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LA FALSA LEYENDA DE LA CASA ENCANTADA DE LA JUDERÍA

12 May

LA FALSA LEYENDA DE LA “CASA ENCANTADA” DE LA JUDERÍA

Por: Jose Manuel García Bautista

Conocí a Rafael Osorno en una circunstancia extraña, quizás porque mediaba una falsa leyenda en torno a una vieja casa en el Barrio de Santa Cruz, en la emblemática calle Judería, en el número 3, una vieja casa donde él había vivido.

Aquella falsa leyenda -recalco la irrealidad de la misma- decía que allí vivió una familia cuya hija realizó una ouija con consecuencias funestas y de cómo propició una investigación de la Sociedad Andrómeda. Era una historia que tenía todos los componentes ideales de un guión de una película de terror, así me la relató, con gran profusión de datos, el profesor Daniel Ortiz Mínguez, presidente de dicha sociedad.

Y la leyenda comienza a cobrar mayor sonoridad a raíz de ser publicada como consecuencia de las especulaciones sobre las razones por las que Patrimonio no lograba venderla en subasta. Su antaño mal estado hacía que también hubiera comentarios de fantasmas en aquel lugar. El problema venía que al querer investigar esta historia pocos datos se podían arrancar a la Institución pública. Así que muchos dieron -entre ellos yo mismo- esta leyenda por real o, al menos, con visos de realidad.

Pero no toda leyenda tiene por qué ser cierta, o tener el germen de la verdad, y fue el propio Rafael Osorno, cuya familia y él mismo vivió allí, quien me narró amablemente como todo eso no sucedió en su casa. Su hogar era de lo más normal y muy alejado de fantasmas e historias del más allá, su mayor problema era que el paso del tiempo hacía ya estragos en la vivienda y que obligó a desalojarla, abandonarla, en 2005. Se realojó a la madre de Rafael Osorno en la cercana calle Miguel de Mañara donde vivió hasta el momento de su muerte, quizás recordando los buenos momentos vividos en Judería.
Nuestro protagonista, en estos días, ha recibido llamadas en los que le comentaban: “Rafael yo no sabía que vivías en una casa encantada” y nuestro amigo explicaba, irónicamente, que él tampoco lo sabía dada la irrealidad de la leyenda.

Hoy reviso los archivos y comprendo que la fuente de aquella información, el fallecido profesor Daniel Ortiz, debía estar confundido de ubicación y su caso ser de otro lugar del entorno, que alguno de ellos publicó en la prensa sevillana de la época.

Es el fin de una historia del más allá que, al menos, en calle Judería jamás sucedió; es el fin de una leyenda de corto recorrido allá donde la realidad fue bien diferente a las historias del otro lado. El investigador también debe estar comprometido con la verdad y al descubrir éste tipo de hechos relatar la realidad de un determinado lugar, en el terreno de lo inexplicable o saliendo del mismo.

He quedado con Rafael Osorno en, cuando venga a Sevilla, tomarnos algo juntos y hablar de situaciones inverosímiles en la vida real sin que medie ningún fantasma equivocado de calle. Son los sutiles hilos del destino.

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