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LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE

30 Ago

Por: Jose Manuel García Bautista

LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE

Ignacio de Azevedo y Abreu, nacido en Oporto en 1526, fue paje en la corte del Rey Juan III de Portugal desde 1539. Dos años más tarde entra en la Compañía de Jesús, llegando a ser nombrado sucesivamente, rector de los colegios de San Antonio de Lisboa, Coimbra y Braga y más tarde Viceprovincial de Portugal.

En una carta al Papa en 1565 solicita ser enviado a las Indias como misionero. Accediendo a esta petición, es enviado a Brasil como Visitador de la provincia jesuítica. La patente de Visitador fue firmada por San Francisco de Borja, por aquel entonces, General de la Compañía. Aprovecha su etapa en el país recorriendo Río de Janeiro, Bahía, Sao Paulo…, encontrándose en ocasiones con el Padre José de Anchieta y, probablemente con el que llegara a ser Apóstol del Paraguay, el mártir palmero Padre José de Arce y Rojas.

Regresa a Lisboa el 31 de octubre de 1568 y es recibido en audiencia por el Rey don Sebastián. Al año siguiente se dirige a Roma en compañía del embajador don Juan Telos de Meneses y es nombrado Provincial del Brasil, con lo que adquiere la potestad para reclutar una expedición de misioneros.

El Papa San Pío V lo recibe en Roma y le obsequia con diversas reliquias para que fueran veneradas en las nuevas misiones, así como un retrato de la Virgen, copia del original -que se custodia en la capilla Borghese de la Basílica de Nuestra Señora La Mayor de Roma-, atribuido al pincel del Evangelista San Lucas.

Ignacio recorre Madrid, Valencia, Barcelona, Medina del Campo, etc. En Portugal visita Évora, Coimbra, Braga. En todas estas zonas iba alistando voluntarios.

El día 3 de mayo de 1570 concentra en Val del Rosal a los 77 misioneros en la fiesta de la Santa Cruz. El día 2 de junio, cerca de Lisboa, en Belem, escribe ya en el galeón Santiago al General de la Compañía de Jesús.

Don Luis de Vasconçelos y Meneses había sido nombrado gobernador del Brasil, disponiéndose a zarpar en una flota compuesta por siete navíos. En tres de ellos, se habían instalado los misioneros jesuitas, llegando a mediados de junio de 1570 al puerto de Funchal (Madeira). Un poco antes, había salido de La Rochela, en el sur de Francia, el hugonote francés Jacques Souris, al mando de sus navíos, ávidos de encontrar algún botín. Llega al puerto de la isla portuguesa pero es rechazado por la artillería del castillo de San Lorenzo y de los cañones de las naves de don Luis Vasconçelos, cuya flota aún se hallaba anclada en la bahía.

Es curiosa la narración de Guillén de Lugo de Casaus -de quien se dice que inició el fabuloso joyero de la Virgen de Las Nieves-, en el acta del cabildo palmero de 28 de julio de 1570, cuando denomina al pirata francés “Capitán Curi”, asemejándose este nombre a la pronunciación francesa de “Souris”.

El galeón Santiago zarpó del puerto de Funchal con rumbo a Santa Cruz de La Palma el 7 de julio de 1570, aprovechando que los piratas habían abandonado finalmente la isla. A bordo iba el Padre Ignacio de Acevedo con 39 misioneros más y algunos pasajeros, amén de la tripulación. Estuvieron a punto de ser abordados por los cinco navíos de Sourie. Un fuerte viento se levantó repentinamente, lo que dispersó a los barcos, al aproximarse a La Palma. El galeón de los jesuitas tuvo que guarecerse rápidamente en el puerto de Tazacorte. Una vez anclado el galeón, saltaron a tierra los misioneros, quienes fueron acogidos por la familia Monteverde, establecida allí desde hacía algunos años. Se dio la circunstancia de que Melchor de Monteverde y Pruss se había educado junto con el Padre Ignacio en Oporto.

El 13 de julio de 1570 celebró el Padre Ignacio de Acevedo su última misa en tierra, en la iglesia del Patrón de La Palma, San Miguel Arcángel de Tazacorte.

Se cuenta que, en el preciso instante de que el jesuita sumió el cáliz, tuvo una revelación de su próximo martirio. Esto le provocó una tremenda impresión, lo que hizo que con sus dientes produjera una melladura en el borde del cáliz. En las crónicas del alcalde constitucional de la capital palmera Lorenzo Rodríguez, queda recogido ese momento de la siguiente forma: “en un sagrario muy decente se guardaban, con mucha veneración, el cáliz y patena, regalo de San Pío V, con que habían dicho la misa, el cual conservaba una confusa melladura hecha con los dientes incisivos, al tiempo de sumir el linguis, atribuyéndose entonces este hecho a la revelación que en aquel momento había tenido dicho padre de que iba a padecer martirio”. Se cuenta que el Obispo de la Diócesis de Tenerife don Luis Folgueras y Sión, en la visita que hizo a La Palma en 1831, se llevó esta reliquia y la envió a Roma.

