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LA MONJA ESPECTRAL DE LA CASA CUNA

28 Feb

Por: Jose Manuel García Bautista

LA MONJA ESPECTRAL DE LA CASA CUNA

En la populosa barriada de San Diego encontramos otros de esos lugares donde el misterio se ha instalado… Es un viejo edificio de ladrillo visto del que destacan sus arcos y su estructura social, amplio jardín y una sobria valla que nos advierte de su función hace años. Allí nos encontramos en la llamada Casa Cuna de Sevilla. Y es aquí donde nuestros protagonistas van a vivir una serie de experiencias que van más allá de lo humano, más allá de lo intrascendente, más allá de la propia vida.

Ricardo B. es uno de esos sevillanos que se encontró de cara con lo inexplicado. Desde hace años se escuchaban relatos sobre el edificio de la Casa Cuna, antaño era un edificio aislado, «lejos» de Sevilla y por la que pasaba una pequeña carretera que enlazaba con otras barriadas de Sevilla como la de Begoña; al menos a los ojos de un niño era lo que parecía en un tramo que siempre se hacía eterno. De aquel edificio destacaba su soledad y es que esa misma soledad era la que debían de sentir aquellos menores que era auspiciados en su interior en tiempos en el que el hambre o los pocos recursos hacían a las familias buscarles un futuro mejor a los que más se quiere: los hijos. Así pues este fue un lugar de refugio, un lugar caritativo, un lugar de esperanza pero también un lugar de sufrimiento, de nostalgia, de aislamiento, un lugar cuya historia está escrita, en parte, con muchas lágrimas.

Cuando Ricardo entró por primera vez a trabajar en aquel lugar hacia el otoño de 1997 muchos le decían: «Ten ciudado y sobre todo no te asustes». Él en la ignorancia del que se sabía nuevo en el cargo trataba de buscarle algún significado a aquellas advertencias, creía que como vigilante tendría que atender que nadie entrara en el edificio o preservarlo re robos pero no era ese el motivo de tal explicación. Desde siempre había notado cómo en el edificio sucedían pequeñas cosas que le resultaban inexplicables: la vieja radio cambiaba constantemente de dial; él siempre decía para sí mismo: «Debe de estar desajustada». Pero lejos de estarlo la explicación, quizás, habría que buscarla en otro lugar, en otro tiempo…

Le llamaban la atención las lápidas que había en la Casa Cuna, paseaba a menudo leyendo los nombres de aquellas que habían sido enterradas allí: «¿Por qué no descansarán en un camposanto?», advirtiendo con ello que la presencia de éstas allí le ponía nervioso. Las luces del recinto también presentaban extrañas conductas: a veces se encendían y otras se apagaban, a veces te dejaban a oscuras y otras se apagaban tras de sí como si alguien, de forma inteligente, actuara sobre aquello pulsadores. «Realmente no sé qué pasaba allí; sé que desde que entré estuvieron pasando cosas extrañas, se sentían ruidos como de llorar de alguien en la zona de la cocina. Estabas tan tranquilo y algo te rozaba la nuca dejándote helado, te dabas la vuelta y no había nadie. Otras veces la tele o la radio era mejor apagarla ya que no se recibía nada, o las luces…, las luces me ponían nervioso».

Quizás su peor momento en el edificio fue una noche, cuando trataba de escuchar su programa deportivo y la radio no dejaba de emitir interferencias y cambiar de dial, entonces: «cCogí la radio y la sujeté con fuerza…, con mucha fuerza, y poco a poco con el dedo gordo fue tratando de sintonizar la cadena pero algo pasó que tuve que soltarla al suelo y quedó destrozada. En la radio, al pasar por una zona donde no había nada escuché claramente: Ave María purísima, claro, como un susurro… Me impresionó tanto que tiré la radio al suelo como si tuviera la peste. Después de eso pues casi siempre solía estar en el jardín, prefería estar allí fuera que dentro aunque las noches malas o de lluvia lo pasaba mal por qué en el patio trasero siempre sentía pisadas de algo, ¡y allí no había nadie!».

«No estamos solos». Así decía la psicofonía que unos chicos de la barriada de San Diego captaron recientemente (mayo de 2008) en el interior del edificio. Una psicofonía que ponía de manifiesto que algo anormal ocurría en este edificio: «Fuimos a ver si podíamos captar algún fenómeno, mi hermano es muy aficionado a estos temas y nos dijo cómo debíamos hacerlo. Estando allí no pasó nada pero al llegar a casa sí, cuando comenzamos a pasar la cinta poco a poco sentimos ese no estamos solos que nadie había pronunciado. Imagínate a los espíritus hablando entre ellos y alertándose de que había dos seres humanos tratando de grabar sus voces… ¡es una pasada!». Y en verdad, si esas voces del otro lado provienen de más allá de la vida, lo es.

Ha habido más osados del misterio que se han adentrado en la profundidad de este edificio y han realizado sesiones espiritistas y experiencias psicofónicas de muy diversa índole, en muchos de esos casos se han captado voces en las que se pueden escuchar lastimeros llantos infantiles quizás como recuerdo de un lejano pasado. En otras de oyen voces imperantes que dicen: «venid» o «aquí ahora»; en otras solo un escalofriante gruñido o un llanto seco, ahogado… En cualquiera de los casos experiencias positivas en un lugar con mucho que contarnos aún.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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