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EXPERIENCIA EN UN HOTEL ENCANTADO

07 Nov

Por: Jose Manuel García Bautista

EXPERIENCIA EN UN HOTEL ENCANTADO

Hoy les voy a contar una experiencia que me ocurrió en primera persona, para mi asombro y sorpresa. Todo se iba a desarrollar en un hotel, un hotel sin nada anormal, a priori, pero que iba a darnos más de un susto.

Me había invitado a dar una conferencia dentro de la Noche del Terror de Mijas (Málaga) mi buen amigo Luis Mariano Fernández, periodista e investigador. Allí coincidimos otros amigos de estas lides teniendo como “excusa” este acto para reencontrarnos.

Viajamos hacia Málaga desde Sevilla, al llegar me indicaron el hotel donde tenía alojamiento. Estaba en Torremolinos a escasos 50 metros de la playa, buenas vistas y todo confort. La habitación era la 211 y tranquilamente deshicimos el poco equipaje con el tiempo casi contado para vestirnos para la ocasión y acudir al auditorio.

Hablé de casas encantadas, un análisis y recorrido histórico por este curioso fenómeno sin reloj, su manifestación puede afectar a todos por igual y no hay una prescripción para poder evitar la “maldición” de una casa encantada. Aunque tras ello se enlazó con el fenómeno de los poltergeist y el de las apariciones espectrales.

La noche transcurría entre el misterio, las leyendas, la historia ignorada y los secretos. Caras de asombro y un ambiente propicio para, como si de un fuego de campamento se tratara, hablar de estos temas que nos apasionan.

Tras concluir el acto cenamos algo rápido y regresamos al hotel.

Eran casi las dos de la madrugada, la noche y el cansancio hacían su efecto y era la hora de caer en los brazos de Morfeo. Y comienza el “espectáculo” en aquella habitación.

Nada más entrar en la cama notamos como la luz se encendía sola en el cuarto de baño, mi mujer me dice: “se ha encendido la luz del cuarto de baño, que raro ¿no?”; yo -cansado- le contesté: “seguramente te la dejaste encendida, espera que la apago”. Con desgana me levanté y apagué aquella luz, apenas había llegado a la cama cuando la luz se vuelve a encender sola. Torcí el gesto y regresé al cuarto de baño para volver a apagar aquella luz.

Parecía que todo estaba solucionado en el cuarto de baño, pero apenas diez minutos después la luz se vuelve a encender sola y mi mujer, con cierto tono de preocupación me dice: “Jose, se ha vuelto a encender la luz”. Cansado por el juego de la luz, que yo atribuía a un defecto eléctrico, dedicí cortar por lo sano: apagué la luz y una vez enfriada la bombilla las desenrosqué -de su aplique en el espejo- y dejé sobre una toalla. Ya no se encenderían más.

Solucionado definitivamente comenzaba la segunda parte. El ventanal que daba a la terraza estaba cerrado, corría cierta brisa y no era agradable por lo que cerramos la misma y quedó todo en media penumbra. Pero de repente, pese a estar cerrada, la cortina comienza a moverse, y no poco precisamente sino mucho, como si algo la empujara… ¿Qué estaba pasando? Me volví a levantar a ver que sucedía y certifiqué que la ventana estaba cerrada y no corría corriente. Mi mujer, a esa altura de la noche ya estaba un tanto asustada.

-¿Qué pasa?, preguntó ella.

-Pues no lo se pero la noche está “metida en agua“. Ahora la cortina. Respondí yo.

Abrí y cerré aquella ventana, regresé a la cama pero la cortina volvió a moverse a los pocos minutos. Ante ello volví a levantarme y amarré la misma a su enclave original pillando la más al extremo con un sillón de “orejeras”.

-Esperemos que podamos ya dormir tranquilos, dije.

Muy lejos de la realidad. Al poco tiempo comenzamos a sentir pisadas dentro del cuarto, no arriba ni en las habitaciones colindantes sino dentro de la nuestra. Me incorporé ya con enfado y volví a ver qué pasaba, incluso me asomé al desierto pasillo a casi las cuatro de la madrugada.

-¿Es aquí?, decía mi mujer.

-Parecía aquí pero habría sido un error, no sé.

Y cuando parecía que todo estaba más tranquilo, desde el sillón sentimos un respirar profundo, costoso, ahogado.

-Jose, en el sillón hay alguien…, dijo mi mujer con temor.

Encendí la luz y no había nadie; sin embargo pudimos sentir claramente a los pocos minutos un lamento, un “ay” que nos estremeció.

-Habrá sido en la habitación de al lado, o la sugestión, yo que sé; le dije contrariado.

Dormir con un ojo abierto no es sencillo, aquella presencia iba a dar un último acto apoyándose en la cama y sintiendo claramente como alguien se sentaba allí, claramente. Al encender la luz de nuevo la soledad de la habitación.

A las 7:30 h. teníamos la maleta preparada, aunque íbamos ligeros de equipaje, y en el salón desayunando junto a los otros inquilinos -ya mayores- de nacionalidad alemana y holandesa.

Al abandonar la habitación un dato más: las bombillas estaban enroscadas en su sitio.

Al entregar la llave me dijo la chica de recepción: “¿Han dormido bien la gente del misterio?” y no pude esbozar poco menos que una sonrisa irónica y responder: “a pierna suelta los tres…”.

Jamás se me olvidará el hombre de aquel hotel ni lo sucedido en su habitación. No tengo explicación, quizás el cansancio o la sugestión, o tal vez, alguien del más allá.

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