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LEYENDAS URBANAS DE SEVILLA

16 Nov

Por: Jose Manuel García Bautista

LEYENDAS URBANAS DE SEVILLA

Leyendas urbanas en Sevilla? ¿Cómo es posible? Se preguntará el lector que ahora mismo nos acompaña, pues sí, leyendas urbanas en Sevilla, por que estas no tienen ni ubicación y protagonista exacto… Es un mundo donde lo real se mezcla con lo irreal y la quimera cobra visos de duda razonable creada a fuerza de relatos inexactos… Pero antes de comenzar nuestro recorrido por este apasionante mundo de lo quimérico, ¿sabe lo que es una leyenda urbana?

Las leyendas urbanas son –según las enciclopedias–: «relatos pertenecientes al folclore contemporáneo que, pese a contener elementos sobrenaturales o inverosímiles, se presentan como crónica de hechos reales sucedidos en la actualidad. Algunos parten de hechos reales, pero estos son exagerados, distorsionados o mezclados con datos ficticios. Su campo de acción y caldo de cultivo suele ser el qué hacer diario, circulan a través del boca a boca, correo electrónico o medios de comunicación como prensa, radio, televisión o internet. Suelen tener como trasfondo una moraleja».

Sobre el término leyenda urbana han corrido ríos de tinta. Sin embargo, son las modernas enciclopedias las que han acotado la definición de estas y podríamos seguir ese hilo enciclopédico: «Una misma leyenda urbana puede llegar a tener infinidad de versiones, situadas generalmente en el entorno de aquellos que las narran y reciben. Por su adecuación a la sociedad industrial y al mundo moderno reciben el calificativo de urbanas, que las opone a aquellas leyendas que, habiendo sido objeto de creencia en el pasado, han perdido su vigencia y se identifican con épocas pasadas. A menudo, el narrador presenta a los protagonistas de una leyenda urbana como conocidos o parientes de alguna persona cercana pero nunca parece tener un protagonista definido».

El término fue inventado, ideado o acuñado por Richard Dorson, folclorista estadounidense quien definía la leyenda urbana como: «una historia moderna que nunca ha sucedido, contada como si fuera cierta». Y es curioso comprobar como las leyendas urbanas, o historias reales falsas (curiosa denominación) tienen diversas formas de ser llamadas dependiendo del entorno geográfico donde la hallemos. Sin embargo en todos los países las encontramos, puede que bajo otras denominaciones como bolas, cuentos de camino, cuentos, mentiras populares o leyendas, aunque quizás el térmico leyenda simplemente, sin añadirle urbana falta a la verdad de su denominación. En nuestra tierra son llamadas como las inconfundibles, terroríficas, sorprendentes leyendas urbanas. Las siguientes leyendas urbanas que les vamos a narrar, teniendo como protagonistas a Sevilla y a los sevillanos. En muchos de los casos la historia inicial les sonará, indudablemente es la misma historia que encontraremos en mil y un lugar que nuevamente se repite, tal cual, en su análogo sevillano… Es la grandeza de las leyendas urbanas, a pesar de ser oídas y repetidas miméticamente hasta la saciedad siguen haciéndonos dudar.

Quizás también hemos de recordar en este capítulo al padre de las leyendas urbanas, a Jan Harold Brunvand, ¿qué hubieran sido de este género del Misterio sin su figura? Comencemos, en Sevilla, por la primera de ellas: en una noche fría y lluviosa el vehículo de un amigo circula por la peligrosa carretera…

La chica de la curva

Comencemos por nuestra primera historia, por nuestra leyenda urbana con protagonista en Sevilla. Ubiquemos al lector: se encuentra a unos 40 kilómetros de Sevilla, presto a tomar la denominada Cuesta de las Doblas muy próxima a la localidad de Sanlúcar la Mayor, allí, en la espesura de la noche comienza esta historia entre el terror y lo quimérico. Tras un programa en Punto Radio Sevilla un oyente nos escribía como: «un amigo de un amigo» se encontraba una noche conduciendo, volviendo a casa tras un largo día e intentando vencer el sueño provocado por el cansancio. Al llegar a cierto punto del camino, se encuentra a una chica parada al borde de la carretera, vestida con un camisón blanco a pesar del frío que hace… Su relato, íntegro y textual, sigue así:

