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OVNIS EN EL ARTE

27 Jun

En nuestro primer programa desvelamos algunas de las claves ocultas que encierran grandes obras de grandes artistas. Y es que, muchas pinturas, después de haber sido analizadas por expertos, historiadores y artistas, han revelado los misterios que guardan.

Se han encontrado objetos, fenómenos, incluso ovnis. En este repaso se han descubierto claves cabalísticas en obras de Leonardo da Vinci, Clivelli, Goya e incluso en las Meninas del Prado.

OVNIS EN EL ARTE

La Virgen con el niño San Juan (escuela de Fray Filippo Lippi, s. XV)
Se encuentra en el Palazzo Vecchio de Florencia, en una pared casi a contracorriente del recorrido de los visitantes. En ella hay un gran OVNI a la derecha, rodeado de rayos brillantes, y una estrella de navidad a la izquierda acompañada por otras tres estrellas menores.
Lo que sostienen algunos críticos es que el OVNI mayor ocupa el lugar que en otras composiciones similares, contemporáneas a ésta, tendría un ángel. Pero en esta obra de gran realismo, tal ángel no es siquiera imaginable. Y en cuanto a las tres estrellas, serían el símbolo de la triple virginidad de la Virgen: antes, durante y después del parto (¡).
El ángel sería aquel que, en los evangelios, anuncia a los pastores que el Mesías ha nacido.

La Anunciación
(Carlo Crivelli, 1486)
La obra está en la Nacional Gallery de Londres, junto a la segunda versión de La Virgen de las Rocas.
La idea del rayo como “anunciador” es propio del siglo XVI. En este caso, el rayo surge de una nube esférica muy similar a OVNIs reales fotografiados en pleno siglo XX: Como la secuencia de seis fotos obtenidas el 9 de septiembre de 1957 en Fort Belvoir (EE.UU.) en la que un extraño “anillo volante” forma una nube a su alrededor. Fue en 1966 cuando el NICAP confirmó su autenticidad.

La Tebaida (Paolo Uccello, s. XV)

Representa varias escenas de la vida monástica, e incluye retratos de San Bernardo, San Francisco o San Jerónimo.
Se conserva en la Galería de la Academia de Florencia. Mide 81 x 100 cms.
El OVNI que contiene la imagen está en la caverna. Es de menores dimensiones que el perro cercano y parece un objeto físico. Si se conoce la historia eclesiástica se desvela el misterio: el OVNI es un sombrero de cardenal, con sus borlas, tirado en el suelo. El hombre desnudo y arrodillado frente al crucifijo es San Jerónimo, que se convirtió en ermitaño tras renunciar a su carrera eclesiástica.
En cuanto al perro, no es tal, sino un león. Y la leyenda de San Jerónimo dice que el santo logró dominar a ese animal tras quitarle una espina de una de sus garras.
“Sputnik” de Montalcino (Ventura Salimbeni, 1600)

Llamado realmente “La exaltación de la eucaristía”, esta obra representa un objeto metálico, con antenas enroscadas y protuberancias muy similares a las de un moderno satélite Vanguard, lanzado por EE.UU. en febrero de 1959.
¿Ilusión óptica? ¿Representación vulgar del “globo de la creación” con el Sol y la Luna? Tal vez. El profesor Roberto Cappelli, sin embargo, descubrió algo para hacer dudar: el “espíritu santo” aparece dos veces en la obra. Una entre las “antenas” del “satélite”, y otra sobre el Papa Clemente VIII, como si se hubiera retransmitido esa imagen.
El milagro de la nieve (Masolino da Panicale, 1428)

Se conserva en la Galería Nacional de Capodimonte, en Nápoles. Su destino original fue la iglesia de Santa María Maggiore de Roma, y recoge la historia de un milagro ocurrido en agosto del año 352, cuando una nevada marcó el lugar en el que habría de construirse la iglesia de Santa María.
Los OVNIS parecen aquí nubes de los que se desprende nieve. Pero, ¿son sólo nubes? ¿No recuerda esto a las lluvias de “cabello de ángel” que los expertos asocian a los No Identificados? ¿Explica eso una “nevada selectiva” en agosto?

Bautismo de Cristo (Aert de Gelder, s. XVII)
Esta obra de un discípulo de Rembrandt recoge el bautismo de Jesús en el Jordán, presidido por un extraño objeto que ilumina la escena. La obra se encuentra en el Fitzwilliam Museum de Cambridge.
El OVNI tiene en el centro una paloma, que representa al Espíritu Santo, tal y como es descrita por los evangelios.

