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EL MONJE FANTASMA DEL CALLEJÓN DE LA INQUISICIÓN

20 Oct

Por: Jose Manuel García Bautista

EL MONJE FANTASMA DEL CALLEJÓN DE LA INQUISICIÓN

Uno de los lugares que más actividad paranormal presenta de la ciudad de Sevilla es el viejo mercado de Triana, enclavado sobre el temido Castillo de la Inquisición. Y hay enclaves en su interior que son inquietantes, desde el vestigio de la torre de San Jerónimo, donde el que entraba no solía salir con vida hasta el Callejón de la Inquisición en la trianera calle Castilla.

Es en este último lugar donde se va a desarrollar nuestra historia, la historia de un testimonio, de un testigo de lo imposible, de una víctima más del misterio.

Antonio fue testigo de algo que jamás olvidará, nos lo narraba con un nerviosismo patente: “venía de practicar en la banda de música de Semana Santa en Triana donde toco, andando en dirección al centro pasé por la calle Castilla, y llegando a la altura del Callejón de la Inquisición…, tenía la cabeza baja porque estaba con el móvil, y al levantarla, justo en el arco de dicha calle había un Monje ataviado con su túnica y capucha marrón, bastante alto y con los ojos fijos en mí”. Antonio se quedó estupefacto, petrificado por aquella visión que sabía no era de este mundo.

En la descripción de aquel sujeto (lo que implica una visión amplia para retener los detalles) le llamó la atención su larga barba puntiaguda, su estatura e indumentaria.

Antonio quedó impactado por estar tan cerca y no esperarlo que cayó de espalda al suelo al mismo tiempo que gritaba socorro “una vecina escuchó mis gritos desde un balcón, y salió gritándome que sucedía mientras que yo gritaba que me lo quitarán de encima y la vecina preguntaba ¿el qué?”, el testimonio de Antonio se desarrolla entre nervios y miedo.

Le consulté: “¿Qué tenían que quitarte de encina?” y él respondió: “El monje, el monje”, pero la vecina le espetó “que allí no habían nadie”.

Cariacontecido afirmaba: “Imagino que aquella mujer pensaría que estaría borracho o algo peor, en aquel momento reaccioné y al mirar a mí alrededor, efectivamente vi que allí no había nadie”

Nuestro testigo ni bebe ni fuma y por sus vivos recuerdo y sensaciones parece que lo vivido es real, al menor para él. ¿Qué vivió nuestro testigo aquella noche? Sólo él lo sabe.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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