El chico, pensando que se trata de la víctima de un accidente de tráfico, detiene el vehículo para auxiliarla. Se trata tan sólo de una autoestopista que sube al coche sin mediar palabra. Tras un rato de trayecto, llegan a una sucesión de curvas peligrosas. En ese momento, la chica advierte al conductor: «cuidado con la curva, ahí es donde yo me maté». El chico, asustado, corrige la trayectoria del coche. Cuando consigue evitar el peligro y retoma la recta, mira hacia el asiento del copiloto para encontrarse, aterrado, conque se encuentra vacío.

Tras el perturbador suceso, el joven se dirige a una comisaría para informar del hecho, donde le contestan que se trata de un suceso habitual, ya que la aparición de la misteriosa chica de la curva ha sido denunciada por numerosos conductores a los que ha salvado de sufrir su misma muerte con su macabra advertencia.

Otra variante de la misma nos dice que este mismo suceso ocurrió en aquella misma ubicación, la denominada Cuesta de las Doblas: era una noche de niebla espesa, era noche cerrada, caía una lluvia suave pero ininterrumpida y la niebla cubría la noche con su manto blanquecino, impidiendo ver más allá de 15 metros…

«Un hombre iba conduciendo su coche por las curvas, deseoso de llegar a su casa y reencontrarse con su mujer y sus dos hijas después de un largo fin de semana de trabajo.

En una de las curvas del camino, vio a una autoestopista, una joven morena, demacrada y pálida, empapada por la lluvia, con un largo vestido rojo desgarrado y sucio de barro. Este hombre se apiadó de la joven y, pisando los frenos, decidió llevarla consigo y acercarla hasta el pueblo más cercano. Durante gran parte del trayecto, el hombre y la joven fueron hablando de cosas triviales, cuando, en un momento dado, antes de llegar a uno de los tramos más peligrosos de las cuesta, la joven le avisa de que reduzca la velocidad hasta casi detenerse y que pase muy poco a poco.

El hombre lo hace, y comprueba, asustado, que, de no haber sido advertido por ella del peligro, probablemente se hubiera despeñado por el barranco con el coche. Le da las gracias, agradecido por haberle salvado la vida, a lo que la joven contesta:

–No me lo agradezcas, en esa curva me maté yo hace más de 25 años, en una noche como esta…

Y después de pronunciar estas palabras, desapareció, dejando como única prueba de su espectral aparición, el asiento húmedo del acompañante por sus ropas mojadas…».

Lo curioso de esta historia es que divulgándola como una leyenda urbana en un espacio radiofónico junto al periodista Fernando García Haldón comenzamos a recibir una infinidad de llamadas de conductores y camioneros que decían haber vivido aquella misma experiencia en aquel mismo lugar, estando dispuestos a hablar con nosotros en persona y narrarnos aquel extraño incidente en un lugar marcado por la tragedia cuando en aquella Cuesta de las Doblas, justificada fama por la cantidad de accidentes que se han producido en ella, surge un incidente a valorar en toda esta legendaria historia… Fue el accidente más grave que registró este punto negro de nuestra carreteras nacionales. Sucedió un 21 de mayo de 1961, en ella un autobús con 63 personas que tenían como destino la aldea de El Rocío en Huelva cayó por uno de los precipicios de su cuneta, se cobró la cruel parca aquel día 22 vidas, una de ellas era una chica vestida de rojo… ¿Dónde acaba la leyenda y comienza la realidad?

Las leyendas urbanas, sus relatos, no pertenecen a nadie, son de autoría universal, son historias falsas que circulan por internet, de boca en boca, o por cualquier otro medio y no tienen un autor definido… Son patrimonio de la humanidad y quizás por ello todos los autores que tocamos este tema reproducimos siempre la leyenda urbana tal cual nos llega y fiel a su origen. El estereotipo de esta leyenda cuenta que una joven vestida de blanco con un vestido rasgado (a veces de novia y otras de luto) se manifiesta frente a los viajeros a la vera de los caminos, por lo general cerca de una curva peligrosa. Les pide a estos que la lleven; cuando sube, se dice que transcurre un tiempo en absoluto silencio hasta que ella, misteriosamente, desaparece del vehículo en movimiento. Se suele contar luego que el viajero termina enterándose que la mujer había muerto en un accidente o de alguna forma trágica. La versión que la viste con traje de bodas afirma que murió con su novio.

