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LO INEXPLICABLE SE MANIFIESTA EN LOS GRANDES ALMACENES

29 Ene

Por: Jose Manuel García Bautista

LO INEXPLICABLE SE MANIFIESTA EN LOS GRANDES ALMACENES

En la plaza del Duque destaca por la escolta espartana que le unos edificios que todo el sevillano conoce de unos conocidos grandes almacenes. Aquí nos detenemos para entrar en el espacio que antaño ocupaba el palacio de los Sánchez-Dalp, o más concretamente la casa palacio del marqués de Palomares y de Miguel Sánchez-Dalp y Calonge.

Formaban un conjunto cuyo primer edificio se construyó a mediados del siglo XIX por el marqués de Palomares, en el solar del palacio de los duques de Medina Sidonia. La actividad mercantil de este edificio quedaría marcada cuando en su interior se instaló Almacenes del Duque. El palacio del conde de las Torres de Sánchez-Dalp se construyó entre 1908 y 1916 por parte del arquitecto bonaerense Simon Barris y Bes, en uno de los lugares con más historia de toda la ciudad, cercano a él se ubicada otro de los míticos edificios de Sevilla: el palacio de los Cavaleri. Todo ello ubicado en los despojos de lo que fue antaño el suntuoso palacio de los duques de Medina Sidonia, destruido por las tropas francesas entre 1810 y 1812.

Curiosamente, para muchos sevillanos la demolición de estos bellos edificios era un sacrilegio arquitectónico al que sólo se opuso públicamente el periodista Joaquín Romero Murube. Y es que estos edificios eran de una extraordinaria belleza y riqueza ornamental, y ejemplo potencial del regionalismo sevillano. No fue respetado su indudable valor artístico y fue destruido junto con otros ejemplos del modernismo y del regionalismo en Sevilla. El palacio era una clara síntesis de vanguardismo europeo y de arquitectura regionalista en fino y justo equilibrio, en combinación y armonía perfecta.

En su obra Arquitectura del Regionalismo en Sevilla. 1900-1935 dice Alberto Villar Movellán: “Se rindieron ante evidencias como la Plaza de América o la casa de Miguel Sánchez-Dalp” sobre el Congreso Nacional de Arquitectos, añadiendo: “Tuvo importancia para la ciudad por cuanto reunió, en un momento clave de la evolución arquitectónica regionalista, a los arquitectos de todo el país. Fueron los jueces excepción”. Aquel bello edificio reunía lo mejor, y más caro, en maderas labradas, yesería, mármoles, columnas, restos arqueológicos, estatuas, forja, lámparas, pavimento, tapices, arcón, artesonado, diseño… Podemos decir abiertamente que Sevilla perdió unas de sus joyas más preciadas con su incomprensible derribo…Incluso para salvar este edificio se propuso que fuera sede del Museo Histórico de Sevilla, propuesta de Francisco Collantes de Terán y Delorme en 1957, durante su discurso de ingreso en la Real Academia de las Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Al empresario Enrique Pavón le tocó la parte más amarga de esta historia, negra historia: su destrucción. De este bello edificio se dijo: “No había un solo rincón, una puerta, una cancela, una ventana, una verja, que no respondiera a exigencias artísticas, con diseños originales o mostrando copias de obras maestras de los Reales Alcázares y otros palacios andaluces e italianos”. Y así, aquel bello edificio dio paso a ese otro que hace las delicias de todos aquellos ávidos de compras y regalos.

Aquí nos detenemos para contarles el curioso “comprador” que parece habitar en su tercera planta, a decir siempre de los testigos. Uno de esos seres del más allá, apegados al más acá. Un lugar con historia en pleno centro histórico sevillano, que ante sus puertas ha visto pasar invasiones e invasores, guerras cainistas de una sinrazón y héroes anónimos de una ciudad sin igual… Tal vez todo ello no sea más que el eco de alguno de sus pasados más gloriosos que hoy se manifiesta desde ese otro lado buscando el hermoso lugar que ayer desapareció para dar vida a un mausoleo del ocio y consumo, o tal vez fruto de la imaginación y la sugestión, en suma: del miedo.

Lo cierto es que nuestra protagonista, Lourdes R., nos relataba sus experiencias en el edificio: “Hay un lugar especialmente siniestro, más que nada por las cosas que pasan allí… En la tercera planta, allí raro es el día que no ocurre algo, en la zona de almacén, es un sin vivir. Tan pronto estás tan tranquila como sientes un golpe tremendo y cuando acudes observas como todo está por los suelos sin que nada haya de extraordinario para causar tal devastación… Te sientes continuamente observada, sabes que no estás sola, ves una silueta que se mueve tras las estanterías pero sabes que allí no hay nadie más y sin embargo otra caja que vuela… ¿Cómo? Es imposible de explicar. Son muchos los que me comentaban: ya me contarás mañana… Y las primeras veces no sabía a qué se referían pero ya, con el tiempo y el pasar una cosa y otro y otra pues llega ese momento en el que sabes que algo muy raro está ocurriendo”.

La testigo, impresionada, añadía: “Cajas y objetos que se mueven o aparecen cambiados de sitio han sido una constante, el sentir como alguien respira tras de ti, o te toca un algo helado que no logras a ver pero que sin embargo deja su huella gélida sobre ti… O de cómo las cosas aparecen movidas de sitio y tú sabes que esa caja no estaba ahí porque su sitio es allí (señalándolo con sus dedos), ya que lo acabas de poner allí –recalca- y lo vuelves a colocar en su sitio y un minuto después está otra vez donde no debe… Eso muchas veces…, es una locura y son muchos los compañeros a los que les ha ocurrido cosas extrañas ahí adentro. Unos hablan de fantasmas, de espectros…,otros de despistes, olvidos o sugestión. Pero lo cierto es que a medida que van ocurriendo las cosas la gente cambia de postura y son más los que se encuentran en este lado que en aquel”.

Y los testimonios se van agolpando con una constante común: el fenómeno paranormal. No se despiste y se pierda en la planta sótano de este edificio pues también allí se habla del espectro de una persona impedida, aquel que tiene la oportunidad de asistir a su presencia, a su manifestación queda irremediablemente embargado por la certeza de que lo paranormal habita en las paredes de ese gran almacén en pleno corazón hispalense. Tal vez, uno de esos viejos fantasmas de la Sevilla del siglo XIX se venga ahora de su palacio destruido en este gigante que hoy se erige en plena plaza del Duque.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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