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TUMBAS QUE NO DEBE DEJAR DE VISITAR EN SEVILLA

29 Jun

TUMBAS QUE NO DEBE DEJAR DE VISITAR EN SEVILLA

Por: Jose Manuel García Bautista

Sevilla, además de sus monumentos, sus calles, plazas y puentes… del rico tesoro de sus iglesias y palacios; tiene un gran atractivo para quienes deseen realizar «necroturismo» por la ciudad. Más allá del cementerio de San Fernando, existen cientos de enterramientos en iglesias, conventos y edificios históricos, donde yacen algunas de las personalidades más importantes de la historia de Sevilla.

El panteón de los sevillanos ilustres

La tumba de Bécquer
                                                                                La tumba de Bécquer– ABC

Uno de estos lugares es el panteón de los sevillanos ilustres, el gran mausoleo que se encuentra bajo la iglesia de la Anunciación.

Como ya contó Fran Piñero en un reportaje en Sevillaciudad.es, lo realmente interesante son las personalidades que se «dan cita» en esa cripta, protagonistas de la Sevilla de antaño y nombres propios en el arte e intelectualidad hispalense.

Entre ellos se encuentran los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer, cuyos enterramientos están adornados con símbolos como el libro de «Rimas» o las golondrinas.

Otros ilustres personajes que están enterrados en el panteón son Amador de los Ríos, José Gestoso, Rodrigo Caro, Arias Montano, Fernán Caballero Alberto Lista, los Ponce de León, Mateos Gago, Martín Villa, José María Izquierdo, Federico Sánchez-Bedoya o Cecilia Bohl de Faber.

La tumba de Colón

El monumento de Colón
El monumento de Colón– ABC

En el lado derecho de la nave del crucero de la Catedral de Sevilla, junto a la puerta de Campanillas, se halla desde 1899 la tumba de Cristóbal Colón.Después de muchos debates, los estudios de ADN realizados en la Universidad de Granada en 2006 certificaron que los restos que se encuentran en Sevilla son los auténticos del hombre que descubrió América.

Desde su fallecimiento en Valladolid en 1506, sus restos reposaron en el convento de San Francisco de esta ciudad castellana. Tres años después, su hijo Diego mandó trasladarlos al monasterio de la Cartuja en Sevilla.

A partir de aquí, comienza un peregrinar de los restos que lo llevaron, primero, a Santo Domingo y luego a La Habana. Allí permanecieron hasta 1898 cuando, tras la pérdida de Cuba por parte de España, el pesimismo reinante invitó a rescatar el cuerpo de Colón y traerlo de nuevo a España. Hubo un debate sobre dónde colocar los restos. Se pensó en situarlos junto al sepulcro de los Reyes Católicos en Granada, en llevarlos a Huelva, al monasterio de la Rábida, a la mezquita de Córdoba y al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando. Sin embargo, la decisión la tomó el descendiente de Colón, el duque de Veragua, que dijo que debían de reposar en la Catedral de Sevilla.

A finales de mismo año, embarcó camino de España, llegando al muelle de San Telmo en Sevilla el 19 de enero de 1899. Luego, en comitiva solemne, se dirigieron hacia la Catedral, donde el alcalde entregó la urna al arzobispo. La caja estuvo de manera provisional en un túmulo erigido en la cripta del Sagrario.

El 17 de noviembre de 1902, en presencia del duque de Veragua, del alcalde, del arzobispo, del cabildo y de las autoridades provinciales, se hicieron las exequias y se trasladaron hasta el mausoleo realizado por Arturo Mélida. Para custodiarla, el escultor edificó un monumento en el que cuatro heraldos representantes de los cuatro reinos españoles (Castilla, León, Aragón y Navarra) sostienen un féretro.

La urna de San Fernando

La urna de San Fernando, abierta
La urna de San Fernando, abierta– ABC

En la misma Catedral de Sevilla, a los pies de la Virgen de los Reyes, la imagen que le ayudó a reconquistar Sevilla, yace Fernando III el Santo.

