Fortún, el padre montó en cólera diciendo que le mataría. Lleno de furor, salió en busca de Fortún, yendo Zaida detrás llorando desconsoladamente, diciendo que no le hiciera nada. Cuando le encontró comenzó a darle golpes, tratando Zaida de impedirlo. En uno de los puñetazos que le dio cayó al suelo dándose con la cabeza en una roca, muriendo al instante. Zaida lloró desconsoladamente. A partir de entonces no fue la misma, pues perdió la razón. De vez en cuando se trasladaba al cerro a llorar por su amado Fortún.

Cuando Zaida murió, el cerro se transformó en lugar de cita para los enamorados y allí se escuchan los cantos que Zaida interpretaba en sus paseos para estar con su amado. Incluso hay quién afirma haber visto en noches de luna llena a Zaida y Fortún pasear por entre los árboles mostrando gran alegría y riendo en voz alta.

 
 

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