RSS

Archivos diarios: junio 14, 2016

AQUELARRES EN SEVILLA

Por: Jose Manuel García Bautista

AQUELARRES EN SEVILLA

Los días grandes de estas reuniones sacrílegas en Sevilla, eran aquellos cuyas noches conducían irremediablemente al aquelarre. Imagínense a un brujo herético, sabiéndose perseguido, en los tiempos de la Sevilla inquisidora, caminando hacía un lugar en las afueras de la ciudad, en los Arenales, en las inmediaciones del río Guadalquivir, para celebrar esa reunión secreta y adorar al demonio, el temido “Sabbat” o aquelarre, que también condujo a un inexplicable, ¿o no?, antisemitismo. A los judíos de la época, que tanto dieron a esta ciudad, se les culpaba de todo, incluso de estos ritos alejados de su religión… Aquellos arenales perdidos de Sevilla, que se encontrarían en las cercanías de San Jerónimo, o donde hoy hallamos el Puente del V Centenario, alejados de Sevilla y de esa ubicación que tantos les han atribuido, de la zona de El Arenal, cercana a la plaza de toros y que, sin embargo, se hallaría casi frente al Castillo de San Jorge. Ningún brujo o bruja en su sano juicio, realizaría un aquelarre, ni en aquel lugar ni dentro de los límites de la ciudad. El termino aquelarre da mejor su significado, si citamos otras localidades españolas, como Zugarramurdi en Navarra o La Guixas en Huesca, y se comprende así aquel término euskera que proviene de la unión de macho cabrío (aker) y campo (larre). Los perdidos arenales de Sevilla, fueron lugar de reunión de las brujas sevillanas y no falta quien añade, una zona indeterminada del Aljarafe, como punto de encuentro de las mismas. Read the rest of this entry »

 

LAS TORTURAS DE LA INQUISICIÓN

Por: Jose Manuel García Bautista

LAS TORTURAS DE LA INQUISICIÓN

Las armas con las que se valía el Santo Oficio en aquella casa-cárcel del castillo de San Jorge, para hacer confesar a un reo, eran variadas y a cual más cruel. Se jugaba con la psicología, enseñándole primero lo que le esperaba si no confesaba. Si no lo hacía, se pasaba a la tortura, a la garrucha que era un método contundente de dolor, ya que se ataba al acusado por los brazos y éstos a la espalda. Se elevaba al mismo hasta el techo de las dependencias y se le soltaba desde arriba. El dolor en los miembros era considerable. Si seguía sin confesar, se ataba y fijaba al acusado sobre una mesa. Inmediatamente se le ligaban manos y piernas, comenzándose a tirar de las mismas, provocando el estiramiento de los miembros y un dolor indescriptible, que le obligaba a la confesión, aunque esta fuera falsa, sólo por librarse de aquel suplicio. Read the rest of this entry »

 
 
A %d blogueros les gusta esto: