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Investigando misterios: la luz de Mafasca

13 Ago

Las islas Canarias albergan un sinfín de misterios, Uno de los más intrigantes y más populares quizá sea la luz de Mafasca. No es una luz cualquiera: parece tener algún tipo de inteligencia, algún interés por el género humano que trasciende la catalogación de “fenómeno natural”. La luz de Mafasca embiste pero sin dañar o matar a los viajeros, paseantes o vecinos de las inmediaciones del pueblo de Antigua, en la desértica y poco poblada isla de Fuerteventura.

La luminaria aparece subrepticiamente en las noches oscuras y silenciosas. Es pequeña pero, a veces, puede alcanzar grandes dimensiones durante algunos segundos. Sube y baja valles y lomas o recorre los llanos de Mafasca; puede mantenerse estática en el aire o acelerar, de golpe, a velocidades inimaginables … , sus testigos se asombran, se asustan y, en ocasiones, entran en pánico cuando aquella luz o antorcha luminosa se les viene encima. Sus apariciones datan de muchos siglos atrás. Bisabuelos, abuelos y padres han contado sus historias y vivencias ante aquella manifestación que, para muchos, es algo sobrenatural, algo que no pertenece a nuestro mundo.

Mi primer contacto con la existencia de esta luz fue en la población de Antigua, en compañía del veterano investigador canario José Gregorio González y el escritor David Heilen. González vivió un reencuentro emotivo con una vecina testigo de la luz, doña Petra Padrón Trujillo. Diez años después de haber sido entrevistada para el libro Canarias misteriosa (Ediciones Alternativas, 2002), Contar su prodigiosa experiencia cuando tenía tan sólo 10 años, es decir, hace casi 60 años.

“Estaba acompañada de otras cuatro personas. Serían sobre las nueve de la noche cuando ya regresábamos de dejar el ganado en las montañas. De pronto, en medio de los caminos, a lo lejos, vimos aparecer una lucecita de color rojizo. Cuando nos acercamos para ver lo que era aquello, de pronto empezó a saltar de un lado a otro, sin tener en cuenta las piedras o los obstáculos. A veces aumentaba un poco de brillo y cambiaba de dirección. En aquella época no había ni coches, ni helicópteros, ni aviones ni nada” nos contaba Petra Padrón en la plaza del pueblo .

¿Qué demonios era aquello? Era, ciertamente, lo que se preguntaban todos los isleños que la habían visto. En sus Cuentos de bruja, el escritor Domingos Báez intentó, a través de una tradición, dar una explicación para el origen de esta luz sobrenatural: “Por ahí dicen que unos pastores, por Navidad, después de mucho caminar, decidieron comerse un macho cabrio. No encontraron madera, sólo la cruz de algún muerto detrás de unos matorrales verdosos… Entre risas y bromas sustrajeron las dos tablas y las pusieron en el fuego junto con un bastón que le quitaron en la montaña a un pastor, un viejo sabio que les había predicho algún mal para la Navidad… Cuando ya se habían hinchado las barrigas, decidieron echarse una siesta. Al despertarse, se asustaron de que todo estuviera tan claro. Pero se asustaron más cuando oyeron el balido del macho cabrio y vieron su cabeza iluminada dando vueltas alrededor de ellos. El que había decidido quemar la cruz se volvió pálido de muerte y se quedó tieso en los matorrales. Los otros corrieron como pudieron. Y llegaron al pueblo donde estaban las parrandas tocando por aquí y por allá… Contó un muchacho que había visto al pastor tirado en el suelo, carbonizado. Y la cruz intacta en su sitio”.


La leyenda tiene un corte moralizante: que los profanadores de la cruz del muerto anónimo pagaron por su grave pecado y uno acabó muerto quemado por una luz fantasmal asociada al macho cabrio. Este animal aparece, históricamente, relacionado con el mismísimo demonio.

Otro cronista, Juan Bethencourt Alfonso, escribió a principios del siglo XX un libro titulado Costumbres populares de nacimiento, matrimonio y muerte donde relaciona la luz de Mafasca con las almas en pena: “En esta parroquia y cercanías, dicen que se aparece un ovejón, el cual recorre todos estos sitios, dando fuertes y grandes estornudas que atemorizan a todos los vecinos y viajeros. También dicen que se aparece una luz que, con una velocidad increíble, va desde las costas a los pueblos, de éstos a los riscos y que ha perseguido a muchos pastores”. El resto de la historia es parecida a la que contaba Báez sobre la cruz profanada. Como castigo para el pastor, además de la muerte, debió su alma deambular eternamente por los montes de Mafasca.

