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LA MUJER ESPECTRAL DEL TEATRO ÁLVAREZ QUINTERO

09 Ago

Por: Jose Manuel García Bautista

LA MUJER ESPECTRAL DEL TEATRO ÁLVAREZ QUINTERO

En este lugar, un hermoso teatro vio como sus puertas cerraban al público tras una azarosa vida de representaciones sus últimos días los vivió proyectando películas como sala de cine. Cerrado en la década de los 80 vio impasible cómo el tiempo pasaba e iban cayendo en el deterioro.

Pasaron años hasta que El Monte de Piedad decidió intervenir y rehabilitar el edificio, engalanando el mismo y reverdeciendo antiguos esplendores. Se respetó el arco del escenario, quizás la pieza más valorada de su arquitectura y, teniendo como punto de partida al mismo, vio cómo se edificaba un nuevo teatro que nacía como el Auditorio Álvarez Quintero, que jamás debió dejar de existir en una ciudad como Sevilla, que tanto debe a los hermanos Álvarez Quintero. Con todo ello abre sus puertas al público a finales de la década de los 90 y con ello también abre una puerta al más allá. Y es que a lo largo de estas páginas hemos podido comprobar como cuando se produce una obra, una remodelación, mover tierra o descubrir antiguas arquitecturas también se abre la posibilidad de liberar los viejos fantasmas encerrados en las cápsulas del tiempo que forman ese mundo en el que quedaron encerrados.

Se comienzan a celebrar actos, conciertos y representaciones en su escenario, el público ruge y el recuerdo aflora. Tras uno de los primeros actos celebrados en el teatro algo llena de pábulo y terror a los miembros de la seguridad privada del edificio. Se pueden sentir pisadas delicadas en la planta alta, a través de las cámaras de seguridad observan cómo las puertas de acceso se abren y cierran solas y de cómo una figura femenina, pálida, cariacontecida, vaga por determinadas estancias del teatro. Al principio acuden raudos a ver qué es aquello, pensando en alguien que queda encerrado tras alguna representación pero este espíritu de auxilio queda ahogado cuando comprueban que ante ellos lo que tienen es la figura translúcida y evanescente de una dama ataviada con un camisón que parece buscar el lugar que ha perdido… Un lugar en una vida perdida… Son muchos los vigilantes que cuentan y narran sus experiencias en el teatro y que, por si acaso, se cuidan de manifestar públicamente por si estas experiencias no son demasiado bien vistas.

Entre tanto aire económico y cuadriculado, deshumanizado y apartado de valores, quizás la narración o el relato de una experiencia tan personal como imperecedera en la memoria, como es ser testigo de una aparición espectral, pueda parecer carente de interés… Pero lejos de lo que pudieran pensar se toman muy en serio tales experiencias. Entre estos silencios públicos hay mucho diálogo privado y cada miembro de la seguridad que ha pasado por el edificio ha vivido en alguna ocasión los fenómenos que acompañan a nuestra particular aparición. Hechos innegables que hoy día siguen produciéndose en el interior del Álvarez Quintero.

Pero después de todo ello surge una pregunta ineludible: ¿Quién es la persona que se aparece en el teatro y por qué? Quizás por una sola vez se tengan más respuestas que preguntas y se pueda responder a ello. Llegan de la mano de Jesús S. Conejero, comerciante que durante años estuvo establecido en la zona y conocedor sin igual de todo lo mistérico que tiene la zona, una zona llamada popularmente como «la milla de oro de lo paranormal». Según comenta el buen investigador sevillano, el fantasma pertenecería a una antigua vecina de la zona que una mala mañana fue la última vez que vio amanecer para pasar a una existencia bajo otra forma de vida. Ahora estaría buscando aquella vida que le fue arrebatada súbitamente y los quehaceres que dejó por hacer, unos quehaceres que, tal vez, jamás logrará finalizar, para proseguir así una existencia extraña entre los alaridos de terror de los testigos, que asombrados asisten a su aparición por los remozados pasillos del viejo teatro. Quizás para el propio espectro sea una sensación más extraña que la que viven las propias víctimas de esta desdichada aparición.

Si alguna vez se sienta en el confortable patio de butacas del antiguo Teatro Álvarez Quintero, fíjese bien en la persona que tiene sentada junto a usted, es posible que esté acompañado por un fantasma que viene de ese otro lado tan temido como desconocido.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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