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La leyenda del antiguo hospital de Santa Cristina.

21 Sep

Son varias las leyendas sobre la fundación de este establecimiento. Se cuenta que dos peregrinos franceses de alta alcurnia, cuyo nombre se ha olvidado, iniciaron su peregrinación en pleno invierno. En el alto de Somport fueron sorprendidos por una tormenta de nieve y las ventiscas , sumadas a la amenaza de los lobos que los perseguían, les hicieron temer por sus vidas y se encomendaron a la Santísima Virgen para que los salvara. En ese momento pudieron distinguir unas luces que señalaban un punto y al llegar hallaron una cueva, según otras versiones una cabaña, en la que pudieron guarecerse. Al día siguiente la tormenta había cesado y los lobos habían huido. En acción de gracias, los peregrinos prometieron fundar en este lugar un hospital para peregrinos y entonces apareció una paloma con una cruz dorada en el pico que abandonó la cruz en un lugar específico. Los peregrinos entendieron entonces que la Virgen había adoptado la forma de paloma y les había señalado el lugar donde el hospital debía ser levantado. La paloma con la cruz en el pico sería desde entonces el escudo del hospital y ese motivo se encuentra también tallado en la iglesia de Santiago de Jaca.

Otra versión más sencilla cuenta que dos caballeros, conmovidos por la cantidad de peregrinos muertos en la zona, decidieron fundar un hospital. Una mañana encontraron una paloma que, posada en un arbusto de boj, sostenía una cruz de oro en el pico. Al levantar el vuelo, abandonó la cruz junto al arbusto y allí se levantó la capilla del hospital.

Esta sería su leyenda:

Dos caballeros franceses cuyo nombre ya se ha olvidado, si bien se recuerda su alta alcurnia, decidieron emprender el Camino de Santiago en pleno invierno, precisamente la época en que todos los peregrinos rehuían arriesgarse a seguir la Ruta, tanto por las condiciones meteorológicas adversas como, sobre todo, por los graves peligros que entrañaba el paso a pie de los puertos pirenaicos. Sin embargo, para los dos caballeros el reto invernal formaba parte de la misma devoción que los guiaba. Y el enorme sacrificio que suponía, era para ellos una prueba más que querían afrontar en honor del Apóstol al que habían prometido visitar.

Así alcanzaron a duras penas el puerto de Somport, azotado por una terrible ventisca que los obligaba a caminar con nieve hasta la cintura. Apenas sobrepasada la cumbre, se dieron cuenta de que las fuerzas comenzaban a fallarles y que no podrían resistir el descenso, totalmente solitario y sin posibilidad de encontrar refugio alguno. De pronto, misteriosamente, atisbaron una luz a poco trecho y al acercarse, en el límite de su resistencia, distinguieron una cabaña iluminada. La cabaña estaba desierta, pero tenía el fuego encendido en el hogar y la tosca mesa se encontraba bien provista de alimentos y bebidas, de modo que saciaron su hambre y calentaron sus cuerpos. Convencidos de que había sido un milagro, los dos caballeros se encomendaron al Apóstol y, devotos como eran de Santa Cristina, prometieron la construcción allí mismo de un refugio para peregrinos que llevaría el nombre de la santa constructora. Apenas habían formulado su voto, surgió un pajarillo llevando en el pico una cruz de oro, con la que fue marcando con pasmosa precisión los limites exactos del contorno del que, en poco tiempo, se habría de convertir en el primer hospital de peregrinos de aquel paraje por donde se iniciaba el Camino Jacobeo Aragonés.

 
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Publicado por en septiembre 21, 2012 en Divulgación

 

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