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SANTA JUSTA Y RUFINA

15 Jun

Por: Jose Manuel García Bautista

SANTA JUSTA Y RUFINA

En la Historia de Sevilla muchas son las devociones que encontramos, quizás una de las más curiosas es la que nos habla de sus patronas, incluso hay confusión en el propio sevillano: para unos es la Virgen de la Hiniesta, para otros la Virgen de los Reyes, La Inmaculada dicen otros o la Virgen del Pilar… Bueno será narrarles le siguiente historia, sus protagonistas: Justa y Rufina.

Entre los entresijos de la Historia, casi perdida, de la vieja Híspalis, nos vemos trasladados a tiempos pretéritos, como teletransportados en el espacio y en el tiempo entroncando con aquel tiempo en el que los calabozos romanos estuvieron en los subterráneos de esta Iglesia, unos calabozos donde las tropas romanas hacían sufrir y torturaban a todo aquel elemento subversivo hacia el Imperio Romano o a los perseguidos sectarios del cristianismo… Y es en ellos, en las «sagradas cárceles» del Santuario de María Auxiliadora, en la Ronda de Capuchinos, donde tiene lugar la leyenda de Santa Justa y Rufina patronas de los alfareros de Triana. Se cuenta de estas dos santas sevillanas nacidas por los años 268 y 270, que eran dos hermanas virtuosas, de clase acomodada y cristianas. Montaron un negocio de alfarería en la Puerta de Triana y con ello se ganaban la vida. Se dedicaban también a la noble acción de cristianizar paganos y enseñar la fe al punto de convertir su lugar de trabajo en un templo de socorro y consuelo a los perseguidos.

A primeros de junio se celebraba en Sevilla la fiesta a la diosa romana Salambona, en la cercana localidad de Sanlúcar la Mayor donde se encontraba su templo. La diosa construida de barro cocido era hueca y estaba sujeta por dentro a un armazón de hierro que para hacer llorar a la imagen le ponían plomo por dentro de los ojos, y acercándole fuego al plomo se derretía saliendo al exterior por unos orificios en los ojos en forma de gruesas lágrimas. Mientras duraba esta ceremonia todo el público la acompañaba con grandes chillidos y lamentos fingidos así como gritos de pábulo y horror. Una imagen que tanto nos recordaría hoy a las imágenes sangrantes tan relacionadas con ese fenómeno paranormal que llamamos milagros.

Se pedía limosnas durante la celebración, al llegar a la casa de las santas y pedirles un donativo para el culto de la diosa, ellas, respondieron que solamente adoraban al verdadero Dios creador del mundo y de todas las cosas, y que no contribuirían al culto de una ridícula imagen de barro. Las hermanas fueron ajusticiadas de inmediato mientras que las tropas romanas destrozaban la tienda de alfarería. Ellas actuaron en consecuencia y dijeron: «Mirad como vuestro ídolo no está hecho de mejor barro que nuestros botijos» y el ídolo quedó destrozado en mil pedazos. Por destruir el ídolo fueron enviadas a las cárceles romanas en Sevilla o también denominado como Pretorio o Palacio de Justicia, que estaba donde está hoy la iglesia de la Santísima Trinidad (C/María Auxiliadora antigua calle Arrebolera, hoy en plena Ronda de Capuchinos). El prefecto Diogeniano las condenó siendo antes cruelmente torturadas, durante este suplicio las dos hermanas se encomendaron a la Virgen y su calabozo, según cuentan las crónicas, se iluminó por una silueta del que surgió la imagen de la Virgen –a la cual profesaban tanta devoción– y sus tremendos dolores desaparecieron. El Obispo Sabino les otorgó la comunión tras sobornar a la guardia romana. Justa murió víctima del martirio y la fiebre, Rufina murió degollada con 18 años tras sobrevivir al circo. Los restos de ambas santas fueron enterrados en el cementerio de cristianos siendo el encargado de esta penosa labor el obispo Sabino, quién se trasladó a lo que actualmente es la iglesia de los padres Capuchinos en la llamada Ronda de Capuchinos y volvemos al presente encontrándonos nuevamente en esta misma ubicación.

Así pues tenemos en Santa Justa y Santa Rufina a las patronas de la ciudad junto con la Virgen del Pilar.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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