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Los misterios del mar

16 Ago

Aunque los viejos marinos están desacreditados por su fértil imaginación, hay misterios insondables que aún subsisten y que forman parte de la mitología marina, una de las más ricas en leyendas y en hechos que no tienen explicación racional.

Miles de historias se han tejido en torno a los llamados “Misterios Dei Mar”. La publicidad, por una parte; la propia fantasía, esa facultad tan desarrollada de los viejos “lobos de mar”; la literatura y la ficción. Todo ha sido conjugado, pero por sobre las fantásticas lucubraciones perduran las bases reales de tantos naufragios irresueltos, de tantos barcos perdidos, de tantos hombres y mujeres desaparecidos en forma misteriosa. Una botella con un mensaje escrito en su interior, un pedazo de mástil flotante, un instrumento enmohecido y carcomido, pueden ser indicios de una tragedia. Para los navegantes cada “Cuerpo Extraño En El Mar” puede ser el hilo que descubra la madeja de una tragedia real. Estas son algunas de ellas.

EL “VIENA”, EL ETERNO DESAPARECIDO
El 10 de diciembre de 1903, después de haber sido cargado con treinta y ocho cajas de obuses y una serie de armamentos de artillería, el ” Viena ” zarpó con su tripulación de 50 hombres desde Rochefort, esperando llegar a Tolón el 20 de diciembre, para esperar las celebraciones de Navidad.
Apenas zarpó lo sorprendió una tempestad que hizo calcular un retraso de por lo menos diez días. En todo caso aún se podía esperar que el 24 de diciembre los tripulantes estuvieran con sus familiares. Su mejor velocidad a vela, si hubiera experimentado averías de motor, habría sido dos nudos, con lo que habría demorado treinta días en cubrir la ruta. Esta fue la especulación que empezaron a hacer las autoridades de marina, cuando advirtieron que el barco se retrasaba.

—¿Hay víveres suficientes? —preguntó alguien en las esferas oficiales. —Por lo menos para tres meses —fue la respuesta.

Pero la búsqueda se inicio. Un grupo especializado y la cooperación de todos los barcos que surcaban los mares: el crucero ” Galileo ” recorre la costa argelina; el ” Romsdal “, la española.


EL DRAMA DE LA “MEDUSE”.

La pintura de Géricault recuerda esta tragedia, en la que, de 150 tripulantes que se salvaron en una balsa; solo fueron rescatados 12. El resto desapareció en forma trágica o misteriosa.

Cierto día alguien informa haber encontrado restos de un bote salvavidas con la lectura aún visible de ” Viena “. La ola de alegría se detiene abruptamente cuando las autoridades precisan que los barcos del Estado no llevan nombre sino número en sus botes salvavidas. ” Los restos encontrados, dicen, deben pertenecer a otros barcos de idéntico nombre “.

Otros barcos se suman a la búsqueda; corren los días; noticias y desmentidos. A principios de febrero, cuando ya todo el mundo aconsejaba suspender la búsqueda, se encuentra una botella cerca de la isla de Olerán, la que contiene una nota legible: “El Viena”, a 150 millas de Rochebonne, al Oeste. Tempestad” . La nota no parecía revelar nada nuevo, pero quizás indicaba que el capitán había previsto el peligro y quería alertar al mundo marino de alguna manera.
El 25 de febrero, en la ribera de Batz, cerca de la isla de Croisic, los ribereños encontraron un salvavidas y una caja de las empleadas en los barcos de guerra para guardar y transportar explosivos.


HISTORIA Y LEYENDA

La verdad se entrelaza con la fantasía en los relatos de naves desaparecidas.

Se supuso que la caja había pertenecido al “Viena”, pero el gran y verdadero hallazgo fue otro. El 26 de febrero se encontró un cronómetro marino marca Leroy, N° 322.

El cronómetro pertenecía efectivamente al ” Viena ” y le había sido entregado en Cherburgo, el 27 de mayo de 1902.

Fue el único indicio Un cronometro, registrado… Nunca más nadie sipo nada… El ” Viena ” se constituyó en otro amargo misterio del mar.

LOS VELEROS-ESCUELAS: MISTERIO DE MISTERIOS

El “Admiral Karpfanger “…, su solo nombre sugiere uno de los recuerdos más enigmáticos y trágicos de la marina mundial.


UN DESTINO INCIERTO

Cada nave que se hace a la mar corre una aventura. Miles de ellas, antes y hasta hoy, han desaparecido sin dejar una huella.

Botado en 1907, el navío habla envejecido mucho cuando emprendió su último viaje, aun cuando se le había remozado y dotado de moderno sistema de comunicaciones, aunque pequeño, y de instrumentos de precisión. El 16 de septiembre de 1937 zarpaba desde Hamburgo con destino a Australia, transportando a unos sesenta cadetes.

