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LA LEYENDA DE LA SUSONA

11 Sep

Por: Jose Manuel García Bautista

LA LEYENDA DE LA SUSONA

En el barrio de Santa Cruz encontrábamos, antaño, una calle de tétrico nombre: «calle Muerte, hoy Susona», y es que ese nombre es el evocador recuerdo de una grave traición y una tragedia.

Susona era la fermosa hembra, una hermosa mujer que vivía en el barrio de Santa Cruz, en la Judería. El barrio de Santa Cruz tiene una arquitectura anárquica, puramente musulmana, estrecha, laberíntica, casi tan liosa como aquel mítico laberinto del Minotauro. Sea como fuere es una estructura de calle típica del Sur, para favorecer las corrientes de aire, el fresco, la armonía con el agua y el verde de la naturaleza. Esa es la arquitectura del barrio de Santa Cruz y otras muchas zonas de Sevilla, siempre a caballo entre el crisol de culturas que intervinieron en su construcción y las leyendas. Pues aquí, entre el patio de Banderas y la plaza de Doña Elvira estaba la antigua calle de la Muerte, ahora Susona, y es que todo en ella te recuerda a su historia, desde el azulejo en la pared que representa a una calavera hasta su significado.

En Sevilla convivían varias culturas, desde la judía, la cristiana, a la musulmana. En 1481 los Reyes Católicos comienzan a urdir una trama contra los judíos para su expulsión del territorio español o su forzada conversión para permanecer en él. En Sevilla apenas un siglo antes había habido una gran matanza de judíos, se cree que perecieron casi cuatro mil de ellos, en una sin razón xenófoba.

Los judíos no estaban parados ante lo que se les venía encima y también trataron de hacerse con el control de la ciudad uniéndose a los moros. Y así una noche se reunieron las partes implicadas en casa de don Diego Susón, que era un judío converso que iba a acaudillar aquella revuelta.

La hija de don Diego se llamaba Susana Ben Susón, que era muy bella y tenía cautivados a los hombres de Sevilla, pero que no se acercaban por temor al poder de su padre, que era uno de los banqueros más poderosos de la ciudad. Pero Susana era de cascos ligeros. Así, desobedeciendo a su padre, comenzó a tontear con un hidalgo cristiano y comenzó a fantasear con una vida aún mejor de la que ya gozaba e incluso a codearse con la alta nobleza sevillana, y cristiana.

Un día esperó a que todos estuvieran dormidos para salir al encuentro del joven hidalgo, y por azar, hizo que se enterara de aquella reunión secreta entre judíos y moros para controlar Sevilla. La fermosa hembra escuchó escondida con atención todos los detalles de aquel plan con su padre e como jefe de la revuelta.

Y aquella misma noche Susana, la Susona, informó a su amante de los planes de los conspiradores, sin darse cuenta que con ello advertía a los caballeros cristianos y ponía en peligro la vida de su propio padre.

El joven lo puso todo el conocimiento del asistente de la ciudad don Diego de Merlo, quién detuvo a todos los miembros de aquel complot incluido don Diego Susón, para días después ser ejecutado mediante la horca en la zona de «La Horca de Tablada», en lo que hoy es Tablada y que también fue uno de los quemaderos de la Inquisición.

Susona fue repudiada por todos, y acudió a escondidas buscando la confesión en la Catedral, tan próxima al barrio de Santa Cruz. Allí le dieron el perdón y la bautizaron. Luego la joven arrepentida entró en un monasterio de clausura, ya que el joven hidalgo también la repudió. Y en el convento de clausura pasó el resto de sus días.

Cuando murió Susona en su testamento dejó escrito: «Y para que sirva de ejemplo a los jóvenes en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto separen mi cabeza de mi cuerpo y la pongan sujeta en un clavo sobre la puerta de mi casa, y quede allí para siempre jamás».

Y se cumplió su voluntad, y su cabeza fue despegada del cuerpo y fue clavada sobre el portal de su puerta donde para horror de todos permaneció más de un siglo, hasta pasado el siglo XVII, y por eso todo el que pasaba por la calle se quedaba consternado al ver el cráneo de la joven y conocer su historia. Y la calle, obviamente, pasó a llamarse como calle de la Muerte.

Con la popularización de esta historia se mandó poner un azulejo en la calle que recordara a la Susona, que hoy aún puede verse. De todo ello dejó constancia don Diego de Merlo en sus crónicas de la ciudad.

Hermosa ciudad pare perderse conociendo su historia más heterodoxa, aquella que nos enseña que hay otra Sevilla, la más misteriosa y legendaria, ¿se atreve a descubrirla?

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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