Retablo de Santa María de Campos (Familia Moguer, 1438)

En la iglesia mallorquina de Santa María de Campos se encuentra la Virgen de la Lactancia en la esquina inferior izquierda del retablo. Es otro OVNI con rayo, en una anunciación

OVNIS en el arte
A lo largo de la historia, numerosas obras de arte han sido objeto de exhaustivo estudio debido a la aparente representación por parte del artista de objetos extraños u OVNIS. Personajes como Leonardo Da Vinci, Goya o Velázquez plasmaron en sus obras lo que hoy en día consideramos como fenómenos paranormales. Veamos varios ejemplos:

La Virgen con el niño San Juan (escuela de Fray Filippo Lippi, s. XV). Esta obra, que se encuentra en el Palazzo Vecchio de Florencia, es quizá una de las máximas exponentes de los OVNIS en el arte. Podemos ver, en la parte superior derecha, un OVNI de gran tamaño rodeado de luz, así como una especie de estrella de navidad, rodeada a su vez de otras tres estrellas.

El “Sputnik” de Montalcino (Ventura Salimbeni, 1600). Esta obra, dividida en dos partes que diferencian claramente el cielo y la tierra, alberga, en la parte alta, dos antenas que parten de una gran esfera transparente, más bien sólida, que recuerda a las de un moderno satélite Vanguard, lanzado por EE.UU. en febrero de 1959. No cabe duda de que la imagen es espectacular.

El milagro de la nieve (Masolino da Panicale, 1428). Personalmente, lo primero que me pasa por la cabeza al ver este fresco son aquellos episodios de la serie “V”. Los OVNIS parecen nubes de los que se desprende nieve… o más OVNIS.

Estos tres ejemplos son sólo los más significativos. Evidentemente, todo puede deberse a una sugestión propiciada por nuestras mentes enfermas pero… ¿acaso no cabe la duda?
Ovnis en el arte

“Miré, y he aquí que venía del septentrión un viento impetuoso, una nube densa, y en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como bronce en ignición. En el centro de ella había semejanza de cuatro seres vivientes y cada uno tenía cuatro caras…”.
Fragmento bíblico en el que se narra como el profeta Ezequiel se encuentra con un vehículo junto al río Kebar.
Este fragmento bien podía haber sido sacado novela de ficción o de una película futurista, pero no es así. Se trata de la descripción que el profeta Ezequiel hizo del encuentro con un misterioso objeto volador cuando se encontraba junto al río Kebar, descansando de las labores propias de su cargo de sacerdote. Y es que según investigadores de la talla de Blumrich, ingeniero de la NASA, “los datos obtenidos nos muestran un vehículo espacial no sólo absolutamente posible desde el punto de vista técnico, sino también inteligentemente adaptado a sus funciones y misión. Lo único fantástico de todo esto es que semejante nave fuese ya una realidad palpable hace más de 2.500 años”

En numerosos pasajes bíblicos se habla de extrañas naves voladoras, de seres dotados de cascos que salían de dichos ingenios e incluso de trajes parecidos al metal. Pero ya hay indicios de que esos seres pudieron visitar la Tierra incluso antes del nacimiento de Jesucristo. Así lo muestra la pintura rupestre neolítica que data de hace unos 5.000 años y en la cual sin lugar a dudas un extraño ser aparece rodeado de los típicos platos volantes que se describen hoy en día. Otro de los legados pétreos de los que queda constancia es el grabado hallado en una cueva de Uzbekistán situada en la frontera entre Rusia y China, y que data del 2000 a.C. El dibujo representa un disco ovalado con propulsión a chorro que parece elevarse verticalmente. Debajo de él, se ve claramente la imagen de una “persona” dotada de casco, antenas y el típico traje que hoy en día utilizan nuestros astronautas. Una imagen absurda para la Edad del Bronce, en las que las pinturas rupestres se limitaban a representar escenas de caza, animales y plantas. ¿Qué vieron aquellos hombres? ¿Qué querían representar con esos dibujos?

Edad Media

Ya en nuestra era, las muestras de que algo extraño ocurría en los cielos queda reflejada en muchos grabados. Eran siglos en los que la brujería, la magia y la Inquisición estaban a la orden del día y muchos fueron los que perdieron la vida por defender su verdad sobre lo que habían visto en los cielos. Es en estos tiempos cuando los artistas comienzan a reflejar tímidamente en sus obras esos objetos voladores que aparecían sobre los mercados y ciudades medievales.

A principios del siglo XIV, Giotto di Bondone (1266-1337) florentino de nacimiento, dibujó en su “Adoración de los Reyes Magos” una peculiar “estrella” con forma de bola de luz que dejaba una brillante estela a su paso. Si seguimos los escritos que hablan sobre la estrella de Belén, siempre se nos muestra como el astro que, guió a los Reyes Magos de Oriente para finalmente situarse encima del portal de Belén y no pasando a gran velocidad, como así parece mostrar el cuadro. Además, los astrónomos, en homenaje a lo que representó este pintor, dieron el nombre de Giotto a la sonda espacial enviada por la AEE (Agencia Espacial Europea) al encuentro del cometa Halley en 1986.