Las reliquias entregadas por el Papa fueron desembarcadas y entregadas a su amigo Melchor, como muestra de agradecimiento por su acogida y, quizá, para que no cayesen en manos impías según su premonición. El caballero las depositó en la ermita de San Miguel. Este cofrecito se guarda aún hoy en esta parroquia.

El 14 de julio de 1570 zarpa el galeón Santiago rumbo a Santa Cruz de La Palma, por la parte sur de la isla. El mar, por este lado de poniente, se hallaba en calma ese día, lo que obliga al galeón a avanzar lentamente costeando la isla para mejor aprovechar el “terral”, la ligera brisa que le llega de tierra.

El corsario Jacques Sourie, a bordo del navío de guerra “Le Prince”, pudo interceptar al galeón de los jesuitas cuando éste se aproximaba a la Punta de Fuencaliente, aprovechando los vientos favorables que le venían del mar por la parte del naciente. Esto sucedió al amanecer del día 15 de julio. A los disparos de intimidación por parte de los piratas, les siguen los intentos de abordaje. Mientras tanto, los otros navíos del pirata se iban acercando al galeón “Santiago”. A la orden de Sourie, de los cinco barcos franceses saltaron salvajemente sobre el galeón portugués, unos piratas armados ávidos de sangre y riquezas. Nada pudieron hacer los tripulantes y los jesuitas. Todos iban sucumbiendo ante tal atroz ataque. El Padre Acevedo alentaba como podía a sus compañeros y compatriotas. Un capitán calvinista lo hiere en la cabeza con una espada. A duras penas seguía exhortando a los suyos a perdonar a los verdugos, mientras abrazaba con fuerza el pequeño cuadro de la Virgen, obsequio de Pío V. Herido de muerte por tres golpes de lanza, cayó al suelo sin vida.

Los piratas lanzaron por la borda a los cuerpos, algunos moribundos, hasta que los vieron hundirse en el mar. Los martirizados fueron dos sacerdotes, siete alumnos del Escolasticado, ocho hermanos coadjutores y veintitrés novicios.

Tan sólo se le había perdonado la vida al hermano cocinero, un joven que era sobrino del capitán de la nave. No satisfecho con su destino, decide vestirse con el hábito religioso y se declara jesuita. Fue degollado.

Después del martirio, los asesinos llegan a San Sebastián de La Gomera en son de paz. Al paso de los días se fue divulgando la espeluznante noticia. El Conde de La Gomera, don Diego de Ayala y Rojas, recaba de Jacques Sourie la entrega de los 28 miembros de la tripulación y pasajeros lusitanos que tenía prisioneros el corsario francés. Una vez llegados estos hombres a Funchal, relataron minuciosamente al jesuita Padre Pedro Díaz lo ocurrido a bordo de la nave portuguesa. Todo fue recogido en “La Relación del martirio del padre Ignacio de Azevedo y sus compañeros”.

Como premonición del acontecimiento que iba a vivir, uno de los mártires, el vizcaíno Padre Esteban Zurara (o Zuzayre, como lo llama el mencionado alcalde en sus “Noticias…”), antes de partir de Plasencia, donde vivía, para ir al Brasil, dijo al Padre José Acosta, su confesor, que “partía alegre y contento por tener la certeza de alcanzar el martirio”.

El Papa Benedicto XIV en su Bula de 21 de septiembre de 1742, reconoció el martirio de los cuarenta jesuitas “conocidos por antonomasia con el nombre de Mártires de Tazacorte y S.S. Pío IX en el año de 1862, día de Pentecostés los canonizó”.

Santa Teresa de Jesús -que tenía entre los mártires su sobrino Francisco Pérez Godoy , originario de Torrijos, Toledo-, aseguró a su confesor Baltasar Álvarez el mismo día en Ávila haber participado en su oración de la gloria con que el cielo había coronado a aquel invicto escuadrón de mártires misioneros. Le comunicó que había tenido una visión en la que había visto a estos mártires “entrar en el cielo vestidos de estrellas y con palmas victoriosas”.

El 11 de mayo de 1854 el Papa Pío IX los beatificó y en el santoral católico aparece reflejada esta festividad el 15 de julio. Se celebra anualmente en Tazacorte, tras la solemne función religiosa concelebrada en honor a los Mártires, la procesión con la talla del Beato Ignacio de Acevedo y la arqueta con las reliquias, las cuales también son expuestas.

En la actualidad (1999) se han colocado en el fondo del mar -a unos veinte metros de profundidad y donde se cree que fueron arrojados los jesuitas- cuarenta pesadas cruces de piedra que recuerdan tan triste episodio. Antes de su inmersión fueron bendecidas por el Obispo Nivariense. Están situadas entre la Punta de Malpica y la Punta de Fuencaliente, cerca de la llamada Boca Fornalla (también conocida por los pescadores de la zona como Cueva de las Palomas). Según nota informativa de don José Feliciano Reyes, su situación exacta es: 28º, 27″, 178″” Latitud Norte y 17º, 50″, 748″” Longitud Oeste. Se trata de un magnífico e impactante espectáculo visual, una sorpresa para el que desconoce este especial y original monumento. Se encuentra en el punto más famoso de la zona, pues su paisaje submarino es uno de los más hermosos del sur de la isla, cerca de la llamada Torre de Malpique o Malpica, en la costa de Fuencaliente de La Palma. Gracias a la iniciativa del mencionado Sr. Feliciano Reyes -antiguo Director del Patronato Municipal del Museo Naval de Santa Cruz de La Palma- que encabezaba un grupo de personas enamoradas del mar y de su historia, y gracias a la aportación económica del Excmo. Cabildo Insular de La Palma, el sueño de colocar las cruces en el fondo marino se hizo realidad.

