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TERRORÍFICOS SUCESOS EN LA CALLE SAN LUIS

09 Sep

Por: Jose Manuel García Bautista

TERRORÍFICOS SUCESOS EN LA CALLE SAN LUIS

Avanzamos por la calle San Luis y dejamos a nuestra derecha una iglesia a la que volveremos en otro capítulo de esta misma guía, una iglesia, la de San Luis de los Franceses que guarda en su interior uno de esos secretos que nuestro lector desvelará y que, quizás, ni tan siquiera pudiera imaginar…

Pasado dicho templo nos detenemos a unos 20 metros. Antaño, donde hoy se está construyendo un edificio –no sabemos si en un futuro pasará a engrosar la lista de edificios encantados de Sevilla-, un solar amplio ocupaba una vasta extensión del corazón del barrio de la Macarena. En sus proximidades se han producido una serie de hechos y acontecimientos de naturaleza inexplicada. Este solar, que en otros tiempos también pertenecía al conjunto Convento-Hospicio de San Luis, estuvo en obras y los trabajos hace tiempo que se abandonaron. Los continuos retrasos y paros en el trabajo, la falta de medios y, la razón más importante: los operarios que en ella desempeñaban su labor se negaron a continuar víctimas del terror que les provocaba una intensa y demoledora actividad poltergeist.

Los primeros en notar que algo extraño ocurría en el solar fueron los perros, que al principio habitaban guardando la obra, estos se quedaban en actitud defensiva mirando fijamente un punto y terriblemente agresivos, como si estuvieran viendo algo o «algo» asechara…

Poco tiempo después comenzaron a manifestarse todo tipo de fenómenos anormales, las herramientas se movían solas e incluso las máquinas se accionaban y apagaban solas, el ambiente era muy extraño los obreros notaban una extraña presencia en la obra, como si los siguieran, miraran o acompañaran. Era una sensación muy extraña e incómoda.

Las herramientas solían aparecer apiladas formando una especie de montaña. Pensaron, la primera vez, que se trataba de una broma o una gamberrada, pero ocurría todas las noches y los vigilantes seguridad no se enteraban. Algo raro estaba pasando allí y nadie sabía nada aunque todos pensaban que era algo fantasmal pero, por miedo, nadie se atrevía a decirlo…

Llegaron a meter todas las herramientas en un arcón metálico, atarlo con cadenas y cerrarlo bajo llave y candado colgándolo del gancho de la grúa a unos quince metros de altura… Allí era imposible que ningún gamberro hiciera nada y mucho menos que los de seguridad no se dieran cuenta ni oyeran nada…

A la mañana siguiente las herramientas aparecieron amontonadas nuevamente donde siempre… Al día siguiente se hizo lo mismo y nuevamente apareció todo igual, las herramientas en el mismo lugar amontonadas y el cofre totalmente cerrado a quince metros de altura… Aquello parecía increíble, una broma de mal gusto, pero estaba sucediendo, era real. Era un hecho conocido que en lugar de la obra habían ocurrido sucesos inexplicables y con una clara fenomenología poltergeist, pero las sorpresas no habían hecho más que comenzar…

En el lugar durante las excavaciones de infraestructura de la obra aparecieron útiles y vasijas romanas, algunas de ellas con piezas humanas en su interior, muchos de estos restos fueron expoliados por aquellos que creían que podían sacar un ingreso extra de la venta de estos restos arqueológicos…

Pronto, en la soledad de la noche, a los vigilantes de seguridad comenzaron a sucederles hechos de difícil explicación. Una noche la radio comenzó a hacer cosas raras, el dial digital no dejaba de ir de un lado a otro, el marcador «bailaba» sin control hasta que se apagó y no volvió a funcionar más… En ese momento este vigilante notó una «ola» fría, muy fría, y una invisible presencia, era alguien que estaba cerca, pero no había nadie, eran las 3.30 h. de la madrugada y sólo estaban aquel solitario vigilante y los focos de la obra.

Aquel suceso lo incomodó pero todo se complicó cuando alguien comenzó a darle en el hombro, como cuando a uno lo llaman… pero allí no había nadie… Lo peor de aquella noche es que cuando aquella cosa dejó o se hartó de jugar, nuestro vigilante de seguridad pudo ver como algo se alejaba pero sólo veía como se iban formando sus pisadas delante y no al individuo que las provocaba… Desde aquel día nuestro testigo no ha vuelto a aquel lugar.

Otros compañeros tuvieron experiencias similares, sentían como si estuvieran golpeando metal o como una voz susurrante les ha llamado en la soledad de la noche… Quizás lo más impactante es comprobar que las herramientas se movían solas, no un movimiento exagerado, era leve, pero se movían y alguien lo debía de estar provocando, pero ese alguien no era de este mundo…

En otras ocasiones se pudo ver una sombra luminosa, una silueta «humana» que se reía y se diluía en la noche como el humo de se desvanece. Otros vigilantes habían tenido experiencias similares en la soledad de la noche, uno de ellos incluso llegó a ver un ser traslúcido vagando por la obra ante sus horrorizados ojos.

El entorno del lugar guarda una extraña y particular relación con la muerte, un sádico juego vida-muerte que ha dejado su huella en estos otrora tranquilos parajes del barrio macareno.

