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LOS LADRONES DE SANGRE

11 Nov

Por: Jose Manuel García Bautista

LOS LADRONES DE SANGRE

En la plaza de San Lorenzo iba a ser escenario de un suceso propio de la historia de la crónica negra de Sevilla pasado el ecuador del siglo XIX, una delirante historia que haría las delicias del más creativo de los guionistas del séptimo arte.

Era en año 1868 y en San Lorenzo en 1868 ocurrió algo estremecedor. Había un obrero, albañil, que vivía en el barrio y a la puerta de su casa vinieron a llamar una noche, era un caballero que le ofrecía una importante suma de dinero a cambio de un «trabajo especial», pero debía ir con los ojos tapados hasta el lugar. En época de hambre y necesidades el obrero aceptó el encargo y lo subieron a carruaje en el que durante varias horas estuvieron dando vueltas hasta detenerse en una casa. En el interior el albañil vio a una mujer atada en una silla e inconsciente, y cauteloso no dijo nada. Se le acercó el caballero que le explicó que debía levantar un tabique donde se encontraba la mujer.

Comprendiendo de lo que se trataba el trabajo comenzó su macabra obra, sintiendo las campanadas de un reloj, de un campanario marcaba los cuartos.

Al acabar el trabajo lo montaron en el carruaje y volvieron a darle vueltas en él con el propósito de despistarlo. Aquel obrero, una vez en su casa, acudió a la Policía y explicó lo ocurrido con la particularidad de aquel reloj que daba los cuartos, la Policía se puso en marcha y descubrió que el reloj era el de la Plaza de San Lorenzo y así se pudo localizar el lugar donde tenían a aquella desdichada cautiva.

Aquella mujer salvó su vida por los recuerdos de aquel joven unido a su ingenio y atención, y la Policía capturó también a su raptor que fue condenado a prisión.

No fue el único incidente en la Sevilla del hambre. Era una época dura, por ejemplo, en la calle Sales y Ferrer vivía una sirvienta que se comenzó a encontrar muy mal. Todas las noches la señora de la casa le subía un vaso de leche y a la mañana siguiente se encontraba peor. Todos le dijeron que fuera al médico y así lo tuvo que hacer cuando se creyó morir. El médico le dijo que no se bebiera la leche y, que de alguna forma, cogiera una muestra de la leche. Así lo hizo la joven sirvienta, Paquita, descubriendo el médico que la leche contenía un potente somnífero que utilizaban para dormir a la joven profundamente y sacarle sangre con que hacer transfusiones a su hijo enfermo. Fue un escándalo, corría el año 1947.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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