A pesar de que “se trata de uno de los hechos históricos y religiosos más importantes que ha tenido La Palma y Canarias”, lamentablemente pocos palmeros y canarios conocen esta festividad ni tampoco esta historia.

Se está considerando la posibilidad de nombrar al Padre Ignacio de Acevedo Alcalde Honorario y Perpetuo del municipio. También se estudia el proyecto de acondicionamiento de las cuevas del Time, en el Barranco de las Angustias, para destinarlas a un centro temático que recuerde a estos misioneros. Éstos estuvieron en estas oquedades haciendo penitencia.

LISTADO DE MÁRTIRES

*NOMBRE

**MARTIRIO

***PATRIA

1. P. Ignacio de Azevedo

Muerto a golpe de espada y lanza

Oporto, Portugal

2. P. Diego de Andrade

Lanzado vivo al mar

Pedrogram Grande, Portugal

3. Fr. Antonio Suárez

Lanzado vivo al mar con puñaladas

Alentejo, Portugal

4. Fr. Bento de Castro

Lanzado vivo al mar con golpes de arcabuz

Chacem,. Portugal

5. Fr. Juan Fernández

Lanzado vivo al mar

Lisboa, Portugal

6. Fr. Manuel Alvares

Torturado, lanzado al mar

Lisboa, Portugal

7. Fr. Francisco Alvares

Lanzado vivo al mar

Covilha, Portugal

8. Fr. Juan de Mayorga

Lanzado vivo al mar

Navarra, España

9. Fr. Esteban Zurara

Lanzado vivo al mar

Vizcaya, España

10. Fr. Afonso Baena

Lanzado vivo al mar con puñaladas

Villatobas, Toledo

11. Fr. Domingo Fernandes

Lanzado vivo al mar con puñaladas

Borba, Portugal

12. Fr. Gonzalo Anriques

Lanzado vivo al mar

Oporto, Portugal

13. Fr. Juan Fernandes

Lanzado vivo al mar

Braga, Portugal

14. Fr. Alejo Delgado

Lanzado vivo al mar

Elvas, Portugal

15. Fr. Luis Correa

Lanzado vivo al mar

Évora, Portugal

16. Fr. Manuel Roiz

Lanzado vivo al mar

Alcouchete, Portugal

17. Fr. Simón Lopes

Lanzado vivo al mar

Ourem, Portugal

18. Fr. Manuel Fernandes

Lanzado vivo al mar

Celorico, Portugal

19. Fr. Alvaro Mendes

Lanzado vivo al mar

Elvas, Portugal

20. Fr. Pedro Nunnes

Lanzado vivo al mar

Fronteira, Portugal

21. Fr. Luis Roiz

Lanzado vivo al mar

Évora, Portugal

22. Fr. Francisco de Magaihaes

Lanzado vivo al mar

Alcácer do Sal, Portugal

23. Fr. Nicolás Dinis

Lanzado vivo al mar

Bragança, Portugal

24. Fr. Gaspar Albares

Lanzado vivo al mar

Oporto, Portugal

25. Fr. Blas Ribeiro

Decapitado

Braga, Portugal

26. Fr. Antonio Fernandes

Lanzado vivo al mar

Montemor-o-Novo, Portugal

27. Fr. Manuel Pacheco

Lanzado vivo al mar

Ceuta, España

28. Fr. Pedro de Fontoura

Semidecapitado, lanzado al mar

Braga, Portugal

29. Fr. Simón da Costa

Decapitado, lanzado al mar

Oporto, Portugal

30. Fr. Andrés Gonçalves

Lanzado vivo al mar

Vianna d”Alvito, Portugal

31. Fr. Amaro Vas

Lanzado vivo al mar

Oporto, Portugal

32. Fr. Diego Pires

Golpe de lanza, lanzado al mar

Nisa, Portugal

33. Fr. Marcos Caldeira

Lanzado vivo al mar

Évora, Portugal

34. Fr. Antonio Correa

Lanzado vivo al mar

Oporto, Portugal

35. Fr. Fernán Sánchez

Lanzado vivo al mar

Castilla, España

36. Fr. Gregorio Escribano

Lanzado vivo al mar

Logroño, España

37. Fr. Francisco Pérez Godoy

Lanzado vivo al mar

Torrijos,. Toledo

38. Fr. Juan de Zafra

Lanzado vivo al mar

Jerez de los Caballeros, Badajoz

39. Fr. Juan de San Martín

Lanzado vivo al mar

Yuncos, Toledo

40. Fr. Juan Adaucto

Lanzado vivo al mar

Portugal

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