La obra se asienta en lo que hace dos siglos y hasta hace no demasiado tiempo era un antiguo convento-hospicio llamado se San Luis (o los Luises) que ocupaba toda la manzana y en las que más de una pequeña vida dejó la misma y no precisamente provocado por el infortunio… El lugar y sus aledaños siempre ha tenido en Sevilla la vitola de estar encantado o contaminado por fantasmas. Famosas fueron las visitas que durante la década de los 80 hizo el investigador José Luis Hermida junto al fallecido Daniel Ortiz en las criptas cercanas bajo el subsuelo de la iglesia de San Luis y la también próxima del Valle. Sólo se tuvo la certeza de extraños y anormales ruidos que allí se producían, sin embargo, en el exterior, en la obra, la actividad paranormal era y es mayor y más atrevida como hemos comprobado.

En unos terrenos aledaños que se hallan bajo el nivel del suelo, a unos cuatro metros y al descubierto unas viejas ruinas romanas de la Hispalis más antigua. En ella se descubrieron en la década de los 80 los cadáveres de seis personas en el mismo asentamiento y de la misma época. Lugar que había sido utilizado como enterramiento de aquella familia y junto a la cual y en latín rezaba una tablilla con la siguiente leyenda: «No turbar la paz de este lugar». La noticia saltó a los rotativos locales de la época por «su valor histórico -arqueológico». Muchos dicen que son los espíritus de los allí enterrados los que no dejan vivir a los que hoy lo habitan…

Pero la historia negra de tan fatídico lugar prosigue y no del cualquier forma. En el lugar y sus entornos o cercanías también se han producido una serie de hechos luctuosos, muchos de ellos -dicen- inspirados por la negatividad y ambiente del mismo. Durante la década de los 90 se registraron tres suicidios, dos de ellos protagonizados por personas con graves depresiones que no encontraron más salida a sus problemas que la de arrebatarse aquello único que poseían: su vida, por respeto no comentaremos nada más sobre las mismas.

Sin embargo, sí hemos de detenernos en la tercera de ellas: la víctima de cruel final no fue otra que la de un vecino, Manuel, nadie sabe las razones, sólo que era una persona triste y meditabunda que un buen día decidió la salida menos esperada que cualquiera de sus amigos supondría para él… Fue de lo más terrible. Manuel sacó su viejo machete y lo afiló concienzudamente, su punta era un mortal estilete, lo apoyó contra el hueco de su corazón, echó a correr contra una pared del inmueble de forma que ésta golpeara la cabeza del mismo y rajara con el impulso el pecho, agotando la vida de su maltrecho corazón. Sin duda una muerte violentísima que aún hoy se conserva en el recuerdo popular de los vecinos de la calle San Luis. Hace ya un par de años y muchos comentan que es su alma la que jamás abandonó su barrio y que aún se la puede ver certificando su cruel final. La noticia por cómo se produjo nuevamente saltó a los medios de comunicación sevillano creando una gran conmoción.

Tampoco hemos de olvidar en esta crónica de la Sevilla más oculta el «cadáver del baúl». Apareció precisamente en esta misma calle y muy cerca del lugar objeto de nuestra investigación. Un buen día un acaudalado viajante sevillano se marchó, era -supuestamente- uno de sus tantos otros viajes con la salvedad de que éste no incluía el billete de retorno. Al ver que el tiempo pasaba y no aparecía, sus vecinos se alarmaron y avisaron a la Policía. Cuando las fuerzas del orden se personaron en el inmueble y una vez registrado no hallaron nada anormal: la casa estaba en orden y recogida, la ropa en su sitio perfectamente ordenada y colocada y parecía que su morador realmente estaba de viaje. Al comenzar a desalojar de efectivos la vivienda, uno de los policías observó un viejo baúl. Su peso era excesivo y al abrirlo apareció el desaparecido viajante… el cuerpo sin vida y ya sobradamente descompuesto de D. Pelayo Roldán había aparecido… Su viaje no incluía su regreso y el saber popular hizo de Pelayo un nuevo fantasma que explicaba las apariciones de la calle San Luis.

Un antiguo vecino de la zona, Francisco García, comentaba cómo aquel lugar está poseído por una extraña influencia y que siempre han sucedido cosas extrañas, desde que él tiene recuerdos del lugar. Incluso hace 50 años «los niños jugaban en la zona a cazar a las brujas, ya que los ruidos y los comentarios sobre fantasmas y aparecidos eran diarios…».

Sin duda alguna los hechos acontecidos en la calle San Luis hacen que por su extraña fenomenología y luctuosidad se haya ganado por derecho propio un lugar entre los lugares condenados de Sevilla y de nuestra geografía mistérica además de haber obtenido por méritos propios el calificativo de «lugar maldito». El tiempo da y quita razones y la Sevilla dedicada al misterio hoy mira atentamente a todos los sucesos que alteran a sus vecinos y que se deben a los fantasmas de la calle San Luis.

En una ciudad donde es imposible dar un paso sin recordar su pasado romano, musulmán e incluso tartésico se dan las circunstancias precisas para que, una vez más, se pregunten si en verdad no formamos parte de un «plan» en el que todo está y se relaciona… Algo más allá del fenómeno paranormal, a lomos de la leyenda y de la realidad…a caballo entre lo arqueológico y lo paranormal.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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