Pocos años más tarde el también italiano Paolo Ucello (1397-1475), magnífico representante del Quatrocento, pintó una tabla conocida como “la Thébaide” en la que se observa un Cristo crucificado y la figura de una persona orando ante él. Hasta aquí la pintura sería una representación religiosa como tantas otras, de no ser porque en la parte inferior de la obra se ve cómo una pequeña nave con forma de platillo se mueve trazando una curva imposible.

Son muchas las representaciones religiosas en las que aparecen aparatos mecánicos volando como si se hubieran trasladado en el tiempo y el espacio. Así lo muestra la gran obra pictórica de Fra Filippo de Lippi (1406-1469), “La Virgen y San Juan Infante”, en la que sin tener nada que ver con el tema del cuadro, aparece al fondo un ingenio con forma de cúpula. Algo fuera de lo común tuvo que observar este fraile carmelita, famoso por sus escándalos, para luego plasmar tan intemporal nave en el paisaje y jugarse la vida por defender su verdad; como le debió pasar a Carlo Crivelli (1430-1493), cuya “Anunciación” en vez de ser representada como los modelos que los de- más artistas contemporáneos imponían, dibuja un luminoso aparato que va a dar en la angelical frente de la Virgen. Otro artista, esta vez maestro de las letras, Hermann Schaden, ilustró en 1493 uno de sus libros con un llameante “objeto celestial” que, sostenido en el cielo como por hilos invisibles, parece disponerse a aterrizar sobre el frondoso campo.

Como vemos, las formas de reflejar el espacio y los ingenios que se movían en él eran muchas y muy variadas, dependiendo de los autores, de su pincel, de sus experiencias o tal vez de su imaginación. Así Piero del Franceschi, más conocido como de la Francesca (1420-1492) con gran técnica y maestría adornaba sus pinturas con unas enigmáticas nubes que más bien parecían ocultar tras la neblina perfectas formas discoidales, como si por miedo a las represalias, ocultara en ellas los ovnis que otros no tenían miedo en reflejar.

Personajes y contactos

No sólo los pintores y escritores se hacían eco de lo que se movía sobre sus cabezas. Otros personajes relevantes de la Historia mundial tuvieron encuentros con ingenios y seres imposibles, como es el caso del general cartaginés Aníbal (247-183 a.C.), que tantas batallas ganó según dicen muchas veces con la ayuda de naves de otros mundos; o Carlos I el Grande, más conocido como Carlomagno, rey de los francos y emperador de occidente cuyas conquistas y proezas se creían sobrenaturales y así lo recogió el monje Lorenzo en sus Annales Laurissenses, en los que narra la lucha que mantuvo “el Grande” contra los sajones diciendo “[…] la gloria de Dios apareció en manifestación encima de la iglesia en el interior del castillo. Los que lo observaron dijeron que tenía aspecto de dos grandes escudos de color rojo llameante, y que se movían por encima de la iglesia. Y cuando los paganos vieron este signo quedaron aterrorizados por el pánico, huyendo precipitadamente”. Cómo no, acerca del célebre Cristóbal Colón, se cree que la ruta que trazó en su histórica singladura era un viaje guiado por un conocimiento muy superior al humano y de las que el propio Colón habló en alguna ocasión.

Cabe también citar los ingenios vistos por el Faraón de la XVIII dinastía Tutmosis III, de los que se da cuenta en el Papiro Tulli en el que se dice que “[…] en el vigésimo segundo año, en el tercer mes de¡ invierno, a la sexta hora del día […], los escribas de la Casa de la Vida notaron que un círculo de fuego llegaba del cielo. Brillaban en el cielo más que el Sol. Poderosa era la posición de las bolas de fuego. En esto que se elevaron dirección sur […]”. También observaron aparatos parecidos Julio César, Constantino el Grande, el cronista del siglo XVI Pedro Cieza de León, el religioso Fray Junípero Serra y un sin fin de nombres que hacen uso de las viejas crónicas para mostrarnos una realidad que coincide con las actuales descripciones, refiriéndose también a los supuestos tripulantes de estos ingenios.

Ya en el siglo XVII, más concretamente en 1604, tenemos evidencias de que los ovnis sobrevolaron nuestro país, así el “Diari de Jeroni Pujades”, afirma que tales artefactos sobrevolaron Cataluña realizando piruetas imposibles ante la atónita mirada de numerosos testigos. Parecidos a los vistos en -1621 sobre Francia, la oblea gigante que sobrevoló Braga en 1640; la gran bola de Rusia en 1663 o los 446 ovnis descritos por el director del observatorio mexicano de Zacatecas en 1883.

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