Los primeros avances fueron normales. Dobló el Cabo de Buena Esperanza y el 5 de enero de 1938 ancló en la rada de Port German, al sur de Australia, cargando 8.500 toneladas de trigo para zarpar luego con destino a Europa. Debía arribar a Hamburgo a fines del mes de mayo.
Tres días después de su partida una estación costera percibió un débil mensaje, pero el 1 de marzo el ” Admiral ” dio su posición correcta: estaba a 200 millas de Dunedin, al sur de Nueva Zelanda, en buenas condiciones. Repitió mensajes comerciales para su línea, la “Hamburg America”, los días 4 y 9 de marzo. El día 12 insistió: “Todo está bien”. Esta fue su última señal.
Tres días más tarde, los jefes de la compañía y las autoridades de la marina empezaron a inquietarse levemente. Recordaron que el trasmisor del ” Admiral ” era moderno pero pequeño y podría haberse averiado con facilidad. Se insistía que de haberle ocurrido algo, otros buques lo habrían observado, pero los expertos reconocían íntimamente que esto era muy eventual: el ” Admiral ” seguía la ruta tradicional de los viejos veleros, ruta que era muy poco frecuentada ya en esa época.

A fines de mayo el ” Admiral ” debería asomar, según los cálculos más dilatados, en el golfo de Gascuña o en el Canal de la Mancha. La compañía y los familiares de los cadetes se negaban a dar por perdido al velero-escuela. Se hacían mil especulaciones: podía estar a la deriva en el Atlántico, haber anclado en islas como Ascensión o Tristán de Cunha, o simplemente haberse retrasado. Pero ya en los primeros días de julio se decidió avisar y alertar a todos los barcos del Atlántico Sur. Por su parte, la “Hamburg America”, decidió ordenar la partida de una de sus unidades, el ” Leuna “, para que siguiera la misma ruta que debió seguir el ” Admiral “.

Entre tanto los expertos ampliaban el campo de búsqueda a las costas de Chile y Argentina y toda la Oceanía. Desde Valparaíso, el primer puerto chileno, zarpaba una poderosa unidad chilena de exploración, el ” Galvarino “, y por los canales de la Patagonia descendía el argentino ” Bahía Blanca “. Además, los archipiélagos de Tuamotu eran recorridos por unidades francesas.

Pero el único barco que tendría una pequeña noticia sería el ” Galvarino “, que encontró en una ensenada una pequeña plancha con la leyenda “Capitán y Oficiales”. La plancha fue enviada a Hamburgo y fue reconocida por el maestro que había refaccionado el ” Admiral “.

Esta única prueba fue decisiva. Veredicto final: el ” Admiral ” habría chocado con un iceberg… Ningún indicio posterior cambió esta posibilidad. Un misterio más…

El ” FRIGORIFIQUE “: EL BARCO VENGADOR

En las oscuras tabernas de los puertos del mundo, los viejos lobos de mar suelen deleitar a sus ocasionales auditorios con las más fantásticas historias donde convergen personajes mitológicos, islas doradas, sirenas y monstruos. Una de las historias favoritas es la del ” Frigorifique “, el buque vengador, que pese a su fantasía arranca de raíces muy reales.
En 1884, el “Frigorifique”, uno de los primeros vapores dotados de sistema de refrigeración, navega en medio de una espesa niebla frente a las costas francesas. De pronto, como surgido de las profundidades de esa niebla, emergió otro barco y ambas naves chocaron abruptamente. El intruso era un carbonero inglés, el ” Rumney “.
A consecuencia del choque, el cuarto de máquinas y las bodegas del ” Frigorifique ” empezaron a inundarse y su capitán dio orden de abandonar el barco. El y el resto de la tripulación fueron recogidos, sin ningún percance, por el carbonero, que siguió entonces su curso, navegando lentamente, a menos de dos nudos por hora, entre la oscura niebla.
De pronto, como perseguido por una maldición divina, el piloto del carbonero ve lentamente ante él la silueta de otro barco que apenas logra esquivar gracias a una rápida maniobra.

EL “PAMIR”

Uno de los tantos buques escuelas que sucumbieron arrasadas por un terrible huracán. Solo se salvaron cinco de los 86 tripulantes. La mayoría eran cadetes, de entre 16 y 18 años.

Una ola de estupor y miedo estremeció entonces a los tripulantes amontonados en cubierta: el barco que se enfrentaba al ” Rumney ” era el ” Frigorifique “, que según los cálculos ya debía estar en las profundidades del océano.

Atribuyeron esta primera impresión al cansancio a la tensión de la aventura recién soportada, pero en el fondo de cada uno de ellos la certidumbre de que se trataba del barco hundido yacía pesadamente. La noche siguió su curso y de pronto, como el estallido de mil petardos, un ruido ensordecedor y un choque brusco sacudió a los tripulantes del carbonero inglés y a los náufragos del ” Frigorifique ” que compartían sus lechos. El ” Rumney ” había chocado…, la maldición seguía… y seguía porque el barco del encontronazo era el ” Frigorifique “.
El carbonero inglés, averiado, se hundía rápidamente y los tripulantes y capitanes se alejaron en botes salvavidas. Aterrados, decían que el ” Frigorifique ” había surgido de las profundidades para vengarse. Nadie dudaba ya de la identidad del navío.