Su cuerpo incorrupto descansa en una urna de plata sobre un basamento de mampostería, con epitafios en árabe, latín, hebreo y castellano. La tradición sostiene que los cuatro epitafios fueron compuestos por su hijo Alfonso X el Sabio.

Se trata de una tumba realizada por el orfebre Juan Laureano de Pina, cuyos trabajos comenzaron en 1690 pero que no pudieron ser finalizados hasta 1719 por su alto coste.

El sepulcro consta de dos partes, una exterior y una interior, con paredes de cristal, que sólo se deja ver cada 30 de mayo, festividad de San Fernando.

Los expertos consideran que la urna es la obra más relevante de la orfebrería barroca sevillana.

La maldición de la tumba de Hernán Cortés

El monasterio de San Isidoro del Campo
                                                          El monasterio de San Isidoro del Campo– ABC
César Cervera contaba en ABC que «la maldición de Hernán Cortés es la un país que no sabe cómo tratar a un personaje histórico que participó decisivamente en la fundación de lo que hoy es México, pero que es recordado como uno de los mayores villanos de su historia. Y mientras el país sigue debatiendo qué hacer con su legado, la tumba del conquistador español permanece semioculta tras ser víctima de una intensa persecución en el pasado».

Hernán Cortés falleció en 1547 en Castilleja de la Cuesta, en el palacio que hoy es colegio de las Irlandesas. Según dejó escrito en su testamento, quería ser enterrado en México, aunque de forma provisional quedó en el panteón familiar de los duques de Medina-Sidonia, actual monasterio de San Isidoro del Campo. El féretro se depositó en las gradas del altar mayor del monasterio.

En 1567, dos de sus hijos trasladaron sus restos a México, y le dieron sepultura en San Francisco de Texcoco. Comenzó entonces el largo peregrinaje de sus restos por este país.

Sin embargo, tras la independencia de México, su figura fue ampliamente rechazada al ser tildado allí como un genocida. Hubo quien pretendía profanar su tumba y destruirla, por lo que la Iglesia, adelantándose a lo que pudiera ocurrir, desmontó el sepulcro y ocultó sus huesos, que posteriormente fueron trasladados en 1823, de forma clandestina, al Hospital de Jesús.

En 1836, de nuevo pasaron a un nicho aún más oculto, donde permanecieron olvidados durante 110 años. Fue en 1946 cuando se hallaron sus restos y, finalmente, después de nueve entierros, fueron depositados en la mismaiglesia del Hospital de Jesús, en México, donde permanecen desde entonces con una humilde lápida.

La Caridad y Miguel de Mañara

Lápida de la tumba de Miguel de Mañara
Hombre santo para muchos, pero que nunca le fue concedido tal rango —aún está en proceso de beatificación—, yace enterrado en la iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad en Sevilla. Miguel de Mañara, uno de los grandes benefactores de la ciudad, dedicó gran parte de su vida a cuidar a enfermos, fundando ese hospital, que guarda un riquísimo patrimonio gracias a su amistad con Murillo y otros artistas de la época.

A su muerte, pidió ser enterrado al principio de la iglesia de San Jorge, para que todos pudieran pisar su tumba. Sin embargo, el mismo año de su muerte, en 1679, sus restos fueron trasladados a una cripta bajo el presbiterio, con un epitafio: «Aquí yacen los huesos y cenizas del peor hombre que ha habido en el mundo», en relación a su legendario pasado excesivamente liberal y seductor, cual Don Juan Tenorio, del cual se arrepintió finalmente.

Las cenizas de Murillo

La plaza de Santa Cruz, donde están enterradas las cenizas de Murillo
La plaza de Santa Cruz, donde están enterradas las cenizas de Murillo– ABC

Bartolomé Esteban Murillo murió en la calle Santa Teresa, en pleno barrio de Santa Cruz. El gran pintor hispalense, ya sexagenario, se encontraba realizando en 1681 un gran lienzo para la iglesia del convento de los Capuchinos de Cádiz, cuando cayó de un andamio. Aunque en principio parecía ileso, los daños internos que provocaron la caída le llevaron a la muerte en 1682.