Quienes han estudiado este tipo de leyendas urbanas indican que: «el propósito de la aparición varía: en ocasiones, alerta al conductor sobre una curva peligrosa, precisamente aquella en la que murió; otras veces, causa la muerte del conductor, al no alertarle del peligro de la curva». Todas tienen una finalidad, una moraleja.

Esta historia es un clásico. No existe una sola ciudad o pueblo en España, en la que no exista al menos una zona donde no haya aparecido esta chica haciendo autostop. Cada localidad tiene su curva particular, pero la historia no difiere en los detalles básicos. En Sevilla la encontramos en las proximidades de Sanlúcar la Mayor, Utrera, Morón de la Frontera o Guadalcanal, puntos de lo más dispares de nuestra geografía sevillana.

Si alguna vez circula por ellas y nota como una fina capa de agua comienza a envolver su vehículo y al fondo destaca una chica joven empapada de agua con un fino vestido blanco tenga cuidado. Puede que esté ante una visión del otro lado…

El loco del manicomio

En cierta ocasión una buena amiga, Rosa Hernández, nos contó una historia cuya estética responde perfectamente a la de las leyendas urbanas. Nos decía: «Miriam, la amiga de mi prima Esther iba una noche conduciendo por la supernorte camino de Sevilla Este, estaba cansada y era tardísimo, de pronto el coche se le fue, notaba que algo iba mal y se detuvo en un lado con las luces de emergencia. Había pinchando, ¡vaya mala suerte! Y a esas horas… ¿Qué hacía ahora? Cogió su teléfono móvil pero estaba sin batería, no venía ningún otro vehículo y estaba cansada. De pronto surgió entre los árboles cercanos un individuo vestido de blanco, de aspecto desaliñado y correcto en sus actos. Mi amiga sintió un poco de miedo peor el hombre amablemente le dijo:

«¿Qué te ha ocurrido?»

Y ella respondió: «Que he pinchado».

«¿Necesitas ayuda?»

Y mi amiga vio el cielo abierto: «¡Claro que sí, por favor!»

«A ver –dijo aquel extraño– dame el gato y la rueda de repuesto».

Mi amiga se fue al maletero y cogió el gato que no sabía ni que existía y para que servía, luego con cuidado de no mancharse las manos cogió la rueda de repuesto y la apoyó junto a aquel extraño. «Aquí la tienes».

Mientras aquel hombre quitaba el tapacubos y los tornillos a la rueda la chica torpemente tropezó con los tornillos mandándolos a una cercana cuneta y de allí al enrejado del alcantarillado… La chica palideció y dijo: «¿Y ahora qué hacemos?» En estado de semi histeria… Pero aquel hombre no perdió la compostura y se quedó pensando mientras miraba al Fiesta de la chica…

«Mira… Tenemos una rueda sin tornillos, quitemos un tornillo a cada una de las tres ruedas que nos quedan. Todas las ruedas tendrán tres tornillos y te servirá hasta que le compres un juego nuevo», matizó inteligentemente aquel desconocido.

«¿Se podrá hacer?»… dijo ella.

«Claro que sí, déjame a mí», contestó

Y en menos de 20 minutos el automóvil estaba listo para circular nuevamente por la carretera. La chica obligada por las circunstancias y por la gratitud le dijo a aquel señor: «¿Puedo llevarlo a algún sitio?, ¿a su casa?».

Y el hombre le sonrió, diciéndole: «Vivo en el manicomio, he salido a dar una vuelta, no puedo dormir bien y los guardas no están demasiado pendientes de los locos». La chica expresó sorpresa a tenor de la rapidez mental del señor ante los problemas y éste intuyendo los pensamientos de la joven le dijo vehementemente: «Dios me quitó la cordura pero no el sentido común».

Pero hay muchas más historias de este tipo en Sevilla, algunas le sorprenderán, siempre entre la leyenda y la realidad.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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