LAS ESPECULACIONES

La inagotable imaginación de los hombres del mar ha dado múltiples teorías acerca de cada hundimiento

Al levantarse la niebla los náufragos quedaron atónitos. El ” Rumney ” se había hundido, pero allí estaba, majestuoso sobre las aguas, el ” Frigorifique “. Apenas uno de sus tripulantes, venciendo el pavor y la superstición, se decidió a abordarlo, el misterio se despejó. Tras la primera colisión, el timón del barco había quedado asegurado y por ello el ” Frigorifique ” giraba en círculos. Esa fue la causa de que dos veces chocara con el ” Rumney “. El agua que había inundado la sala de máquinas tras el primer choque no fue suficiente para hundirlo y el vapor pudo mantenerse a flote. Pero el mismo hombre comprobó que, pese a su temporal supervivencia, el ” Frigorifique ” tenía las horas contadas a raíz de las dos colisiones siguientes y lo abandonó. Minutos después, y ahora definitivamente, el ” Frigorifique ” descendía al fondo del océano quizás a juntarse con su enemigo, el ” Rumney “, que yacía allí.

EL CASO DE JOHN ORTH

La figura de John Orth, nombre con que se conoció en su época al archiduque John Salvador, se asocia a una de las más extraordinarias y enigmáticas historias consignadas en los anales de la navegación.

John Orth no era un personaje común. De inquietudes múltiples, pasó de compositor musical a oficial de ejército, logrando el grado de general. Primo del embajador Francisco José y amigo íntimo del Príncipe Rodolfo, cayó en desgracia ante los personeros reales al escribir un folleto considerado “insultante” para los primeros jefes del Ejército. Entretanto, John Orth se enamoró violentamente de la actriz Ludmille (Millie) Stereubel, pasión que estremeció de ira a la corte.


EL BARCO A VAPOR

Nació en los ríos y lagos. En el Siglo XIX afrontó los mares.

El amor le trajo también una nueva afición. Tras dedicarse a estudiar a fondo todo cuanto se escribía sobre el arte de navegar, pidió y obtuvo en el puerto de Fiume su licencia de piloto. Al mismo tiempo pidió permiso a la corte para separarse definitivamente de su familia y de sus títulos, y, adoptando el apellido materno, se convirtió en el John Orth que conocemos.

Sus aventuras empiezan con la adquisición de un tres palos que bautizó con el nombre de ” Santa Margarita ” y a bordo del cual, y acompañado de Millie, se dirigió a Londres. En la capital inglesa, según se rumoreó en los altos círculos sociales, el navegante y su actriz contrajeron matrimonio.

El 26 de marzo de 1890 el ” Santa Margarita ” partió con destino a Sudamérica. John Orth iba como simple piloto y había nombrado como comandante a un tal Sodich. El primer puerto sería Buenos Aires, donde Millie, que haría el viaje en otro barco, se les uniría para continuar ruta hacia Chile.

En Buenos Aires John Orth cambió toda la tripulación de su barco por un grupo de marinos inexpertos.

También sorprendió a quienes conversaron con él con frases como “aunque muera, seguiré viviendo” o “jamás me volverán a ver, aunque no me haya muerto”. Se pensó entonces que el navegante era aficionado a las frases geniales…

Pero ¿era sólo eso? La interrogante subsiste hasta hoy. Después de zarpar de Buenos Aires, el ” Santa Margarita “, su dueño, la bella Millie y la tripulación se diluyeron en la nada. Jamás se tuvo indicios de su suerte, nunca se dilucidó su misterio.

¿Doblaron o no el Cabo de Hornos? ¿O siguieron viviendo en una isla hasta su extinción? ¿O aún están vivos?

La prolongada y apasionante lucha del hombre por dominar los océanos lo ha llevado a emprender aventuras en que, además de poner a prueba su valor, le exigió profundizar sus conocimientos en astronomía, perfeccionar tos instrumentos para orientarse y emplear otros materiales en la construcción de sus naves.

Los grandes descubridores, como Colón y Magallanes, los hombres de la guerra en el mar, los investigadores de los polos y del abismo marino, junto a los científicos y técnicos que hicieron posible la navegación atómica, tienen un lugar en la historia de la humanidad.

Esta síntesis gráfica registra algunos de los rostros más importantes, así como escenas propias de la vida en el mar, donde el hombre se enseñorea cada día con mayor seguridad y fuerza.


*Más información en mi libro: “Los misterios del mar” de José Manuel García Bautista. Enviado desde mi BlackBerry® de Vodafone

 
 

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