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ESPIRITISMO SEVILLANO

04 Sep

ESPIRITISMO SEVILLANO

Por: Jose Manuel García Bautista

El espiritismo entra en Sevilla en los albores de 1860, fue tal el grado de introducción en la capital andaluza que en 1861 se funda en la ciudad la segunda sociedad espiritista, dirigida por el General Primo de Rivera, y en Madrid la Sociedad Espiritista Española, que Menéndez y Pelayo que luego se fundió con la “Sociedad Progreso-Espiritista”. La más antigua creada en España era la “Sociedad espiritista” establecida en Cádiz el 1855, y del grupo sevillano habría que destacar que fue de los más importantes de la nación junto con la Sociedad Barcelonesa de Espiritismo. Sólo como dato, apuntar a nuestro lector, que ya en 1868 en España había casi 40.000 seguidores espiritistas y eso en un país como España, profundamente católico era demasiado…

En Sevilla, paseando por nuestro centro histórico encontraremos muchos de esos lugares del espiritismo precursor y también histórico. En la calle Sierpes, en el edificio que hoy ocupa en Círculo de Labradores o el “Café Nacional”, calle Francos casi lindando con calle Placentines, avenida de la Constitución hoy en un pasado calle Génova o en la mítica calle Arguijo, donde se reunían diversidad de personas para establecer sus sesiones espiritistas, sesiones de mesas parlantes, mesas giratorias y aquellas memorables sesiones mediúnmicas de difícil recuerdo pero de cercanos aromas alo añejo y lo perdido… ¿Saben? El edificio del restaurante “Viandas” o “El Picadero” eran dos casas de habituales reuniones de espiritistas… ¿Casualidades? Las casualidades, amigo lector y acompañante, no existen…

¿Y quienes formaron aquellas primeras sociedades espiritistas de Sevilla? Pues fue un movimiento que destacó más entre las clases altas y elitistas que en el laborioso pueblo sevillano. Lo formaban sobre todos militares, oficiales castrenses, artilleros, personas con notables estudios, universitarios, médicos y personajes de la más rancia nobleza sevillana. Curiosamente ya en la época surgían voces disconformes con este “recién nacido” movimiento espiritista y no pocos le daban un carácter especulativo y fantasioso. Sin embargo figuras de la talla del general Fernando Primo de Rivera, marqués de Estella (mentor del “Círculo Espiritista de Sevilla”) o el Vizconde de Torres Solanot (“El Catolicismo antes de Cristo”) imponían el respeto de saber que su sombra era alargada a aquellos que alzaban la voz en demasía.

Uno de esos detractores era Manuel Álvarez Benavides quién solícitamente decía que era una “religión basada en la superchería”. Quizás llevara razón o quizás se equivocara pero lo cierto es que a todos aquellos que profesaban adoctrinamiento espírita les era indiferente.

Tal vez en Sevilla tuvo mucho eso y fuerza para apoyar este movimiento los escandalosos fenómenos paranormales que en la época se produjeron en un antiguo cementerio en la calle Delgado, anexo al antiguo Hospital del Amor de Dios, entre las calles Trajano y la misma calle Amor de Dios, apariciones espectrales en un cementerio en el que se solían enterrar cuerpos de difuntos aún en aquella época y que, al parecer, gozaban especialmente “levantándose” de sus tumbas en la noche y dejando ver sus espectrales y cadavéricos rostros evanescentes en la oscuridad de la noche. Todo ello hizo que se crearan expectativas sobre esos contactos con el más allá y así Baldomero Villegas, capitán de artillería, fundara en 1868 con 60 socios las “Sociedad Espírita Sevillana”, en la calle Alcázares 11, hoy calle Santa Ángela de la Cruz.

¿Y que se hacían en estos centros espiritistas? Buena pregunta, por que en ellos se daban cita algunas de las personalidades más granadas de la ciudad, hacían lecturas, comentarios, charlas, evocaciones y, como no, invocaciones y en ellas estaban presentes esas figuras destacadas como Primo de Rivera y Sobremonte, Baldomero Villegas, Manuel González Soria, José de Velilla, Vicente Santolino, Amalia Domínguez, Enrique Manera, José Gómez, Francisco Martí o Amalia Domínguez. Algunos nombres les tendrá especial sonoridad por gozar de calles con su nombre en nuestra ciudad por otros méritos más que los de haber abrazado al espiritismo. Muchos de ellos fueron grandes personajes dentro de nuestra ciudad.

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