Muchos testimonios

En el centro para la tercera edad de Antigua encontramos varios testigos de la luz. Al parecer, hace años que no da señales frecuentes de su existencia. Sin embargo, hasta los años setenta del pasado siglo sus apariciones eran muy habituales.

Manuel Cabrera iba un día por una carretera vecinal cuando observó una luz inusual que venía en sentido contrario. Inusual porque estaba flotando a unos 8 o 10 metros del suelo y avanzaba en paralelo a la carretera. Era roja y pequeña. “Se iba acercando a nosotros haciendo movimientos de balanceo”, nos contaba, “pensamos que era un helicóptero, pero no emitía ningún ruido. Luego se apagó. Era la luz de Mafasca, ni más ni menos”, nos dijo el anciano.

Cuando Clemencia Peña Rodríguez era pequeña vio algo que quedó grabado para siempre en su retina y cerebro. Era de noche y se encontraba delante de la iglesia de San Roque, en Antigua. “Vi una luz pequeñita sobre la torre y, de golpe, proyectó una claridad sorprendente: iluminó todo su alrededor. Me quedé pasmada”, comentó.

Intentamos localizar a un testigo extraordinario, Domingo Alberto Brito, el hombre que había dado una patada a la luz de Mafasca. Fue inútil nuestra búsqueda, pues Brito había fallecido hacía algunos años. Por suerte José Gregorio lo había entrevistado, legando para la posteridad su impresionante relato acaecido en 1941. El hombre vivía en Betancuria, pero se había desplazado a Antigua para ir a una fiesta. Cuando regresaba a su casa, Brito vio una luz en la lejanía, sobre una montaña. De pronto, la luz apareció mucho más cerca, a la altura de un pequeño barranco. Asustado, Brito aceleró el paso y tomó un atajo. Sin embargo, para su sorpresa, la luz estaba esperándole, parada en pleno aire, junto a un mojón.

Iglesia de Antigua.

Sorteando diversos obstáculos, Brito buscó otros caminos para llegar a su hogar. Pero cuando llegó tenía, nuevamente, la dichosa luz delante de sí, posada sobre una piedra en la entrada de la casa.

“Entonces se me ocurrió darle una patada, y cuando lo hice, ise me quedó todo el pueblo de la villa de Betancuria encendido, como el ‘peso’ del mediodía! Desde ese día no la he vuelto a ver”, le contó a José Gregorio cuando tenía 83 años

El misterioso fenómeno muestra también curiosidad por los seres humanos, hasta el punto de acercarse como si quisiera observar a los lugareños. Es el caso del padre de Javier Lorenzo, que hace 45 años tuvo un encontronazo con la luz que casi le derribó de su montería.

“Mi padre estaba jugueteando con los animales del establo cuando, a las doce de la noche, saltó una luz del suelo hacia la cabeza del burro y él se asustó muchísimo. Mi padre también, pero pudo sujetar al animal hasta que la luz desapareció”.

Los saltos de la luz de Mafasca impresionaron a María Josefa Betancort Peña. Observó la luz en una carretera de la isla. Al principio pensó que se trataba de la bombilla de una bicicleta, pero aquello saltó un muro de unos dos metros de altura. Su marido, Vicente Peña, avistó no sólo una, sino varias luces misteriosas en otra ocasión: “Yopensé que eran las luces de varios barcos en el horizonte marítimo. De pronto, vi cómo una y luego otra empezaban a saltar de un lado a otro. Al principio estaban juntas, paradas; eran como cuatro o cinco. De repente desaparecieron”…

Más leyendas y realidades

Existe otra leyenda que nos remite a un hecho histórico relacionado con la luz de Mafasca: la fuga de Marina de Muxica, una sevillana que se afincó en Fuerteventura por estar acusada de brujería en tiempos de la Inquisición. Tras un largo viaje para recuperar una hija raptada por los mariscos, viajó hasta Roma para pedir perdón al Papa. Después se fue a Fuerteventura, donde mandó construir un caserón en Jandía.

Uno de sus criados, Pedro Darias, en viaje por la isla, mató un carnero y se lo llevó durante la travesía un Viernes Santo. Como castigo por este pecado, Darias murió poco después de haber comido el animal.

La leyenda señala que la luz que se ve moviéndose a ras del suelo,en el fondo de los valles o por los aires, no es más que el alma en pena de Pedro Darias. Otras tradiciones apuntan hacia la capacidad de aquella misteriosa luz voladora de hablar con las personas, tal como nos contó Clemencia Peña Rodríguez, recordando otra leyenda: “Un señor que se consideraba muy valiente dijo: ‘Yo no le tengo miedo a la luz de Mafasca’. Agarró de la mano a un niño y se fue a buscarla para probar a todos que era un hombre de coraje. Cuando salió se la encontró cara a cara y el hombre se quedó pálido. Entonces la luz le habló, como una persona, y le dijo: ‘Si no fuera por el niño que tienes en los brazos te quedarías en mi lugar, te convertiría en luz’. Ni corto ni perezoso, el que era valiente corrió como cualquier ser humano temeroso”.

Es una prueba verídica de que hasta los más valerosos huyen asustados ante la misteriosa luz, como nos lo contó María Peña. Un sargento, amigo de su padre, siempre se burlaba de la luz, hasta que un día la vio: se desdobló en varias luces y después se juntaron nuevamente en una sola que se lanzó a los pies del aterrorizado militar. “Lo pasó muy, muy mal”, recalcaba la mujer.

Aparentemente, el susto ante la aparición de la extraña luz era más pronunciado a ojos de los incrédulos. Para el hermano de María Peña Perdomo, su escepticismo agudizó el miedo cuando tuvo la oportunidad de ver la misteriosa luminaria. “La luz iluminó, de golpe, todo su alrededor, como una claridad fatal, mal, mal, pues le costó un disgusto inmenso a mi hermano”.

Luz popular

La luz de Mafasca es tan popular en la isla de Fuerteventura que hasta prestó su nombre a una asociación de vecinos en Antigua, además de poseer un mural pintado en el pueblo. Son muchos los que la han visto y que no dudan de su existencia. Algunos llegaron a confundirla con alguna persona solitaria caminando por la noche. Todo a causa de la emisión luminosa que recuerda la punta ardiente, rojiza, de un cigarrillo encendido.

La isla de Fuerteventura, con su panorama árido y envolvente, sugiere otros lugares misteriosos relacionados con la luz de Mafasca. Un buen ejemplo es la montaña sagrada de los antiguos nativos de la isla de Fuerteventura: el Tindaya, para la que hay un proyecto que pretende horadarla para transformarla en una supuesta “obra de arte”.

En las laderas y en la cima del Tindaya los antiguos majoreros realizaban rituales y cultos a sus dioses. Para el investigador gran canario Luis Javier Velasco, el sitio es un “lugar de poder”, donde se prodigan las energías telúricas que podrían proporcionar fenómenos como la aparición de las misteriosas luces inteligentes. “El Tindaya era una escalera hacia la divinidad para los majoreros”, afirma.

Las laderas de la montaña fueron sacralizadas con los enigmáticos podomorfos, petroglifos con forma de pies estilizados, que apuntan hacia Poniente. En el Tindaya los aborígenes sacrificaban animales ofrendando su sangre a los llamados “invisibles”. Quizá las luces que merodeaban por el lugar asustaron y encandilaron a aquellos hombres primitivos que captaron que la montaña era mágica y sobrenatural.

La luz de Mafasca no es exclusiva de Fuerteventura. En otros lugares sagrados del planeta, como Cuba, Brasil, Argentina o el continente africano, por ejemplo, se han visto tales fenómenos, casi siempre asociados a almas en pena que señalan tesoros u otros objetos escondidos. Explicaciones como fuegos fatuos, fuego de Santelmo, burbujas de gases y otros fenómenos naturales conocidos no parecen sostenerse como explicaciones coherentes para la luz de Mafasca. En un futuro, la ciencia podría interesarse por este fenómeno y estudiarlo. Sin embargo, es más probable que la luz desaparezca definitivamente antes de que los científicos deseen realmente descubrir qué se oculta detrás de ella.. Enviado desde mi BlackBerry® de Vodafone

 
 

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