Fue enterrado en la antigua Sinagoga de Santa Cruz, que fue destruida, y que estaba situada en donde está la actual plaza que preside la cruz de Cerrajería.

Allí actualmente permanece una placa que reza… «Para perpetuar la memoria de que en el ámbito de esta plaza, hasta poco hace, templo sagrado, están despositadas las cenizas del célebre pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo. La Acedemia de Bellas Artes acordó poner esta lápida, modesto monumento, pero el primero que se consagra a su ilustre fundador. 1858».

Doña María Coronel

El cuerpo incorrupto de Doña María Coronel
El cuerpo incorrupto de Doña María Coronel– ABC

Dentro de justo un mes, como cada año, el cuerpo incorrupto de Doña María Coronel será expuesto a la veneración de los fieles en el monasterio de Santa Inés. Allí reposan sus restos, en el coro de la iglesia, desde que falleció el 2 de diciembre de 1411.

Fundadora del convento, se quemó el rostro huyendo de los amores del rey Don Pedro I, y es la protagonista de una de las más bellas leyendas sevillanas.

La cripta «real» de Pasión

Lápidas de la familia De Borbón y Orleans
Lápidas de la familia De Borbón y Orleans– ABC

En la cripta de la Archicofradía de Pasión, en la iglesia del Salvador, reposan los restos de personalidades de la Familia Real, como la infanta Doña María de los Dolores de Borbón y Orleans, hermana de Doña María de las Mercedes, madre de Don Juan Carlos.

También yacen allí los restos de su hermano Don Carlos, muerto en la Guerra Civil; o de sus abuelos, Don Carlos de Borbón y Borbón y Doña Luisa Francisca de Orleans.

Está previsto que el Príncipe Adan Karol Czatorysk y su mujer, Josette, reposen también en este mausoleo cuando fallezcan.

La familia Ribera, en la Cartuja

Algunos de los enterramientos del monasterio de la Cartuja
Algunos de los enterramientos del monasterio de la Cartuja– J. MACÍAS
Allí donde estuvieron descansando los restos de Cristóbal Colón, se encuentran los enterramientos de la familia Ribera.

En la iglesia del monasterio hay una pequeña capilla de apenas 14 metros de largo por 5 de ancho donde se encuentran los sepulcros de seis matrimonios de esta familia que ejercía el patronato del monasterio.

Allí, en esa pequeña estancia repleta de yeserías, estuvo también enterrado Colón. Un lugar que estuvo presidido por el Cristo de la Clemencia de Juan Martínez Montañés, que actualmente se encuentra en la sacristía de los Cálices de la Catedral de Sevilla.

El Negro de Triana

La tumba de El Negro de Triana, en Santa Ana
                                             La tumba de El Negro de Triana, en Santa Ana– R. DOBLADO
En un reciente reportaje publicado en Sevillaciudad.es se dio a conocer la legendaria historia de Íñigo Lopes, un indio venido de América por orden de Cristóbal Colón, que acabó en el convento de San Francisco y de sirviente de un marqués cuyo nombre no se conoce.

Aquel indio, al que apodaban El Negro, fue asesinado a patadas por su amo, quien intentó yacer con él a lo cual se negó.

Desde entonces, fue enterrado como un noble en una tumba de cerámicasituada en la parroquia de Santa Ana, realizada por el insigne alfareroNiculoso Pisano, y a la cual le daban patadas las solteras de Trianadesesperadas por encontrar un marido.

Tanto es así, que la tumba se encuentra en un lamentable estado de conservación e, incluso, tuvieron que ponerle una verja para protegerla de las patadas de estas mujeres.

*Para Diario ABC, Javier Macías.

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