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EL SORPRENDENTE CRISTÓBAL COLÓN

12 Oct

Por: Jose Manuel García Bautista

EL SORPRENDENTE CRISTÓBAL COLÓN

El nombre de Cristóbal Colón quedará, irremediablemente, unido a la ciudad de Sevilla por la importancia de la capital hispalense y de su puerto en la entrada de mercancías y riquezas provenientes del nuevo mundo.

El navegante tenía la firme convicción que nuestro planeta era redondo y así se podía navegar de un continente a otro navegando en línea recta a través del Océano Atlántico. Colón tenía diferentes mapas que mostraban extraños perfiles más allá de la tierra conocida, también –se dice- que estuvo en contacto con el superviviente de un temporal que lo habría tenido en “tierras extrañas” más allá de las aguas conocidas, era el pre nauta que algunos identifican con Alonso Sánchez de Huelva.

Así con los conocimientos que tenía Colón, más las informaciones que fue reuniendo, le llevaron a la certeza que más allá de las aguas inexploradas había algo más, para él un nuevo mundo pero para el resto de la sociedad lo amortiguaría con “una ruta directa y más rápida a Cipango”, identificando Cipango como tierras del lejano Oriente.

Desde canarias partió buscando un sueño y más allá del temido Triángulo de las Bermudas, entrando en el Caribe, halló tierra como –oficialmente- gritó Rodrigo de Triana. Siguió la ruta de las corrientes y vientos, y para seguirlos había de tener un conocimiento previo de ellos… ¿Cómo era posible si aquellas aguas estaban inexploradas?

A Sevilla llegó en el mes de Mayo de 1492, el conde Cifuentes, por orden de los Reyes Católicos, le facilitó todo lo necesario para vivir esos meses en Sevilla y para organizar su viaje desde el onubense puerto de Palos camino del “Descubrimiento”, donde junto con Martín Alonso Pinzón iba a partir en las naves “La Pinta”, “La Niña” y la “Santa María” camino de aguas inexploradas… Martín Alonso Pinzón que debería ser reconocido como el co-Descubridor de América.

A su regreso a Sevilla la ciudad lo recibió como a un héroe, Colón quedó muy impresionado y alagado en el recibimiento. Desde esta ciudad partió a Barcelona y al cabo de los dos meses regresó a Sevilla para armar nuevos buques y organizar un nuevo viaje con más de mil marineros de tripulación de las embarcaciones que tomarían partido. Incluso se contabilizaron ciento cincuenta polizones, todos muy jóvenes.

En el segundo viaje partieron también numerosos frailes como fray Pedro Boil o el licenciado Bartolomé de las Casas, igualmente iba en aquel viaje Alonso de Ojeda.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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